
Originaria de América del Sur y cultivada por civilizaciones como la incaica hace miles de años, la patata es uno de los alimentos básicos más importantes en la dieta mundial. Este tubérculo, que aterrizó en Europa tras la llegada de los españoles al continente americano en el siglo XVI, pronto se adaptó a diferentes climas y suelos y pasó a convertirse en un alimento esencial en todo el globo. Gracias a su versatilidad, facilidad de cultivo y su alto valor nutritivo, se ha consolidado como un producto que no puede faltar en la gastronomía de ninguna cultura.
Rica en carbohidratos, la patata es una fuente importante de energía, además de aportar vitaminas como la C y la B6, minerales como el potasio y fibra en su piel. Su sencillez la convierte en un ingrediente clave en cocinas de todo el mundo, siendo la base de platos tradicionales como el puré, las tortillas, las sopas o las frituras o la protagonista de otras elaboraciones como las patatas a la riojana. Además, su relevancia trasciende el ámbito alimenticio, ya que ha jugado un papel clave en la historia económica y social, desde su contribución a la supervivencia durante períodos de escasez hasta su impacto en el comercio global.
Las patatas fritas: un manjar que acompaña a miles de elaboraciones
Las patatas fritas son, sin duda, un gran manjar que acompañan tanto a carnes y pescados, como a hamburguesas y bocadillos. Son la guarnición por excelencia. Aunque, a pesar de la práctica, pocas veces alcanzamos la maestría cuando las preparamos y no logramos ese resultado de restaurante. No obstante, existe un truco casero para conseguir que sean crujientes y con el que podremos presumir de haberlas hecho como lo haría un chef de renombre.
Pero antes de cocinarlas, hay un punto importante que nada tiene que ver con los fogones, si no con la elección del producto. El primer paso será elegir aquellas que sean nuevas, ya que, son más sólidas y su contenido en almidón es menor que las viejas, que tienden a absorber más aceite durante la fritura.
Cómo hacer patatas fritas crujientes

Para conseguir que las patatas crujan cuando las probemos, tenemos que alcanzar un equilibrio entre el contenido de almidón, pectina y azúcares presentes en ellas. El truco reside en preparar una mezcla de un litro de agua, una cucharada de sal y una cucharada de vinagre. Tras pelarlas y cortarlas en tiras gruesas, las sumergiremos en este líquido durante unos nueve minutos, para que así pierdan el almidón.
Una vez transcurrido el tiempo, habrá que sacarlas del agua y secarlas bien con papel de cocina. Después, en una sartén con aceite, hay que hacer la primera cocción de dos minutos. A continuación, les retiraremos el aceite que les sobre y las dejaremos enfriar bien durante, al menos, 30 minutos. Luego, se llevará a cabo la segunda cocción de ocho minutos. Una vez listas, hay que escurrirlas y añadirles sal. Este procedimiento también se podrá realizar en la freidora de aire.
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