
Que mejoren las cifras de empleo es una buena noticia para todos, pero no es oro todo lo que reluce y hay mucha letra pequeña detrás de los buenos datos del mercado laboral en España en el primer trimestre de 2025. La principal conclusión a la que llega el informe Observatorio trimestral del mercado de trabajo, elaborado por BBVA Research y Fedea es que hay dinamismo: la afiliación a la Seguridad Social creció un 0,6% respecto al trimestre anterior y la estimación de la Contabilidad Nacional Trimestral (CNT) situó el incremento en el 0,8%. Los datos disponibles hasta mediados de mayo anticipan que esta tendencia se mantendrá durante el segundo trimestre. Pero veamos qué hay detrás de todo esto.
Estos avances se ven acompañados por signos de deterioro en varios indicadores. Uno de los principales problemas estructurales del mercado español (más allá del paro juvenil) ha sido siempre la alta tasa de temporalidad. Desde 2021 había descendido de forma sostenida, pero ahora ha interrumpido interrumpió su caída y en el arranque de 2025 ha repuntado. El crecimiento del empleo se concentró en los contratos temporales (+0,7%), mientras que el empleo indefinido (+0,3%) y por cuenta propia (+0,6%) mostró una evolución más contenida.
Tampoco son buenos los datos de productividad laboral. El documento destaca que la evolución de este indicador “desde 2019 ha sido pobre”. El volumen de horas trabajadas por persona ocupada descendió un 0,5% en el trimestre. Esta reducción del margen intensivo -esto es, menos horas por trabajador- implicó una caída del PIB por ocupado (-0,3%), marcando así el segundo trimestre consecutivo de retroceso en la productividad aparente.

Uno de cada 7 nuevos empleos son para extranjeros
Otra de los datos importantes que muestra el Observatorio trimestral del trabajo es un cambio relevante en la composición de la población ocupada. Si los datos de empleo han mejorado ha sido gracias a los extranjeros: el 70% de los puestos de trabajo creados en el primer trimestre de 2025 ha sido cubierto por personas de nacionalidad extranjera. Este colectivo también fue el principal responsable del incremento en la población activa, que creció un 0,6 % respecto al trimestre anterior.
Desde finales de 2019 la población ocupada extranjera ha aumentado un 47%, frente al 3,6 % de incremento registrado entre los nacionales
Según los datos del informe, desde finales de 2019 la población ocupada extranjera ha aumentado un 47%, frente al 3,6 % de incremento registrado entre los nacionales. En particular, la población extranjera de 25 a 34 años y la de 55 y más años fue la que más contribuyó a este crecimiento. Por el contrario, el empleo cayó entre los menores de 25 años y entre los españoles de 35 a 44 años. Tal y como informó Infobae España, el 60% de los menores extranjeros no acompañados está inscrito en la Seguridad Social.
La recuperación de la tasa de participación de la población nacional (56,2%) también impulsó el aumento de la fuerza laboral, aunque en menor medida que el crecimiento entre la población extranjera (70,4%).
El empleo sigue siendo insuficiente
El informe destaca que la tasa de paro descendió hasta el 10,7%, el nivel más bajo desde el segundo trimestre de 2008. A pesar del aumento en la población activa, la creación de empleo permitió reducir el desempleo. No obstante, persisten otras formas de infrautilización del trabajo. Casi la mitad de quienes trabajan a tiempo parcial lo hacen de forma involuntaria. Además, la proporción de personas desempleadas de larga duración aumentó tres décimas, situándose en el 41,2 % del total de parados, lo que supone una reversión parcial del descenso experimentado en trimestres anteriores.

“En España, el empleo a tiempo parcial es consecuencia de la escasez de empleo a tiempo completo. Esta situación contrasta con la de otras economías, como Países Bajos, donde la parcialidad es muy común, pero mayoritariamente voluntaria”, apunta el documento.
Por otro lado, otras de las cuestiones que no ayudan a la calidad del empleo (vinculada también a posibles subidas salariales) es el crecimiento durante el primer trimestre de 2025 del indicador de coste laboral, que aumentó un 3,8 % interanual. Aunque el ritmo de crecimiento fue más moderado que en los dos años previos, la reducción de la productividad por ocupado hizo que el coste laboral unitario se elevara. El coste por hora trabajada también aumentó debido a la insuficiencia del incremento de la productividad para absorber el alza en las remuneraciones.
La brecha salarial sigue presente
El informe dedica un bloque específico a las brechas de género, que, aunque se han reducido en términos generales, siguen siendo significativas en múltiples dimensiones. La tasa de empleo femenina se situó en el 47,1%, frente al 56,9 % de los hombres. La brecha ha disminuido en 10 puntos porcentuales desde 2005, pero se mantiene especialmente entre las mujeres con menor nivel educativo.
La tasa de parcialidad femenina triplica a la de los hombres
En cuanto a la participación laboral, la diferencia entre hombres y mujeres ha descendido nueve puntos en dos décadas. No obstante, las tasas de actividad y empleo siguen siendo menores entre las mujeres con educación básica, lo que refleja una desigualdad estructural anclada en la formación. Además, el empleo parcial sigue concentrándose en las mujeres. La tasa de parcialidad femenina triplica a la de los hombres y cerca del 45 % de las personas ocupadas a tiempo parcial desearían trabajar más horas.

Pese a que la brecha salarial de género ajustada ha disminuido —del 22 % en 2002 al 12 % en 2022—, el diferencial persiste incluso al controlar por edad, formación, tipo de contrato, jornada y sector. Entre los menores de 30 años, la brecha ronda el 4%, mientras que entre los mayores de 59 años supera el 15%.
La desigualdad salarial también se observa en todos los niveles educativos: incluso entre las personas con educación superior, las mujeres cobran un 11,7% menos que los hombres. La brecha es mayor cuanto más tiempo permanece una persona en la misma empresa, y es más amplia entre quienes tienen contrato indefinido o jornada completa.
El informe concluye que el panorama del mercado de trabajo en España es mixto. A corto plazo, los datos apuntan a una recuperación del empleo sostenida, especialmente impulsada por la población extranjera. Sin embargo, los indicadores de calidad del empleo muestran señales de alerta: aumento de la temporalidad, caída de la productividad, parcialidad involuntaria y persistencia de desigualdades estructurales, especialmente por razón de género.
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