
Cuando a finales de los noventa irrumpió Sexo en Nueva York, había tan pocas ficciones protagonizadas por mujeres que inevitablemente se convirtió en un referente. No importaba que esas figuras femeninas estuvieran totalmente alejadas de la realidad, que vivieran en un mundo de fantasía en el que una columnista podía permitirse todo un armario repleto de ropa de alta costura y montones de zapatos de Manolo Blahnik. Pero lo cierto es que, al menos, hablaban sin tapujos de temas que hasta ahora no habían aparecido reflejados en pantalla y que tenían que ver con el deseo sexual femenino y con muchos de los tabúes asociados.
El pinchazo de las películas
La fórmula se agotó, y las películas que se hicieron después no contribuyeron en absoluto a que remontara. Sexo en Nueva York 2 estaba llena de situaciones sonrojantes y eso terminó por pasarles factura, sobre todo en una época en la que los personajes se habían quedado desfasados, algo que se constataría con la aparición de Girls poco después, en la que se hablaba de las mujeres desde una perspectiva generacional diferente y en la que, por supuesto, no había ni lujo ni cuerpos perfectos, algo que conectaba mucho mejor con la sensibilidad contemporánea.
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La idea de este regreso en formato miniserie daba la oportunidad de sacar a Carrie y compañía de la burbuja de principios de los dos mil, cuya imagen había quedado incrustada en el imaginario colectivo, y traerlas a la realidad actual, donde muchas cosas han cambiado. Ahora las tres amigas (después de la escisión de Miranda y la salida de Kim Catrall) son mujeres maduras instaladas en la cincuentena que se han adaptado a los nuevos tiempos, porque a modernas a ellas no les gana nadie. Pero en el fondo, las preocupaciones siguen siendo las de siempre: las diferencias entre sexo y amor, el compromiso en las relaciones, las ilusiones y las decepciones.
Qué ofrece la segunda temporada de ‘And Just Like That...?’
Por ahora, los dos capítulos que ya están disponibles en HBO continúan en la misma línea de los episodios anteriores, como si el único interés estribara en una mera cuestión nostálgica que entronca con buena parte de la cultura popular contemporánea en el que todo es susceptible de ser rescatado o revisitado, ya sea Indiana Jones, aunque Harrison Ford tenga ya ochenta años, o Princesa por sorpresa. Es como si fuera imposible que simplemente las series terminaran sin más y los personajes tuvieran un final en la ficción, como si se necesitara explotarlos cada cierto tiempo.
Carrie (Sarah Jessica Parker) continuará buscando, como siempre, su lugar en el mundo después de la muerte de Mr. Big; Miranda (Cynthia Nixon) ya sabemos que salió del armario y busca estabilidad junto a Che (Sara Ramírez), mientras que Charlotte (Kristin Davis)... sigue siendo Charlotte.
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El primer episodio vuelve a recordarnos lo ricas y superficiales que son todas. Seguimos sin entender cómo gana tanto dinero Carrie solo por tener un programa de radio o un podcast, pero lo cierto es que si alguien inventó la palabra influencer en los noventa, esa fue ella. La MET o yo, que así se llama este capítulo inaugural, nos presenta a las protagonistas eligiendo sus vestidos para ir a la gala del postureo, aunque lo importante serán, como siempre, las conversaciones y las enseñanzas que saquen de sus miserias cotidianas que no dejan de ser simples problemas del primer mundo.
Afortunadamente, también se recuperan los momentos de humor: Carrie negándose a patrocinar en la radio un producto para la sequedad vaginal, rupturas traumáticas con el peluquero de confianza, niñas vendiendo su ropa en The RealDeal (como un Wallapop de marcas), suegras metomentodo, Miranda perdiendo el móvil en la playa y rebuscando en la basura. Mientras, esperamos la aparición de Aidan (John Corbett), como adelantaba el tráiler, uno de los grandes amores de Carrie. De nuevo, lo conocido, la nostalgia.
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