
La inflación ha disparado los precios de la compra, la gasolina y otros productos básicos. Lo sufren los ciudadanos en su día a día y, desde enero de este año, los 56.000 presos recluidos en los centros penitenciarios españoles. Sí, la subida de los precios también ha llegado al economato de las cárceles, que son como pequeñas tiendas que existen en cada uno de los módulos en los que se divide una prisión. Reclusos y funcionarios pueden comprar en ellos productos de alimentación, de limpieza, de droguería, tabaco, café, refrescos, bolígrafos y hasta pilas.
Desde Instituciones Penitenciarias reconocen a Infobae España que “el encarecimiento de la energía eléctrica, de los combustibles, la falta de contenedores, la disminución de las líneas marítimas, la pandemia y el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania han afectado a todos los sectores relacionados con la producción alimentaria”. Una realidad que no se puede obviar. Por eso, en enero de este año, el ministerio del Interior decidió que ya era hora actualizar los precios de los productos que se pueden adquirir en estos economatos, ya que la mayoría no habían sido actualizados desde antes de la pandemia de 2020.
Los productos más demandados en una cárcel son el café y el tabaco. Un café solo cuesta ahora 0,32 céntimos, un 33% más que hace un año. El café con leche vale 0,50 céntimos, una subida del 56%. En cuanto al kilo de café, se paga ya a 5,170 euros, un incremento del 54%. El litro de leche se puede comprar por un euro, un 40% más. Los centros penitenciarios tienen la consideración de expendeduría de tabaco, “por eso los precios de venta son los establecidos oficialmente por el Ministerio de Hacienda y están homologados para todos los centros ubicados en la península, Baleares, Ceuta y Melilla”, explican desde Interior.
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Hay otros productos que también han subido. Una Coca-Cola cuesta 0,63 céntimos, un 18,8% más; y una pila vale 21 céntimos, una subida del 16%. Lo único que no se han incrementado ha sido la botella de agua, que tiene un precio de 34 céntimos, uno menos que el año anterior. “Los precios de los diferentes productos son los mismos con independencia del área geográfica donde se ubique el centro penitenciario, salvo en el caso de adquisiciones que hagan los establecimientos a modo local, que representan menos de un 1% del total de productos vendidos”, aclaran desde Instituciones Penitenciarias, dependiente del ministerio del Interior.

El departamento dirigido por Fernando Grande-Marlaska insiste que la subida de precios ha venido motivada porque “desde el ejercicio 2020, los cambios económicos mundiales sucedidos como consecuencia de la covid-19 y su fuerte impacto en el comercio y producción de los componentes de las elaboraciones de cafetería han provocado un fuerte aumento de los precios de las materias primas ofertados por los proveedores, aunque desde la Entidad se ha evitado que esto repercutiera en el economato hasta el vigente ejercicio.
Hay que recalcar que un economato es una especie de pequeño ultramarino. Hay productos que no se pueden comprar en ellos, pero que los reclusos pueden solicitar “a través del servicio de demandadero, mediante una instancia”, señalan fuentes penitenciarias. Si estos productos solicitados no atentan contra las normas de seguridad de la prisión, se autorizan. Por ejemplo, televisores. Muchos internos los tienen en sus celdas. Los presos no pueden tener dinero físico dentro de la cárcel. Para comprar en el economato utilizan una tarjeta de peculio, que es como una tarjeta monedero donde sus familiares –o allegados autorizados– les pueden ingresar dinero. Pueden recibir hasta 100 euros por semana. Es la tarjeta que utilizan también para llamar por teléfono desde dentro del centro penitenciario.
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Cada módulo suele tener dos economateros, que son internos que han generado cierta confianza en el centro penitenciario. Deben responder de cualquier incidencia que se produzca en el inventario semanal (recuento de productos vendidos y existencias). Los economatos suelen abrir entre las 9 y las 10:30 de la mañana, justo después del desayuno y del reparto de medicación, así como después de la comida y la cena. Por este trabajo estos reclusos reciben una pequeña retribución.
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