
Con sus más de 17 millones de kilómetros cuadrados, equivalente al 10% de la superficie terrestre. Rusia es el país más grande del mundo. El país se extiende por dos continentes, con ciudades que limitan con Europa, Mongolia o Corea del Norte, mientras se mantiene a tan solo cuatro kilómetros de territorio estadounidense.
En la basta geografía rusa, una pequeña población al norte destaca por su clima frío y duro en el que sobreviven 230.000 habitantes. Se trata de la ciudad de Norilsk, la ciudad más al norte del mundo, que se ubica a 2.800 kilómetros de Moscú y a unos 320 kilómetros del círculo polar ártico. La ciudad fue levantada en la década de 1920 y sirvió durante la URSS como castigo a miles de presos políticos, encerrados en el campo de concentración de Norillag. Se calcula que en él pudo haber hasta 400.000 personas, de las que 300.000 eran prisioneros por razones políticas.
A día de hoy, la entrada a Norilsk está restringida a extranjeros y nacionales, pudiendo visitarla tan solo con un permiso especial concedido por el Departamento de Procedimiento Administrativo de la ciudad. Hasta allí se ha desplazado Víctor Fernández, conocido en redes sociales como Caminante Rojo, que ha documentado en vídeos en YouTube y TikTok (@caminante.rojo) su experiencia.
Señales y carteles pegados a las paredes

Según explica Fernández en su vídeo, Norilsk fue levantada tras una expedición científica en la que se descubrieron importantes yacimientos minerales, claves para la industria soviética del momento. “En estos poco más de 100 años la ciudad ha crecido de manera exponencial y ha tenido gran relevancia tanto en la Unión Soviética como en Rusia actualmente, pero también a nivel mundial por la cantidad de yacimientos minerales que se encuentran aquí. Se pueden encontrar desde níquel, platino, paladio a minerales del Grupo del Oro de la Plata y el Cobre”, comenta el creador de contenido.
Aislada de cualquier otro punto de Rusia, es la segunda ciudad más grande del ártico ruso, “símbolo de la perseverancia humana y la capacidad de adaptación a condiciones extremas”, asegura Fernández. El clima de Norilsk es particularmente frío: sus habitantes pasan inviernos largos, con temperaturas que alcanzan los -56º C, mientras que los veranos son cortos y frescos, registrando máximas de 19º C. La ciudad vive 280 días de heladas y más de 130 días de tormentas de nieve, lo que dificulta la circulación y la visibilidad.
Es por eso que sus edificios y calles han tenido que adaptarse a la climatología. Por ello, a diferencia de las calles típicas de España, los edificios marcan sus números de dirección en grande, en medio de su fachada, en lugar de en pequeñito y encima del portal. “Las enormes ventiscas y tormentas de nieve que tienen aquí a lo largo del año no permiten ver números normales y pequeñitos como los que tenemos en todas nuestras ciudades, sino que hay que utilizar unos números enormes para poder orientarse cuando hay ventisca o un temporal insoportable”, explica Fernández en un vídeo de TikTok.
La misma norma aplica a las señales de tráfico: “S En vez de estar levantadas directamente del suelo, como las farolas, como estamos acostumbrados, están pegadas fuertemente a las fachadas para evitar que el viento se las lleve", explica el español.
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