
Rodolfo Mora, un importante empresario mexicano, quería regalar a su hija Ana un caballo para que pudiera competir con él en los Juegos Panamericanos de hípica y si, todo se daba bien, en los Juegos Olímpicos. Lo que no esperaba es que el equino iba a estar tuerto. Por ese desafortunado motivo, acaba de interponer una demanda en los juzgados de Móstoles, en Madrid, contra el vendedor, Claudio Alejandro Castilla Ruiz, un conocido jinete en el mundo ecuestre que fue incluso miembro de la delegación olímpica española. Castilla también se dedicaba a la explotación y cuidado de caballos a través de la empresa Dressage and Dreams, ya disuelta.
Todo este lío comienza en diciembre de 2022, cuando Rodolfo Mora negocia con Claudio Castilla la compraventa de un animal que, según le comenta el demandado, “presentaba unas cualidades óptimas para la competición”. Acuerdan entonces la compra de manera verbal, dejando el pago para un momento posterior. No obstante, desde diciembre de 2022, el empresario mexicano comienza a abonar los gastos propios de la preparación del caballo. En concreto, el adiestramiento, los suministros, el box (lugar de la cuadra donde se guardan los caballos) y los herrajes. Es decir, el propósito de la compraventa era adquirir un caballo de competición lo más preparado posible. De hecho, el animal, de nombre Ícaro, estuvo varios meses entrenando en el Club Hípico Somosaguas de Pozuelo de Alarcón con el vendedor para prepararlo para competir.
El 10 de julio de 2023, Rodolfo Mora paga 60.000 euros por Ícaro. Pero el ejemplar permanece en España un año para seguir entrenándose. Hasta junio de 2024, el equino no ingresa en el centro de cuarentena de Fly and Co Horse Export, empresa dedicada a la importación, exportación, logística y cuidado de caballos. Dicho centro, entre otras cuestiones, ofrece servicios de herraje, veterinarios y de trabajos para que el animal no pierda el estado de forma. También le hacen un estudio veterinario para valorar su estado de salud.

El 28 de agosto de 2024, Ícaro llega por fin a México. “Por consiguiente, esta es la fecha en la que hemos de considerar entregada la posesión del bien objeto de compraventa”, señala la defensa de Rodolfo Mora. Aparentemente, “el caballo se encontraba en perfecto estado de salud, sin ninguna enfermedad visible para alguien que no sea veterinario de profesión”. Sin embargo, el empresario lo llevó al Hospital Veterinario Animal Home para comprobar que todo estaba en orden.
No ve por el ojo derecho
Pero había una desagradable sorpresa. Este hospital emite un informe el 2 de septiembre de 2024, firmado por Aytzee Piñón, experta en oftalmología veterinaria, con un diagnóstico realmente preocupante por la escasa visión del caballo. “En la evaluación clínica de la función visual, los reflejos fotomotores pupilares de deslumbramiento y de amenaza fueron normales en el ojo izquierdo, mientras que se encontraron ausentes en el ojo derecho”, decía el informe. Había también una catarata en ese ojo dañado. La conclusión fue una “hipotonía por uveítis (inflamación) crónica que originó un proceso de atrofia conocido como phtisis bulbi en el ojo, lo que provoca que sus estructuras intraoculares se hacen más pequeñas de lo normal y desafortunadamente ya no son funcionales. El ojo ya no es visual”. El problema es que no hay ningún tratamiento para revertir la situación.
“De lo anterior se deduce, en primer lugar, que la enfermedad visual del caballo tuvo su origen tiempo atrás, cuando se encontraba en posesión del vendedor, dado que se afirma en el informe que la inflamación es crónica, lo que supone que es a largo plazo y que puede no tener cura. En segundo lugar, se desprende que el vendedor sabía de la existencia de dicha enfermedad. Es materialmente imposible que un experto jinete como el demandado desconozca que un caballo presenta una enfermedad visual tan grave en el ojo como es que dicho ojo no sea visual”, señala la demanda.
Aparte de los 60.000 euros que pagó Mora, también abonó otros 26.093,06 euros por el mantenimiento y la preparación del caballo cuando pactó su compra en 2022. Además, se hizo cargo de los gastos del traslado a México, otros 9.200 euros. Por tanto, la cantidad total adeudada como consecuencia de la compraventa del caballo, el mantenimiento y adiestramiento del mismo, así como su posterior exportación, asciende a 95.341,55 euros, “cantidad a la que han de sumarse los intereses de demora calculados”. Intereses que se han calculado en 5.983 euros. En consecuencia, el empresario reclama al jinete olímpico un total de 101.324,56 euros. Un portavoz del jinete Castilla señala que no conoce el contenido de la demanda, por lo que no puede hacer ninguna valoración.
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