
El 17 de noviembre de 1903 es una de esas fechas que serán recordadas durante los próximos siglos. No en vano, fue entonces cuando los hermanos Wright realizaron el que se considera el primer vuelo de la historia de la humanidad. Un hito importantísimo en la historia que marcó, de algún modo, la llegada del siglo XX, pero del que ya nadie puede dar testimonio. La persona más longeva en la actualidad es la japonesa Tomiko Itooka, nacida en 1907, la cual a sus 116 años 179 días todavía no ha igualado la edad de la última persona nacida en un siglo anterior al suyo: Emma Morano.
Morano estaba viva cuando el ser humano aprendió a volar. Lo estaba, de hecho, desde hacía cuatro años, puesto que nació en 1899. Desde entonces, ese 29 de noviembre en el que llegó al mundo volvió a celebrarse 117 veces. Una longevidad que la convirtió en supercentenaria, y que ella atribuyó en varias entrevistas al hecho de no tener pareja desde joven y, sobre todo, a una estricta alimentación que mantuvo desde los 20 años, momento en el que le diagnosticaron una falta de hierro.
Sin frutas, ni verduras... ni pareja
La estricta dieta de Morano era sencilla: tres huevos al día, dos crudos y uno cocido, con unas cucharadas de grappa, un licor italiano realizado con hierbas y uva. Morano afirmó durante muchos años que esta rutina en su dieta le aportaba la energía suficiente como para poder rendir en el trabajo y en su vida diaria. Tanto es así, que cuando alcanzó la vejez redujo incluso el número de huevos a dos, algo que consideró clave para no tener graves problemas de salud a su avanzada edad.
Algo llamativo de la dieta de esta mujer italiana es la poca cantidad de fruta y verdura que consumía, un hecho que algunos médicos como el doctor que la atendió durante casi tres décadas, Carlo Bava, calificaron como sorprendente. Este mismo médico, no obstante, señaló que Morano contaba además con una herencia genética muy valiosa para lograr superar la barrera de los 100, algo que también lograron varias sus hermanas sin unos hábitos como los suyos.
Respecto a su vida sin pareja, cabe destacar que Morano se casó a los 20 años tras perder al hombre del que estaba enamorada durante la Primera Guerra Mundial. Se separó, finalmente, en 1938, tras la muerte de su único hijo, alegando que ya no quería vivir bajo “la dominación de nadie más”. La soledad, para esta mujer, fue otro factor clave en su buena salud, puesto que se ahorró un estrés emocional que relacionaba con tener pareja.
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