
Durante esta última etapa de su vida, el rey Juan Carlos I, ha optado por tomar un rumbo contundente y radical. Alejado de la vida pública y residiendo en Abu Dabi desde hace cinco años, el rey emérito ha decidido pasar a la acción legal para defender su honor frente a quienes, a su juicio, han sobrepasado los límites de la crítica legítima. Entre ellos, destaca el expresidente cántabro Miguel Ángel Revilla, así como su antigua amiga íntima Corinna Larsen.
“No lo tolero más”, es la frase que recientemente ha salido a la luz y que resume el sentir actual del exmonarca. Esta contundente declaración, revelada por el medio Monarquía Confidencial, pone en evidencia un hartazgo que ya no se oculta, y que viene acompañado de pasos firmes en los tribunales.

De acuerdo a las fuentes consultadas por dicho medio, el posicionamiento de Juan Carlos I es claro y firme. Lejos de buscar salidas diplomáticas o estrategias para desviar la atención mediática, su objetivo es mucho más personal: la defensa de su imagen y su honor. “Escucha consejos, pero los rechaza”, señalan desde su entorno. El rey emérito no busca acuerdos ni pactos que impliquen suavizar los frentes abiertos; lo que pretende es limpiar su nombre de manera pública y contundente.
El pasado 1 de abril, su abogada, Guadalupe Sánchez, hizo pública la decisión de emprender acciones legales contra Revilla. El motivo: unas declaraciones del político cántabro que, según la defensa de don Juan Carlos, suponen una difamación directa contra su persona. El escrito judicial hace énfasis en la vulneración del derecho al honor, y deja clara la intención del rey emérito: preservar su reputación por encima de cualquier otra consideración.
“No le interesa negociar, solo limpiar su nombre”
Desde la Casa Real se ha querido marcar distancia respecto a este movimiento. Aclaran que se trata de una iniciativa personal, desligada de cualquier posición institucional. Mientras tanto, las declaraciones del entorno del rey no dejan lugar a dudas sobre su voluntad: “Para él, la imagen es lo primero. No le interesa negociar, solo limpiar su nombre”.

Este contexto cobra aún más relevancia tras lo sucedido el pasado 16 de mayo. En un acto de conciliación celebrado en Santander, al que Juan Carlos I no asistió, se evidenció la ruptura total con Revilla. La cita coincidió con la primera visita del emérito a España en 2025, aprovechando su estancia en Sanxenxo con motivo de unas regatas y su hospedaje en casa de Pedro Campos, amigo personal.
“Una opinión pública generalizada”
En dicha demanda, el rey solicita al político cántabro una compensación superior a los 50.000 euros, dinero que, según se ha anunciado, será donado a Cáritas España. También se exige una rectificación pública. Sin embargo, Revilla no ha cedido ni un ápice. “Yo he sido el portavoz de una opinión generalizada que tenemos los españoles. En mi obligación de personaje público solo he expresado mi indignación. Cuando exista un juicio iré donde me toque. No hemos conciliado nada. Me mantengo en lo que he dicho”, declaró a la salida del acto", confirmaba el ex presidente cántabro.
La batalla legal entre ambos promete prolongarse durante los próximos meses, mientras Juan Carlos I se mantiene firme en su propósito de defender su legado personal, aunque eso implique enfrentarse en los tribunales a viejos conocidos.
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