
Las vitaminas son sustancias indispensables para el correcto funcionamiento de nuestro organismo. Aunque se necesitan en cantidad pequeñas, su ausencia o déficit puede provocar síntomas y enfermedades: por ejemplo, fatiga, debilidad general, sequedad en la piel, caída del cabello, cambios en el estado de ánimo, problemas digestivos o dificultad de concentración, así como patologías graves como la osteoporosis (deficiencia de vitamina D), el escorbuto (vitamina C) o la anemia perniciosa (vitamina B12).
Algunas son ampliamente conocidas, como la vitamina C, pero hay otras también muy necesarias y que deben tenerse en cuenta para nuestra dieta. Hablamos, por ejemplo, de la vitamina K2, una sustancia liposoluble (es decir, que se disuelve en grasa) y que es una forma específica de la vitamina K. Tanto esta como la K1 participan en la coagulación de la sangre, pero la K2 también tiene otras funciones propias
Funciones y beneficios de la vitamina K2
La vitamina K2 juega un papel muy importante en la salud ósea: esta se encarga de activar la proteína osteocalcina, que es la encargada de fijar el calcio a los huesos, ayudando a prevenir la osteoporosis y mejorando la densidad ósea. De esta manera, se reduce el riesgo de sufrir fracturas.
También influye en la salud cardiovascular. La vitamina K2 activar la proteína MGP, que es la que impide que el calcio se deposite en las arterias y se dirija hacia las partes del cuerpo que realmente lo necesitan (los huesos). Por tanto, se reduce el riesgo de arterioesclerosis y otras enfermedades causadas por la calcificación de los vasos sanguíneos.
En la salud dental, la vitamina K2 previene las caries y potencia una mejor mineralización del esmalte.

Alimentos ricos en vitamina K2
La fuente más rica de vitamina K2 se encuentra en el natto, un alimento tradicional japonés realizado a base de soja fermentada. Sin embargo, este no es el único:
- Quesos curados, especialmente los duros como el gouda o edam, y los fermentados (cheddar, roquefort, azul, brie...)
- Yema de huevo
- Hígado
- Mantequilla de animales alimentados con pasto
- Pescados grados
- Yogur
- Kéfir, una bebida fermentada hecha a base de leche o agua.
Al igual que ocurre con otras proteínas y vitaminas, si con la dieta que se consume no es suficiente, se pueden tomar suplementos. Estos serán especialmente efectivos si se padece o se tiene riesgo de osteoporosis, si se comen muy pocos productos animales o fermentados y si se toman complementos de vitamina D3, ya que aumenta la absorción de calcio y la K2 ayuda a dirigirlo a los huesos.
Sin embargo, existen algunas precauciones que deben tenerse en cuenta antes de tomar suplementos de vitamina K2. En primer lugar, pueden interaccionar con los anticoagulantes, reduciendo su efecto y aumentando el riesgo de coágulos sanguíneos, por lo que se necesita un control médico estricto y únicamente suplementarse si está recetado. Es importante también que la automedicación prolongada con altas dosis sin una razón clara puede alterar el equilibrio del calcio, por lo que siempre es conveniente consultar a un especialista para conocer cuáles son los suplementos más beneficios y en qué cantidad deben tomarse.
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