En España se roban más de 200.000 bicicletas al año, aunque la cifra es una aproximación realizada por varias asociaciones de ciclistas y no existen datos oficiales. En Barcelona, por ejemplo, según un estudio del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona, el número de bicicletas robadas en este lugar ha aumentado un 34% de 2022 a 2024. De acuerdo con este análisis, se roban al menos tres bicicletas al día en esa ciudad, aunque la mayoría de los hurtos no se denuncian.
Los datos no son muy espectaculares, pero hay países con más tradición ciclista en las ciudades donde este problema es más grave. En los Países Bajos, por ejemplo, se roban más de 800.000 bicicletas al año, y en Francia son cerca de 600.000. Frente a ello, ahora ha surgido un dispositivo diseñado por una estudiante que ha llamado la atención por su método “radical” para disuadir a los ladrones.
Su nombre es Aïko Leroux y es estudiante de química e ingeniería de procesos en Lyon. Y su invento es tan simple como retorcido: un candado que libera un gas basado en putrescina, una molécula asociada al olor de los cadáveres en descomposición. Según ha informado France 3, este invento, denominado CactUs Lock, busca hacer que el robo de bicicletas sea una experiencia “intolerable” para los delincuentes.
El proyecto surgió en 2023, cuando robaron la bicicleta eléctrica de Leroux, a pesar de que estaba asegurada con dos candados de alta gama. Frustrada por la ineficacia de los métodos tradicionales, la joven decidió explorar una solución que no solo retrasara el robo, sino que lo hiciera prácticamente imposible. “Decidimos apostar por otra estrategia, centrada en el factor humano, para hacer que robar fuera imposible”, explicó Leroux al medio francés.
“Una experiencia insoportable”
El funcionamiento del CactUs Lock es directo: si alguien intenta cortar el candado, este libera un gas con un olor extremadamente desagradable que impregna tanto la ropa como el cabello del ladrón. Según detalló Leroux, el gas provoca una reacción inmediata en el cerebro, que interpreta el olor como una señal de peligro, activando un estado de alerta. Este efecto psicológico convierte el intento de robo en “una experiencia insoportable” para el delincuente. Aunque su olor es extremadamente desagradable, el sistema ha sido probado y se ha confirmado que es inocuo para la salud humana.
El dispositivo, que actualmente se encuentra en fase de preventa, será probado por un grupo de 100 usuarios europeos durante el verano de 2025. Este periodo de prueba permitirá evaluar su eficacia y realizar ajustes antes de su lanzamiento oficial al público, programado para 2026.
El éxito del dispositivo dependerá en gran medida de los resultados obtenidos durante la fase de prueba y de la aceptación del público una vez que llegue al mercado. Sin embargo, la idea ya ha captado la atención de la comunidad científica y de los usuarios de bicicletas, quienes ven en este invento una posible solución a un problema que afecta a miles de personas cada año.
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