
En una época en la que la tecnología ha tomado un papel determinante en la vida diaria de las personas, aún quedan costumbres que antiguamente eran totalmente rutinarias y que hoy en día se han visto reemplazadas por el uso de Internet y de las tecnologías móviles. Un ejemplo muy sencillo es la forma en la que se recibe la información. No solo los periódicos han desarrollado versiones digitales cuyo consumo instantáneo facilita el acceso de la ciudadanía a la información, sino que los sucesos más recientes y la información inmediata no se encuentra ni siquiera en ellos, sino en las redes sociales, que se han convertido en el canal para la comunicación más amplio y potente del mundo.
Las redes sociales y las plataformas en la web son muy completas y, aunque cada una de ellas cumple una función relativamente distinta, lo cierto es que prácticamente todas cumplen una función social y de comunicación. En ellas, se establecen canales que sirven para transmitir información entre dos personas, o también para que un solo comunicador muestre al mundo cualquier tipo de contenido. Yendo un poco más allá, Internet y sus múltiples aplicaciones ha dinamitado cualquier otro aspecto al que las redes no hayan podido llegar y, tanto para acceder a un banco como para hacer un trámite legal o una consulta de cualquier otro tipo, ya no hace falta más que un móvil o un ordenador.

En este contexto, rutinas que anteriormente eran muy comunes, como hacer una llamada en una cabina telefónica o leer el periódico en papel, se han ido perdiendo y, con ellas, el uso de este tipo de elementos ha decaído. Es el caso de las cartas. Aunque no se puede negar que aún es normal recibir notificaciones por correo ordinario, hay que admitir también que el uso que se le daba antes a esta vía de comunicación no es el mismo que el de ahora. La mayoría de cartas que es usual recibir son comunicaciones formales de instituciones, bancos o empresas a las que, seguramente, se puede acceder de forma sencilla también por Internet.
Ahora, ya no se escriben cartas a ningún familiar o amigo que se encuentra lejos de nosotros, cuando es posible enviarle un mensaje que recibirá en el acto, y tampoco utilizamos las cartas para ningún otro trámite ni comunicación. Aún así, es normal seguir viendo por la calle los típicos buzones amarillos a los que, seguramente, antes era normal acudir diariamente para echar cartas. En Francia, a partir del pasado 1 de febrero de 2025, La Poste, operadora del servicio postal francés, comenzó a retirar estos míticos buzones de las calles.

En este país europeo, el número de cartas intercambiadas por correo postal ha sufrido una caída vertiginosa, desde las 18.000 millones de cartas anuales hace 15 años a las tan solo 6.000 millones que se envían actualmente. Esto supone una caída del 67% del volumen de correo ordinario en 15 años, lo que sin duda es un dato que refleja la realidad digital y tecnológica en la que la sociedad vive hoy en día.
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