De repente, la marea empieza a bajar, drásticamente. Más de lo que debería. Algunas zonas de suelo marino, que no suelen estar al descubierto, quedan ahora bañadas por el sol. Y el agua, más lejos que nunca, parece tranquila desde la distancia, invitando a recorrer la arena para buscarla. Pero lo mejor será empezar a andar en dirección contraria: toda esa calma podría ser la antesala de un tsunami.
Qué es un tsunami
Un tsunami - que significa “ola de puerto” en japonés - es una sucesión de olas de gran tamaño que se generan por alguna perturbación repentina en el fondo del mar, en general debida a un evento geológico como un terremoto submarino, una erupción volcánica, o deslizamientos de tierra. Realmente, cualquier fuerza poderosa y repentina, como el impacto de un meteorito o una explosión, podrían provocarlos. Pero la causa más frecuente - como ha sido en el que ha arrasado las costas del Pacífico - es un terremoto ocurrido bajo el océano.
Un movimiento brusco de las placas tectónicas que forman la corteza terrestre puede provocar que el fondo del mar se levante o se hunda de golpe. Como si se tratase de un trampolín, ese movimiento desplaza una enorme cantidad de agua, generando olas que viajan a una enorme velocidad - pudiendo llegar incluso a superar los 800 kilómetros por hora - en todas las direcciones. En su viaje sobre el océano, estas olas pueden ser tan bajas (de apenas unos centímetros) como para pasar desapercibidas; pero al acercarse a la costa, donde el agua es menos profunda, la violencia con la que se mueven hace que se eleve y arrase con todo lo que se encuentre a su paso.

Sistemas de alerta temprana y prevención
En las regiones del mundo en la que estos eventos son frecuentes existen ya sistemas de alerta temprana que permiten detectarlos con antelación y alertar a las poblaciones costeras. El sistema DART (Deep-ocean Assesment and Reporting of Tsunamis), por ejemplo, utiliza una serie de boyas equipadas con sensores capaces de detectar pequeñas variaciones en el nivel del mar. Si registran un cambio, pueden avisar casi al instante.
En Japón o Hawaii, por ejemplo, es habitual estar pendientes de estos avisos, aunque no siempre existe suficiente margen como para que de tiempo a reaccionar, por lo que es importante estar siempre preparados y saber lo que hacer. Tras un terremoto fuerte cerca del mar, por ejemplo, lo más recomendable es alejarse rápidamente de la costa, independientemente de si se ha recibido una alerta oficial o no. Del mismo modo, una retirada brusca del mar también puede ser el heraldo de un tsunami.
El reciente terremoto de Kamchatka, de una magnitud de 8,8 en la escala Richter, es un ejemplo claro de la imprevisibilidad de la naturaleza y de lo rápido que pueden suceder este tipo de eventos tan destructivos. Esto pone de relieve la importancia de que existan sistemas de alerta temprana y medidas de seguridad ante catástrofes naturales con el fin de reducir a mínimos el potencial trágico de las mismas.
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