
Jablines-Annet, una isla recreativa a una hora de París y situada en el departamento de Seine-et-Marne, ha sido el foco de la polémica y de risas por su normativa hacia los bañistas. Y es que, el pasado viernes 15 de agosto, fecha festiva en Francia, hubo una larga cola de coches para acceder, en la que se podía estar hasta 20 minutos antes de llegar a las taquillas. Según el testimonio recogido por Le Parisien, esto se debió a la masificación de turismo familiar, en el que se registraron unas 5.500 personas desde la apertura hasta su cierre a las 15:00.
No obstante, el ambiente festivo, intensificado por música y conversaciones, se interrumpía cada cierto tiempo con un mensaje institucional difundido por los altavoces del recinto: "Por favor, presten atención, les recordamos que está estrictamente prohibido nadar con ropa. Solo se permiten trajes de baño y shorts de baño". La advertencia, al parecer, fue repetida repetidamente a lo largo de la jornada.
“Hacen bromas al describir a las personas a las que se dirige su anuncio”

La regulación de esta normativa, que se impone desde hace más de quince años, se justifica mediante dos argumentos principales: la seguridad, ya que la ropa mojada puede complicar las tareas de rescate, y la higiene, dado que el agua del lago procede del nivel freático, señala el medio francés. De esta manera, la legislación, respaldado por pictogramas, prohíbe el uso de prendas como camisetas o mallas y extiende esta prohibición al burkini, el traje de baño que cubre todo el cuerpo y que varias visitantes, en especial mujeres, continúan utilizando a pesar de las normas.
Según testimonios recogidos, la aplicación de la prohibición genera situaciones tensas y da pie a chistes en tono burlón entre los asistentes. Sarah, de 33 años, visitante habitual, ha señalado: “Hacen bromas al describir a las personas a las que se dirige su anuncio”. Comenta, además, que “el domingo, le pidieron a una mujer con burkini por el micrófono que saliera del agua”, cuando anteriormente “los socorristas simplemente iban a ver a la gente en el agua”.
El operativo de vigilancia está a cargo de diversos socorristas distribuidos en tres puestos alrededor del lago. Según Marco, jefe de socorristas de 54 años, la reiteración de advertencias y desalojos provoca fatiga en el equipo y genera fricciones con los bañistas. “Vamos a verlos una, dos, tres veces... y luego tomamos el micrófono”, relata. “La gente paga la entrada, así que creen que pueden hacer lo que quieran”, destaca. En este sentido, Marco estima que cada día deben intervenir alrededor de un centenar de personas por incumplimientos como uso de camisetas de fútbol, camisetas de tirantes o burkinis.
“No es una prenda de vestir, es como un traje de baño”
Como se ha recogido en Le Parisien, este escenario a veces se complica, como el pasado miércoles 13 de agosto. Y es que, en este caso, un agente de la Gendarmería de la compañía de Meaux tuvo que intervenir por la actitud de unos bañistas conflictivos. Al parecer, una multitud de personas manifestaron una actitud “hostil” contra los socorristas, cuando estos pedían que abandonasen el agua. Aun así, según el relato del policía: “Este tipo de incidentes son poco frecuentes”.
Sin embargo, la pelea y el debate sobre la vestimenta persiste diariamente. Como ejemplo, el medio francés ha relatado que, en una ocasión del pasado 15 de agosto, una socorrista solicitó a una mujer con burkini morado que saliera del agua. Al regresar a la toalla, la afectada manifestó: "Es frustrante, es una tontería". Del mismo modo, su amiga, Hadjere, de 35 años, la defendió: “No es una prenda de vestir, es como un traje de baño. Pero siempre los echan”.
Por su parte, el director de la isla de ocio regional de Jablines-Annet, Cyrille Marchadour, subraya las dificultades para distinguir las prendas permitidas: “¿Cuál es la diferencia entre un vestido y un burkini?”, plantea, y argumenta que “cuanta más gente hay en la playa, más gente entra al agua completamente vestida”. Bajo la opinión del jefe de socorristas, el objetivo de las autoridades se centra en la seguridad acuática. “Cero ahogamientos al final de la temporada. Pero no podemos vigilar y vigilar al mismo tiempo”, resume.
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