Laura Diz es la presidenta de la Asociación Altas Capacidades Argentina, una asociación civil que se dedica a capacitar, informar y difundir la temática para lograr la plena atención a las necesidades educativas específicas y la inclusión de los niños con altas capacidades en las escuelas del país.
La pregunta sobre cómo actuar frente a los estudiantes superdotados, talentosos y con altas capacidades no suele hacerse con frecuencia en la escuela. Tal vez porque la educación atiende con urgencia especial otras problemáticas. O, tal vez, como dice Diz, porque es algo de lo que no se quiere hablar.
“Es un tema rodeado de mitos”, dice, “y es mucho más fuerte el mito que la realidad. Se piensa que son chicos y chicas con problemas sociales, que no se pueden vincular, que son nerds, que los papás los obligan a estudiar todo el día. Y, aunque no suene tan lindo, es una neurodiversidad”.
—¿Por qué decís que es una neurodiversidad?
—Porque sus cerebros se desarrollan de manera distinta. Funcionan distinto. No se puede fabricar un chico con altas capacidades. Las conexiones neuronales son mucho más rápidas.
—¿La escuela está preparada para niños de altas capacidades? La crítica habitual es que la escuela “plancha” para abajo y que los chicos que termina primero se aburren y molestan en el aula.
—Es una pregunta amplísima. El niño no genera un malestar en el aula, sino que la propuesta educativa no es motivante para estas capacidades. La capacidad que sea; en este caso hablamos de altas capacidades. ¿La escuela está preparada? Sí. Tiene todas las herramientas para trabajar con los chicos de altas capacidades. El inconveniente es que no saben cómo aplicarla. El aprendizaje basado en proyectos, el aula invertida, el trabajo en equipo, el trabajo en grupo, el que se puedan expresar libremente las ideas, instalar debates desde donde cada uno, desde su capacidad, pueda aportar lo suyo… Si la oferta que tengo es estandarizada, los que estén por encima o por debajo van a planchar.
—¿Cómo se hace para reconocer un chico con altas capacidades?
—Primero tenemos que volver a la comunidad educativa, donde familia y escuela trabajen juntas. La escuela, en el punto en que no está preparada, es que sigue enseñando de la misma manera que hace 20, 30, 40, 50, 200 años, y hoy tenemos niños digitales que piensan rápido, que acceden directamente a algo cuando lo buscan, que no tienen la capacidad de espera que teníamos nosotros. Nos damos cuenta porque son chicos que razonan distinto y más profundamente. ¿Son rápidos? Sí, pero la mayoría de los chicos es rápida hoy en día. Tienen intereses distintos, y, cuando van a ese interés, van más profundamente. Uno te puede hablar de los dinosaurios, pero otro te sabe cómo era el pelaje, quién lo encontró, el lugar exacto, las características, lo que comía, cómo se relacionaba con otros dinosaurios. Esto por tomar un tema. Piensan distinto, sienten distinto y aprenden distinto.
—Y no es obligatorio que sean buenos en matemáticas. Me refiero a la división estereotipada entre culto, que es el que sabe de literatura y ciencias sociales, e inteligente, que es quien resuelve cálculos matemáticos.
—La alta capacidad es una manera distinta de pensar, de razonar, de sentir intensamente. Puede tener esta alta habilidad o capacidad en cualquier área de desarrollo o función cognitiva: en la matemática, en lo verbal, en lo quinestésico. O no, si no se le da la oportunidad. Hay una parte traída y otra parte adquirida. Yo le tengo que abrir la puerta para que este adolescente tenga la oportunidad de desarrollar la habilidad que la tiene. Si no le abro una puerta, esa habilidad no va a desarrollarse.
—¿Tenemos que sacar al “genio” del aula normal?
—No. En la vida te vas a encontrar gente con todas las capacidades, con todas las habilidades, con todas las personalidades. Los chicos y chicas con cualquier diversidad tienen que crecer junto a otros, aprender a conocerse, aceptarse, tolerarse. No puedo meter en un aula a todos los chicos con TEA, en otra aula a todos los chicos con dislexia y en otra a todos los chicos con altas capacidades. Nos enriquecemos con las diferencias. Está comprobado que cuando hay un niño con alta capacidad —que hay 15 cada 100—, se eleva el nivel completo del aula. ¿Por qué? Porque al hacer preguntas diversas, al tener un pensamiento divergente, al tener intervenciones no esperadas y sacar de la zona de confort al docente y a los compañeros, hace que el resto también despierte. Y que intenten también buscar su propio techo.
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