
Se llama Claire Hazel y, como muchos venezolanos, ha debido dejar su país en busca de una situación más estable y segura. Lleva casi 15 años de docencia; ahora con niños panameños, donde está radicada. Encuentra en la condición de migrante, sin embargo, una potencia que lleva al aula: “Me da la libertad de experimentar con la cultura y de conocer gente”, dice. Y sigue: “Me nutre como profesional. Nosotros no podemos ser profesores nada más. Hay que impartir un poco de la cultura que estamos aprendiendo y compartir los aprendizajes que recibimos de las personas con las que entramos en contacto”.
Claire visitó el Congreso TESOL de Colombia, un evento que se dedica al trabajo de los docentes de inglés. Ella, justamente, da clases de idiomas a niños de 8 a 14 años. Edades que provocan una cadena de desafíos, tanto para ella como para sus estudiantes. “Es una población cambiante”, dice, “pero la parte innovadora de la enseñanza es sumamente importante para ellos”. Y ahí entra con una fuerza arrasadora la tecnología: “Estos niños tienen un aparato frente a ellos desde antes de que cumplieran un año. Creo que aplicar la tecnología en el salón de clases es un imperativo: necesitamos esa herramienta para que los estudiantes se puedan identificar con los saberes de una manera más auténtica y personalizada. Porque, sobre todo en el caso del inglés, muchas veces los estudiantes —y más estos, que son niños—, están estudiando porque es un deseo de los padres”.
—¿Se pueden considerar que el inglés y la tecnología son dos idiomas globalizantes?
—Sí, claro. Y además la tecnología facilita el proceso. Para mí, dar clases a través de internet fue un proceso de adaptación, porque siempre estuve acostumbrada a las clases presenciales. Pero es una buena plataforma con la que los chicos se van familiarizando con el futuro. Este sistema ayuda tanto al estudiante como al profesor. Hay que entrenar a las personas y ayudarlas para utilizar la tecnología con un conocimiento más profundo.
—¿Cómo evalúas el aprendizaje de tus estudiantes a partir de las innovaciones en el aula?
—Yo necesito la retroalimentación en el momento. Necesito lo que ellos me dejan para mejorar, entender, perfeccionar. En términos numéricos, yo no aplico exámenes. Lo mío es persona a persona; la interacción es más efectiva. Yo no califico, sino que evalúo dónde necesitan ayuda. Ni siquiera me gusta la palabra “corregir”, porque me gusta, no ver las deficiencias sino as virtudes y las posibilidades. Creo que las notas son algo riesgoso con los estudiantes, porque ven las malas notas y enseguida se desaniman. Lo mío es aplicar un fine tunning, una especie de ecualización. Es una manera más orgánica y natural de enseñar.
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