
Es un lugar idílico, un pueblo de casitas blancas con tejados de pizarra, campos verdes y montañas nevadas. Se encuentra situado en Suiza, en el distrito de Appenzell, famoso por sus lagos, sus quesos y sus construcciones pintorescas. Como la del convento de Wonnenstein, que destaca en la zona por sus paredes de color amarillo y su pequeño campanario. La estampa no hace sospechar que se trata de un lugar en decadencia, foco de un conflicto que ha terminado en los tribunales.
Hace algunas décadas, en el convento de Wonnenstein vivían 40 religiosas. Sin embargo, como cuenta el medio suizo Swiss Info, hoy, solo queda una: la hermana Scolastica. Todas las demás se marcharon en 2014, cuando las hermanas cedieron los edificios a una asociación —formada, en su mayoría, por miembros de la sociedad estudiantil Bodania de la Universidad de San Galo— para que se encargara de su mantenimiento y renovación. Actualmente, está renovando la iglesia del convento, y los planes incluyen también espacios para una nueva comunidad religiosa, además de apartamentos, locales comerciales o incluso un restaurante.
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La hermana Scolastica vive sola en el convento. Sin embargo, para que una nueva comunidad pueda establecerse, ella debe marcharse, según la decisión que han tomado el obispado y el Vaticano, ya que una sola hermana no constituye una comunidad. Pero Scolastica desea quedarse y afirma que las hermanas no eran conscientes de las consecuencias cuando cedieron los edificios a la asociación.
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Esta última ha evitado pronunciarse sobre la disputa, pero el obispo de San Galo, Markus Büchel, responsable del convento, respalda sus decisiones y defiende que es posible que el espacio sea utilizado al mismo tiempo por una comunidad religiosa y tener otros fines turísticos o comerciales.
En los tribunales
En medio de este conflicto, la hermana Scolastica presentó una denuncia contra la asociación a cargo del monasterio para reclamar la devolución de su patrimonio personal, acumulado gracias a herencias y donaciones. Son cerca de 58.000 euros, que resguardaba la superiora del convento hasta su fallecimiento, y que ahora están en manos de la asociación. “Jamás pensé que algún día viviría un juicio desde que ingresé al monasterio, hace 60 años”, ha comentado la religiosa al diario 20 Minutos en Suiza.
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Pero el tribunal ha rechazado su petición. Y no solo eso: ha aceptado la contrademanda de la asociación y la monja deberá entregar su pensión de 1.300 euros mensuales a esta organización, que le proporciona alojamiento y comida. Sin embargo, el juez puntualizó: “Puede abandonar el monasterio en cualquier momento, en cuyo caso se le restituirán sus bienes.” Al ser consultada después del juicio, la hermana Scolastica comentó: “El veredicto no nos parece muy favorable, pero lo podemos aceptar”.
Ahora, su futuro es incierto. A sus 80 años, la hermana Scolastica puede verse obligada a abandonar el monasterio y buscar otro convento. “La asociación ha reservado una provisión para la hermana Scolastica en caso de que se una a una nueva comunidad monástica”, ha declarado el abogado de la asociación.
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