Lisa Marsh Ryerson: “Si dejamos de innovar en educación, condenamos a las futuras generaciones”

En diálogo con Ticmas durante el IFE Conference, la presidenta de la Southern New Hampshire University destacó la importancia de la educación como motor de desarrollo y la necesidad de modelos más flexibles y accesibles

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Lisa Marsh Ryerson, presidenta de
Lisa Marsh Ryerson, presidenta de la Southern New Hampshire University (Foto: Cortesía del Tec de Monterrey)

La aceleración tecnológica, el auge de la inteligencia artificial y la necesidad de nuevas competencias para el mundo del trabajo exigen un cambio profundo en los modelos tradicionales de enseñanza y aprendizaje. En este contexto, las universidades deben redefinir su rol: ya no basta con transmitir conocimiento, sino que es necesario garantizar que los estudiantes desarrollen habilidades aplicables, que la investigación académica tenga un impacto real, que el acceso a la educación no dependa de la geografía o la economía de cada país.

Lisa Marsh Ryerson es presidenta de la Southern New Hampshire University (SNHU). Con más de 200.000 estudiantes en todo el mundo, la SNHU es una de las universidades sin fines de lucro más grandes de Estados Unidos y un modelo en la implementación de educación en línea y programas de aprendizaje flexible. Marsh Ryerson fue una de las invitadas más destacadas de la 11° edición del IFE Conference, el congreso internacional de innovación educativa que organzia el Instituto para el Futuro de la Educación, del Tec de Monterrey, y en ese marco habló con Ticmas de los desafíos de la educación superior.

En la entrevista, Ryerson respondió con franqueza acerca de las dificultades e incertidumbres que atraviesa la educación a nivel global. Pero también planteaba la idea de que la innovación no es solo una estrategia, sino una obligación para quienes trabajan en educación.

La inteligencia artificial parece haber cambiado las reglas del juego en la educación. ¿Realmente estamos viviendo un momento tan disruptivo como la invención de la imprenta o la llegada de internet?

—Sí, yo creo que sí. La inteligencia artificial puede ser tan transformadora como lo fueron la rueda o la imprenta en su momento. Y como toda gran innovación, nos obliga a hacer preguntas fundamentales. ¿Cómo garantizamos que la IA amplíe las oportunidades de aprendizaje en lugar de concentrarlas en pocas manos? ¿Cómo evitamos que profundice las desigualdades existentes? ¿Cómo nos aseguramos de que las universidades sigan cumpliendo su misión en un mundo que cambia tan rápido? Son preguntas difíciles, pero es nuestra responsabilidad plantearlas y buscar respuestas.

En algunos países de Latinoamérica, con una economía en crisis, se discute la necesidad de invertir en ciencia. Se dice que, como los científicos no generan ganancias, en una emergencia económica hay otras prioridades. ¿Qué podría responder a este argumento?

—¡Claro que necesitamos científicos! Esa discusión parte de una idea equivocada sobre qué es la ciencia y qué papel juega en la sociedad. Un gran ejemplo es el GPS: una tecnología que nació como un proyecto de investigación sin una aplicación comercial inmediata, pero que hoy está en nuestros teléfonos, en el transporte, en la logística global. Sin la ciencia, el desarrollo tecnológico no es posible. Lo mismo ocurre con la educación. Si dejamos de innovar en educación, condenamos a las futuras generaciones a quedarse atrapadas en un modelo que ya no responde a las necesidades del mundo actual.

La educación es una de las grandes innovaciones de la humanidad, pero no siempre se la reconoce como tal. ¿Por qué cree que ocurre esto?

—Damos por sentada la educación. No la vemos como una tecnología o como una innovación porque está presente en todas partes. Pero si pensamos en su evolución, vemos que ha sido un factor clave en el desarrollo de las sociedades. La forma en que aprendemos ha cambiado a lo largo de la historia y seguirá cambiando. Lo que debemos preguntarnos es si estamos diseñando sistemas educativos que realmente preparen a los estudiantes para lo que viene.

Cada vez se habla más de aprendizaje continuo, microcredenciales y certificaciones alternativas. ¿La universidad tradicional sigue siendo relevante?

—Depende. La educación universitaria sigue siendo valiosa, pero no puede ser la única opción. Necesitamos que las universidades se adapten, que entiendan que la educación no es un evento único en la vida de una persona, sino un proceso que nos acompaña siempre. En SNHU trabajamos con estudiantes que tienen 18 años y con otros que tienen 50 o 60. Lo importante es que cada uno encuentre el camino que le permita seguir aprendiendo y creciendo profesionalmente.

Hay una brecha entre los países central, que producen conocimiento, y los periféricos, que sólo lo consumen. ¿Las universidades de los países centrales tienen una responsabilidad en este sentido?

—Yo creo que todos tenemos la responsabilidad de aprender. Y aprender implica abrirse a otras perspectivas, reconocer que el conocimiento no viene de un solo lugar. En SNHU, nuestros estudiantes provienen de muchas culturas y contextos diferentes. Eso nos obliga a escuchar, a entender otras realidades. No se trata solo de lo que Estados Unidos puede enseñar, sino de lo que podemos aprender de lo que está ocurriendo en México, en Argentina, en cualquier país donde haya personas comprometidas con la educación. El intercambio es lo que nos hace crecer.

Si tuviera que dar un consejo a un joven de 17 años que hoy está eligiendo qué estudiar, ¿qué le diría?

—Le haría una pregunta: “¿Qué te interesa?”. Lo más importante es aprender sobre algo que realmente te motive. Puede ser un oficio, una carrera universitaria, una formación técnica. Lo fundamental es seguir aprendiendo. La educación no tiene que ver solo con conseguir un título, sino con desarrollar habilidades que te permitan adaptarte y encontrar nuevas oportunidades.

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