Ticmas y la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) llevaron adelante una jornada dedicada a reflexionar sobre educación y empleabilidad en el auditorio ubicado en el hall central de la Feria del Libro.
Especialistas y representantes de distintas áreas relacionadas con el ambiente empresarial y el académico subieron al escenario para hablar sobre los desafíos que atraviesan los jóvenes a la hora de insertarse en el mundo laboral.
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En ese marco, el director ejecutivo de la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA) Alfredo Paseyro dialogó con Patricio Zunini acerca del rol del sector agropecuario en la formación y capacitación de jóvenes para poder introducirlos en la industria.
Sobre semillas, inteligencia artificial y biotecnología
“Una semilla es un cúmulo de conocimientos de distintas disciplinas aplicados para producir en cantidad y calidad”, explicó Paseyro al comenzar la charla, alejándose de la definición científica. “Todo lo verde que vemos en la ciudad o en el campo parte de una semilla”, explicó.
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Según el especialista, cada semilla condensa innovación genética, ingeniería, ciencia de datos y biotecnología. Esa evolución técnica es tan profunda que hoy las semillas que alimentan al mundo ya no son las mismas que generaba la naturaleza sino que fueron mejoradas y adaptadas con ciencia.
Sobre esto, Paseyro señaló el rol de la inteligencia artificial en el perfeccionamiento de las semillas: “Para nosotros la inteligencia artificial es una herramienta. El sector semillero es innovador por sí mismo, entonces cualquier cosa que se nos presente la tomamos como una oportunidad”, afirmó y valoró la capacidad de estas nuevas tecnologías de acortar los tiempos de trabajo y mejorar los procesos.
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Sin embargo, esta herramienta también tiene sus cuestionamientos: “Obviamente genera la preocupación de que va a reemplazar puestos de trabajo. Ahora también se habla de ética, la ética dentro de la semilla”, aclaró. Igualmente, Paseyro volvió a hacer foco en su beneficio como herramienta y explicó que lo que marque la diferencia entre ayuda o amenaza va a depender del uso que le demos los humanos.
Además, al ser consultado sobre la biotecnología y la capacidad de tocar las cadenas de ADN, Paseyro explicó la diferencia entre dos técnicas actuales: los organismos genéticamente modificados (OGM) y la edición génica. Ambas técnicas apuntan a generar mayor productividad y sustentabilidad.
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Por un lado, los OGM implican la incorporación de un gen externo para brindar una nueva capacidad (por ejemplo, tolerancia a herbicidas o resistencia a insectos). Por otro lado, la edición génica es una tecnología más reciente y precisa que trabaja sobre el propio ADN de la semilla, activando o desactivando genes ya presentes, según la característica que se esté buscando.
Argentina, ¿semillero del mundo?
A pesar de las dificultades económicas, Paseyro es optimista sobre el futuro del sector: “Argentina tiene empresas sentadas en la mesa a nivel global en eventos biotecnológicos”, señaló. Aunque no dejó de resaltar que la competencia es dispareja, sobre todo cuando nos comparamos con nuestros vecinos. “Brasil tiene políticas claras e incentiva a la agroindustria, es el principal productor y exportador mundial”, explicó.
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En cuanto a nuestro país, Paseyro dijo que “lo que necesita Argentina es previsibilidad, estabilizar la macro y poner en valor lo que somos”. Actualmente, la inversión en investigación y desarrollo es baja: solo el 0.6% del PBI, frente al 4% o 5% de los países desarrollados, según explicó el especialista.
La importancia de cultivar la educación
Uno de los puntos clave de la charla fue la generación de talento o la formación de profesionales. Sobre eso, Paseyro afirmó que hoy la semilla está tan tecnificada que se necesitan especialistas para poder trabajar en su desarrollo.
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Sin embargo, existen varios desafíos: “Necesitamos una educación permanente y sistémica, pero también modular”, señaló Paseyro y remarcó que no todos los chicos que comienzan una carrera la terminan. “Trabajamos en la mesa de la OEI para ver que por lo menos tenga un oficio, algo que pueda hacer”, afirmó sobre aquellos chicos que, forzados o no, abandonaron su educación.
También señaló la importancia de dar visibilidad al sector agropecuario: “El campo tiene el mito del productor, del terrateniente. Eso no existe, mucho menos en nuestra industria”, señaló y advirtió sobre la desconexión existente entre el campo y la ciudad. Por ejemplo, mientras en ciudades del interior como Venado Tuerto existen centros tecnológicos que nutren a las empresas de jóvenes bien formados, la Ciudad de Buenos Aires, que tiene mucho conocimiento, no tiene esa articulación con el agro.
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Otro desafío está en lograr un vínculo fluido entre el Estado, el sector privado y el sistema educativo. Paseyro explicó que existen colaboraciones con organismos como el INTA, el Conicet y universidades, pero que todavía hay margen para potenciarlas. En ese sentido, destacó el rol de la Secretaría de Agricultura en la estrategia para posicionar al país como líder regional en innovación agropecuaria, a través del área de biotecnología.
Para finalizar, Paseyro dejó una reflexión sobre la importancia de volver a entusiasmar a los jóvenes. Sobre eso, señaló que Argentina cuenta con jóvenes formados, con capacidad de decisión y vocación, además de sistemas productivos calificados. “Este puede ser que sea el momento de entusiasmar de nuevo a los jóvenes. Somos un país maravilloso”, afirmó para concluir.
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