
El frío ha llegado a las ciudades y, con él, los planes que lo acompañan cada invierno. El de disfrutar de una merienda a base de porras o churros y una buena taza de chocolate caliente es uno de los clásicos. Los amantes de estos últimos tienen muchas opciones para probar el dulce que protagoniza los desayunos de los domingos: algunas churrerías históricas y otras nuevas aperturas que renuevan la imagen de este clásico de toda la vida.
Varias de estas churrerías llevan años en funcionamiento, sirviendo churros y porras a abuelos y nietos década tras década. Esta tradición la premia también la Guía Repsol con Soletes. En su edición de este año, los galardones homenajean la tradición y reivindican esos negocios clásicos que han resistido al paso del tiempo en ciudades como Sevilla, donde se encuentra el local que hoy nos ocupa.
Y la guía decidió otorgarle uno de ellos a la churrería San Pablo, un local histórico del centro donde se sirven algunos de los mejores calentitos de la ciudad. Desde 1960, esta ‘calentería’ lleva vendiendo churros en el número 20 de la calle Murillo, en pleno corazón de Sevilla. Los más vendidos son las porras o churros de rueda, completamente artesanales, aunque también se pueden pedir los churros habituales o de papa, ambos ideales para comprar una ración y pasear por la ciudad degustándolos recién hechos.

Pero también existe la posibilidad de sentarse tranquilamente para disfrutar sin prisas de estas frutas de sartén. Y es que el contiguo Bar Stratos, en la misma calle Murillo, permite a los clientes de San Pablo degustar sus churros en sus mesas altas, disfrutando así con calma y un buen chocolate caliente de las vistas a la plaza de la Magdalena.
Para los amantes del salado, esta calentería también vende algunas de las mejores patatas fritas de toda la ciudad, preparadas de la manera más tradicional: cortadas en láminas crujientes y doradas y fritas en una buena tinaja de aceite.
¿Por qué ‘calentitos’?
Son la estrella de desayunos y meriendas en toda España y, aunque en cada casa reinan los debates por decidir entre churros y porras, con café o chocolate caliente o por el mejor sitio al que acudir a comprarlos, hay una discusión nacional de aún más extensión: su nombre.
Mientras que para la gran mayoría está clara la diferencia entre churros y porras, hay quienes llaman ‘churro’ a ambas opciones, haciendo distinciones entre churros grandes y churros pequeños. Y es que incluso dentro de una misma comunidad hay diferencias a la hora de nombrarlos, como es el caso de Andalucía. En tierras del sur, dependiendo del pueblo en el que te encuentres, puedes escuchar expresiones diferentes para hablar de un mismo producto. Por ejemplo, hay quienes hablan de churros de masa (porras) y churros de papa (churros).
En el caso de Sevilla y de algunas zonas de Huelva, difieren aún más de la terminología habitual. Lo que el resto de España conoce como churros, recibe el nombre de calentitos. Los establecimientos en los que se elaboran son, de hecho, las ‘calenterías’, y en la ciudad hay decenas de ellas repartidas por todos los barrios.
El origen de este nombre no está claro. El término de ‘calentitos’ podría deberse a la temperatura a la que estas frutas de sartén suelen degustarse. Otras teorías mencionan que la razón reside en que, a diferencia de otras masas, la de los churros se prepara con agua hirviendo y se cocina en caliente. Aunque no hay una respuesta clara a las dudas sobre esta curiosa nomenclatura, lo cierto es que, si quieres encajar entre los sevillanos, lo mejor será que pidas ‘unos calentitos’.
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