
En pleno corazón de la península de Calcídica, a unos cincuenta kilómetros de Tesalónica, la cueva de Petralona permanece como uno de esos enclaves que atraen un enorme interés para los paleoantropólogos. En 1959, un grupo de espeleólogos locales topó con aquella cavidad por casualidad y, tan solo un año después, la historia de la prehistoria europea cambiaría radicalmente. Adherido a una de sus paredes y recubierto parcialmente por una estalagmita, apareció un cráneo humano que - más de medio siglo después - sigue alimentando el debate científico sobre los orígenes y la diversidad de los primeros europeos.
Conocido como “hombre de Petralona”, este cráneo ha pasado por todo tipo de revisiones y polémicas. Entre las dudas principales siempre estuvo su antigüedad. Durante décadas, la comunidad científica ha oscilado entre dataciones muy dispares, en ocasiones de solo 170.000 años y, en otras, de hasta 700.000. La razón de estas diferencias estaba en el peculiar contexto del hallazgo: el fósil se encontraba encajado en la pared - probablemente por la acción de corrientes y sedimentos - y cubierto por capas sucesivas de mineral.
300.000 años en una cueva, incrustado en la pared
Un reciente estudio, publicado el 14 de agosto en la revista Journal of Human Evolution, aporta nueva luz sobre el fósil de la cueva de Petralona. Un equipo internacional, entre cuyos autores figura el paleoantropólogo Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres, ha aplicado tecnología de datación por series de uranio sobre la calcita adherida al cráneo. Se trata de un método que permite estimar la antigüedad de la calcita a partir de la proporción entre el uranio y el torio presentes en el mineral, una técnica muy utilizada en yacimientos subterráneos.
La clave de este trabajo reside precisamente en el análisis de esas capas de calcita, que tras décadas de debates han arrojado una datación mínima de 277.000 años para el depósito mineral y, por extensión, sitúan la antigüedad del cráneo en torno a los 300.000 años. La rápida formación de la calcita en la cueva sugiere que el fósil alcanzó su ubicación actual y comenzó a ser recubierto poco después de la muerte del individuo. La nueva cifra representa un ajuste importante respecto a los márgenes tan amplios que imperaban hasta la fecha y pone de manifiesto la relevancia de combinar técnicas avanzadas con los contextos naturales originales.
Tal y como explica Chris Stringer en declaraciones recogidas por Live Science, “la nueva estimación de la antigüedad respalda la persistencia y coexistencia de esta población junto a la línea evolutiva neandertal en el Pleistoceno Medio tardío en Europa”. De hecho, uno de los grandes puntos de interés del caso Petralona siempre ha sido la pregunta por la relación real entre este grupo humano y sus contemporáneos europeos. La investigación confirma que el propietario del cráneo vivió en plena época pleistocénica, coincidiendo geográficamente con los neandertales, aunque no pertenecía a ese linaje, sino a otro habitualmente clasificado como Homo heidelbergensis.
El propio análisis del cráneo contribuye a perfilar mejor la identidad de su dueño. El tamaño y la robustez del fósil, junto al desgaste moderado de los dientes, llevan a los investigadores a pensar en un varón adulto joven. Aunque se dispone de poca información sobre el origen exacto del hallazgo - las notas de campo y fotografías originales no se conservan de forma completa -, Stringer remarca que existen restos de incrustaciones minerales que demuestran cómo el cráneo quedó literalmente pegado a la roca, sumido en ese entorno subterráneo durante miles de siglos.
El estudio de Petralona no queda ahí. La nueva datación guarda coherencia con la edad asignada por el mismo equipo al célebre cráneo de Kabwe, en Zambia. Analizado en 2019 y muy parecido al encontrado en Grecia, ese fósil suele atribuirse igualmente al Homo heidelbergensis y cuenta con una datación de unos 299.000 años. Este paralelismo contribuye a reforzar el modelo de un mosaico de grupos humanos diversos en Eurasia y África durante el Pleistoceno Medio.
Los autores del reciente trabajo subrayan que el hallazgo de Petralona no encaja ni con la morfología de los Homo sapiens ni con la de los neandertales, aunque se sitúa en esa breve ventana de coexistencia y transición evolutiva. En el fondo, lo que desvela este cráneo es la complejidad de las migraciones y de los cruces entre poblaciones antiguas, y cómo la ciencia sigue reescribiendo el pasado europeo incorporación tras incorporación.
Mientras la cueva de Petralona continúa como escenario de investigaciones y visitas, el cráneo que una vez estuvo oculto bajo una estalagmita y las incógnitas sobre su origen y destino permanecen en primera línea. El “hombre de Petralona” sigue ofreciendo claves para reconstruir una Europa prehistórica repleta de diversidad, encrucijadas y sorpresas todavía por descifrar.
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