
Ir a comprar a un supermercado es una tarea que realizamos varias veces por semana, por lo que se ha convertido en un proceso cotidiano y rutinario. Coger el carrito, pasear por los pasillos con la lista de la compra en la mano y depositar todo lo que nos queremos llevar en la caja de cobro, mientras uno de los trabajadores escanea cada producto. Sin embargo, este último paso podría cambiar pronto, ya que en Francia se están comenzando a popularizar los supermercados colaborativos, en los que los propios clientes cooperan para gestionar la tienda. Este proyecto participativo promete “unos precios más justos”, sobre todo en un momento en el que cada vez los productos son más caros.
En Le Troglo, ubicado en Tours (Francia), los cajeros no son profesionales, sino que son los propios clientes los que mantienen el supermercado en funcionamiento. Este comercio se promociona en su página web como un proyecto participativo, ya que está autogestionado por voluntarios que participan durante 3 horas al mes cuidando la caja, guardando los productos o recibiendo las entregas.
“Tienes que aprender. Yo soy enfermera básica, así que la tienda de comestibles o la caja registradora no es mi trabajo”, explica Isabelle, una de las voluntarias de Le Troglo, a la cadena francesa TF1. Ya son 600 habitantes los que se han unido en la cooperativa, aunque aseguran que aún necesitan llegar a 1.000 para permanecer abiertos. Los participantes no son profesionales y muchos de ellos no han trabajado antes en un supermercado, por lo que han tenido que aprender cosas como comprobar la temperatura de los frigoríficos para mantener la cadena de frío. Pese a que estos procesos son estrictos y deben realizarse correctamente, Ghislaine, otra de las voluntarias, asegura que el ambiente del equipo es muy bueno: “Cuando vas a un supermercado normal, ¿te saludan con una gran sonrisa?”, ha indicado también para TF1.

Precios más bajos y productos extranjeros
Otro de los beneficios que Le Troglo asegura que aporta su proyecto cooperativo es que permite dirigir a los clientes hacia una dieta más saludable: “En Troglo son los socios quienes eligen los productos. ¿Nuestro objetivo? Hacer accesible una oferta, si es posible local, ética, orgánica o convencional, que cubra la mayoría de las necesidades cotidianas”. En un intento por que el supermercado sea rentable, la cooperativa ha tenido que importar productos que vienen de lejos para atraer a los clientes: limones de Brasil, maracuyá de Vietnam... Esto consigue que los habitantes de los pueblos de alrededor se acerquen a Tours para realizar sus compras, atraídos por productos exóticos que muchas veces no se pueden encontrar en otros supermercados.
Otro de sus objetivos es poder ofrecer precios más justos a sus clientes: “Al participar en la gestión de la tienda, cada cooperador ayuda a reducir sus costes operativos”, además de que han optado por evitar la dependencia de marcas minoristas masivas. La mayoría de sus productos se compran localmente, lo que les permite reducir los precios: 1,31 euros el pepino, 2,04 el kilo de zanahorias... Los voluntarios trabajan con 130 productores asociados y la tienda se lleva un margen fijo del 20 % para cubrir sus costos de operación.
El proyecto de Le Troglo pone de manifiesto la posibilidad de un supermercado autogestionado, en el que los voluntarios cooperen para aportar la mejor relación calidad-precio a sus clientes. Quizá esta tendencia comience a extenderse por otros países y dentro de unos años no resulte extraño cooperar algunas horas al mes en un comercio, simplemente con el objetivo de mejorar la oferta para los consumidores.
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