
Según la cuarta acepción de la palabra en la actual edición del Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española (RAE), cáncer significa “proliferación en el seno de un grupo social de situaciones o hechos destructivos”. Bajo esta premisa, este término se emplea en otros ámbitos diferentes al sanitario para dar malas noticias sobre economía, política, justicia o deporte, como “la inflación es el cáncer de la de la economía” o “la droga es el cáncer de la sociedad”. Ante esta reflexión, ¿puede contribuir el lenguaje a aliviar de alguna manera una vivencia que ya es dura y compleja por sí sola?
“No es aceptable emplearla como metáfora de lo peor, de lo que corrompe o de lo que destruye, porque el cáncer no es eso: es una enfermedad grave, sí, pero también cada vez más tratable, más comprensible y, en muchos casos, curable“, dice la exposición de motivos de una iniciativa presentada recientemente por el PSOE. En concreto, se trata de una proposición no de ley para regular la palabra cáncer.
Los socialistas obligarán al Congreso a posicionarse sobre la oportunidad de promover en el conjunto de la acción institucional “un lenguaje responsable y empático en torno al cáncer, evitando su uso como sinónimo de hecho grupal destructivo, y reconociendo la realidad creciente de quienes lo superan”. Aunque la medida no tiene rango de ley, el PSOE quiere abrir el debate sobre la utilización peyorativa de la palabra “cáncer”, un gesto que impide romper el estigma que todavía pesa sobre quienes padecen o han padecido cáncer.
“Se necesita un compromiso por parte de todos los que tenemos una responsabilidad institucional de ser más empáticos con la situación. No se trata de negar la realidad ni de decirle a alguien lo que tiene que decir ni censurar”, advierte una de las firmantes de la iniciativa, la diputada socialista Patricia Blanquer. “No se trata de censurar, sino de darle un uso más responsable. No hace falta decir esa palabra todo el rato, no es necesario meterla con calzador”, justifica.
En este sentido, la parlamentaria advierte de la necesidad de que el Congreso acoja el debate sobre este asunto, aunque la iniciativa defiende hacerlo en colaboración con los medios de comunicación, instituciones educativas, culturales y sanitarias, y entidades sociales. Más allá de hacer a sus señorías “copartícipes” de dicha medida, la representante socialista, que también padeció esta enfermedad hace unos años, recuerda que esta situación también supone una barrera para los propios representantes públicos.
Hace unos meses, Ángel Víctor Torres anunció que padece cáncer y que, aunque no abandonaría la política ni su cargo al frente del Ministerio de Política Territorial, se centraría temporalmente en su tratamiento médico. Este mismo lunes, el portavoz del PP, Borja Sémper, hizo lo propio desde la sede del PP. “Pero hay muchos compañeros y compañeras que, en estos momentos, están atravesando una situación de este tipo y no lo han hecho público”, señala Blanquer para alertar sobre el impacto de la “estigmatización” de la palabra.
“Es una iniciativa constructiva y también apropiada para el momento en el que vivimos, en el que los porcentajes de supervivencia cada vez son mayores”, destaca. En este sentido, la iniciativa se hace eco de los datos recogidos en el documento de “Recomendaciones para la mejora de la atención a pacientes largos supervivientes de cáncer en el Sistema Nacional de Salud”, publicado en 2025 por el Ministerio de Sanidad: aproximadamente dos tercios de los pacientes oncológicos sobreviven más de cinco años tras el diagnóstico, y concretamente en Europa, se estima que existen más de 12 millones de supervivientes de cáncer.
Eliminar las “metáforas bélicas” o “culpabilizadoras”
“Esta realidad, se debe tanto a los avances en los tratamientos –la medicina personalizada, la inmunoterapia, las terapias dirigidas–, como a las políticas de prevención y de promoción de la salud, con estrategias sanitarias específicas, que han colocado al cáncer como una prioridad de salud pública en nuestro país, y también para el conjunto de la UE“, añade el texto. El avance de la medicina, la labor del personal sanitario, la inversión en investigación y la concienciación social hace que, a día de hoy, más del 55% de las personas diagnosticadas con cáncer en España sobreviven al menos cinco años. En algunos tipos, como el de mama, próstata, tiroides o testículo, la tasa de supervivencia supera el 80%.
“Estos datos son un motivo de esperanza, pero también de responsabilidad en la forma en que hablamos de la enfermedad”, remacha el texto. Y es que, la utilización común de la palabra cáncer “se aleja a veces de esta realidad que estamos describiendo”. La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) muestra desde hace unos años su preocupación por la utilización peyorativa de este término en la sociedad española. Un estudio de 2010 señaló que, en el 15% de declaraciones públicas recogidas por medios de comunicación, se daba un mal uso de este término. Así, llamaban la atención para que ese uso “no hiriese la sensibilidad de quien se halla en pleno proceso de la enfermedad”.
Además de las expresiones estigmatizantes, la proposición no de ley habla de “eliminar de los discursos públicos metáforas bélicas, como ‘batalla’, ‘lucha’, ‘ganar’, ‘perder’”, o “culpabilizadoras, como ‘no lo superó’, ‘no fue lo bastante fuerte’”. También, subraya “la heterogeneidad” que engloba la palabra cáncer, con tratamientos y pronósticos diferentes según los distintos tipos de tumores. En este sentido, Blanquer explica que, aunque este tipo de expresiones pueden ayudar en un determinado momento de la enfermedad, en otros no: “La vida en sí misma es una lucha constante, ya que se afrontan situaciones muy complejas, y no solo con el cáncer, también con otro tipo de enfermedades (...) Y al final, por mucho que hagas, la vida te lleva a una situación determinada”.
Por todo ello, el PSOE llama a promover el uso de un “lenguaje justo, responsable y basado en la realidad”, sobre todo, desde los ámbitos públicos e institucionales, así como a “elaborar y difundir recomendaciones para el tratamiento informativo sobre el cáncer por los medios de comunicación, basado en evidencias científicas, que contribuya a reducir la desinformación en este ámbito, en colaboración con asociaciones de pacientes y colegios profesionales“.
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