
Las altas temperaturas del verano suponen un riesgo para la salud, con efectos que pueden desencadenar desde síntomas leves hasta situaciones potencialmente mortales. La subida del termómetro -que en España supera con facilidad los 40 grados en la mitad del país durante la época estival- obliga al organismo a poner en marcha mecanismos fisiológicos para no desestabilizar el sistema termorregulador, pero en ocasiones, y sobre todo en ciertos grupos de riesgo, no resulta suficiente para compensar el exceso de calor, lo que contribuye a un incremento de la mortalidad. De hecho, según el Sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria del Instituto de Salud Carlos III, el pasado verano en España se registraron más de 2.000 muertes atribuibles al exceso de calor.
El Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas Sobre la Salud -más conocido como el Plan del Calor- del Ministerio de Sanidad detalla que un individuo sano tolera una variación de su temperatura interna de aproximadamente 3 grados, sin que sus condiciones físicas y mentales se alteren de forma importante. Sin embargo, a partir de los 37 grados se produce una reacción fisiológica de defensa. Por eso, recuerdan que la exposición a altas temperaturas puede provocar calambres, deshidratación, insolación, golpe de calor, “con problemas multiorgánicos que pueden incluir síntomas tales como inestabilidad en la marcha, convulsiones e incluso coma”.
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El organismo humano tolera una variación limitada de la temperatura interna. En condiciones normales, una persona sana puede soportar una alteración de hasta 3°C sin alterar de forma significativa sus condiciones físicas y mentales. A partir de los 37°C internos, el cuerpo reacciona para intentar disipar el exceso de calor. No obstante, no todas las personas tienen el mismo nivel de riesgo frente a las altas temperaturas.
Las personas mayores se encuentran entre los grupos más vulnerables. Su sensación de calor se ve reducida, así como la percepción de la sed, lo que limita la capacidad de tomar medidas protectoras frente a la deshidratación y el sobrecalentamiento. Esta situación se agrava en presencia de enfermedades neurodegenerativas, donde tanto la percepción térmica como la sed disminuyen notablemente. Además, el envejecimiento provoca una reducción progresiva de la termólisis, el proceso que contribuye a la disipación del calor a través de las glándulas sudoríparas, las cuales tienden a degradarse con la edad, y a un menor funcionamiento de la vasodilatación capilar.
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La infancia constituye otro grupo especialmente sensible. Los niños presentan características fisiológicas únicas: mayor proporción de agua corporal, diferente patrón de sudor y una tasa de producción de calor metabólico elevada, lo que reduce su capacidad para regular la temperatura interna frente al entorno. Los menores con enfermedades crónicas, bajo medicación o con sobrepeso enfrentan un riesgo incrementado de sufrir complicaciones por calor. Además, la falta de autonomía para adoptar medidas preventivas y la tendencia al juego activo o a la exposición prolongada al sol sin supervisión aumentan su vulnerabilidad. El exceso de ropa, sobre todo si no permite la transpiración, también supone un factor de riesgo.
Consejos de Sanidad ante las altas temperaturas
Las recomendaciones generales para prevenir los efectos de las altas temperaturas sobre la salud que recoge Sanidad son:
- Bebe agua y líquidos con frecuencia, aunque no sientas sed y con independencia de la actividad física que realice.
- Evita las bebidas con cafeína, alcohol o muy azucaradas, ya que pueden favorecer la deshidratación.
- Aunque cualquier persona puede sufrir un problema relacionado con el calor, presta especial atención a: bebés y menores, lactantes y mujeres gestantes, así como personas mayores o con enfermedades que puedan agravarse con el calor (como las enfermedades cardiacas, renales, diabetes, hipertensión, obesidad, cáncer, patologías que dificultan la movilidad, demencia y otras enfermedades mentales, así como el abuso de drogas o alcohol).
- Permanece el mayor tiempo posible en lugares frescos, a la sombra o climatizados, y refréscate cada vez que lo necesite.
- Procura reducir la actividad física y evitar realizar deportes al aire libre en las horas centrales del día.
- Usa ropa ligera, holgada y que deje transpirar.
- Nunca dejes ninguna persona en un vehículo estacionado y cerrado (especialmente a personas menores de edad, mayores o con enfermedades crónicas).
- Consulta a tu profesional sanitario ante síntomas que se prolonguen más de una hora y que puedan estar relacionados con las altas temperaturas.
- Mantén tus medicinas en un lugar fresco; el calor puede alterar su composición y sus efectos.
- Haz comidas ligeras que ayuden a reponer las sales perdidas por el sudor (ensaladas, frutas, verduras, zumos, etc.).
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