
Una vez que conoció la hoja de ruta prevista para él en este US Open, Matteo Arnaldi tuvo muy claro cuál era su meta a alcanzar, como mínimo, en el último Grand Slam del curso tenístico: los octavos de final. Al cumplir su deseo, el italiano, de 22 años, verbalizó el porqué de esa obsesión: quería medirse a Carlos Alcaraz. “Cuando vi el cuadro, mi principal objetivo era jugar contra él, pero nunca había jugado antes con el número uno del mundo. Es algo loco que pensar teniendo en cuenta dónde estaba yo a principios de año y dónde estoy ahora. Intento ir partido a partido y disfrutar de este momento”, reconoció al concretarse su presencia, por primera vez, en la segunda semana de un grande.
De la misma generación que Jannik Sinner (de hecho, es apenas unos meses mayor), Arnaldi manda un aviso al vigente campeón del Abierto de Estados Unidos antes de medirse a él este lunes: “Siempre me ha gustado este sitio, he jugado bien aquí desde júnior”. Nadie puede negar la evidencia durante la presente edición del torneo, puesto que viene de eliminar a un Top 20 como Cameron Norrie en tres sets (6-3, 6-4, 6-3). Lo hizo tras un partido maratoniano contra Arthur Fils (3-6, 7-5, 7-6, 5-7, 6-4) y, al igual que le ocurrió a Alcaraz, una primera ronda breve frente a Jason Kubler, por retirada (6-3, 1-0).
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El desafío por excelencia para el de San Remo llega ahora, y su intención es no ser una mera comparsa ante Alcaraz. “No quiero decir que jugamos de una forma muy similar, pero él es muy físico y creo que yo también lo soy un poco. Intento jugar tanto como puedo, alargar el partido lo máximo posible. Espero que sea un buen partido, uno muy intenso, pero nunca se sabe”, confía. De hecho, no sería la primera vez en la que da la campanada con un Top 10 del circuito al otro lado de la red: este 2023, ya acabó con Casper Ruud, cuarto del ranking, en el Masters 1000 de Madrid.

Su concurso fue bueno tanto en la capital española como en Barcelona, en ambos casos en la tierra batida y, curiosamente, en España. Cierto es que no pasó de la segunda ronda, pero hablamos de una joven promesa a caballo entre los Challenger (ha ganado dos esta temporada) y los torneos de mayor categoría. Arnaldi ha terminado de explotar en Nueva York, aunque era un hecho que apuntaba maneras: fue uno de los participantes en la pasada edición de las Next Gen ATP Finals, que reúnen a las grandes promesas tenísticas.
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Devoción por el gimnasio y por su abuelo
Dos años mayor que Alcaraz, se encuentran dos similitudes muy claras entre Arnaldi y él si se repasa la biografía del transalpino. Para empezar, el próximo rival del español machaca su físico tanto o más que él. “Me encanta estar en el gimnasio, trabajar duro cada día y poner el máximo esfuerzo en cada aspecto de mi desarrollo. A veces, necesito que mi equipo me recuerde que tenga un día de descanso. Si no, estaría trabajando sin parar durante todo el año”, llegó a reconocer en una entrevista en Behind the Racquet. ¿Les suena de algo?
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En aquella ocasión, Arnaldi también contó cómo le ha apoyado siempre su entorno más cercano, en otro claro paralelismo con Carlitos: “Mi familia está unida y mi abuelo, que fue la primera persona que me puso una raqueta en la mano, aún está ahí viéndome y animándome en todos mis partidos”. Fue en sus inicios, a los 13-14, cuando el nuevo integrante del Top 50 en unos días –mejor clasificación que habrá ostentado– afrontó el que por ahora es el momento más comprometido que ha vivido en las pistas.
“Pegué el estirón muy tarde. Los otros jugadores eran mucho más grandes que yo, y eso fue algo con lo que tuve que luchar. Como no estaba tan desarrollado físicamente como los otros, sentía que yo era el pequeño, el que menos fuerza tenía”, se sinceró Arnaldi, que también detalló cómo se sobrepuso a aquello: “Intenté centrarme en otras cosas, como estirar, que me hizo superflexible, o trabajar más duro que los demás para ser capaz de aguantar más en la pista. Sentía que centrar la atención en lo que yo podía controlar me ayudaría a compensar mi físico más pequeño o menor energía”.
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Ahora que mide 1,85 y que ha completado su crecimiento, todo ese trabajo previo ha tenido recompensa para Arnaldi. Quien, como trata de hacer Alcaraz, quiere mantener los pies en el suelo ahora que las victorias se acumulan “un poco más”. “Si gano, estoy muy contento y quizá más amigable que cuando pierdo, pero siempre intento ser yo mismo y no dejar que los resultados afecten a mi actitud”, asevera. Ya tiene la prueba de fuego que tanto anhelaba en Flushing Meadows: queda en su mano aprovecharla de una forma u otra.
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