
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el estrés como un estado de preocupación o tensión mental generado por una situación difícil. Es normal sentirse así en ocasiones, ya que se trata de una respuesta natural ante las amenazas y otros estímulos. Cuando una situación desencadena este estado, nos resulta difícil relajarnos y concentrarnos, y podemos sentirnos ansiosos o irritables, conforme detalla la OMS, que recuerda que también puede causar dolor de cabeza, malestar gástrico, dificultades para dormir o alteraciones del apetito. Sin embargo, el estrés no tiene por qué ser negativo, todo depende de la forma en que reaccionamos ante él.
La reconocida psiquiatra Marian Rojas, que divulga sobre salud mental a través de los libros que ha escrito y de sus redes sociales, insiste en que “el estrés forma parte de nuestra vida diaria”, pero “tenemos que tener claro que no todos los tipos de estrés son iguales”. Es normal que algunas situaciones generen estrés, como puede ocurrir con una entrevista laboral, un examen, un exceso de trabajo, un empleo inestable o un conflicto con un familiar. Para Rojas, que establece tres categorías, el que se desencadena ante este tipo de casos es positivo. “Es ese estrés que te motiva y te empuja a dar lo mejor de ti. Te ayuda a concentrarte antes de una presentación importante o a rendir ente cualquier un desafío”, explica.
Para la psiquiatra, el “estrés positivo” nos ayuda a crecer. Sin embargo, hay otros que “pueden dañar profundamente nuestra salud física y emocional”. En la segunda categoría enmarca el “estrés tolerable”, cuyos efectos depende de cómo se encare. Es el que apare cuando se atraviesan momentos vitales difíciles, como una pérdida o un cambio grande en el trabajo. El tipo de estrés que nos acompaña en momentos puntuales de la cotidianidad, no obstante, “si cuentas con las herramientas necesarias, este estrés puede ser manejable y no dejar huella, incluso puede ayudarnos a evolucionar en ciertos aspectos de la vida”, dice. Pero, por el contrario, también puede derivar en el “estés tóxico”.
Cómo evitar el estrés tóxico
Rojas explica que lo peligroso es “cuando el estrés tolerable pasa a ser un estrés crónico o extremo, cuando vivimos de manera constante en ese modo alerta”, ya que “las consecuencias pueden ser nefastas para nuestro cuerpo: puede generar ansiedad, insomnio y para nuestra mente: que puede jugarnos malas pasadas afectando a nuestra tu capacidad para tomar decisiones, a cómo afrontas las batallas del día a día”. Esa “alerta constante” puede romperse en vacaciones, cuando los detonantes de este tipo de estrés cesan y podemos ver con perspectiva.
La OMS aconseja practicar habilidades prácticas que nos permiten lidiar con el estrés y uno de los pilares fundamentales es mantener una rutina diaria estructurada. Para ello, aconsejan realizar actividades programadas a lo largo del día puede generar una sensación de control sobre la vida y aumentar la productividad: establecer horarios específicos para comer, convivir con la familia, realizar tareas domésticas y dedicar tiempo al ejercicio físico o actividades recreativas. Este enfoque busca no solo reducir el estrés, sino también fomentar un equilibrio entre las responsabilidades y el ocio.
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