
La pobreza alcanzó en el primer semestre a casi seis de cada diez personas que viven en el conurbano bonaerense mientras que la indigencia en esos partidos de la provincia de Buenos Aires más que se duplicó en el último año, al 22,7%, según informó este jueves el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec).
En esta región hay 7.741.446 de pobres de los cuales 2.939.274 son indigentes, por lo que se concentran más del 50% de los argentinos que se encuentran en esa situación a nivel nacional.
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Los datos arrojan que en el Gran Buenos Aires (GBA) el 42,9% de los hogares (2.321.926)y el 52,8% de las personas son pobres (8.437.209). En esa región el 14,8% de las familias (802.876) y el 19,8% de las personas son indigentes (3.164.044).
En el GBA viven el 53% de los 15.685.603 de personas pobres en los 31 aglomerados urbanos relevados por el organismo estadístico y el 58,8% de los 5.379.588 de indigentes a nivel nacional.
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Al quitar de ese análisis a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) para hacer foco en el cuadro social del conurbano bonaerense se observa un gran deterioro.
En esos partidos de la provincia de Buenos Aires la pobreza alcanzó al 50,1% de los hogares (2.068.435) y al 59,7% de las personas ( 7.741.446). Es ahí donde se concentran casi la mitad de los pobres a nivel nacional.
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La indigencia representa al 17,5% de las familias (720.888) y al 22,7% de la población (2.939.274) en el conurbano. Es allí donde viven el 54$ de los indigentes del país.
En el análisis de los aglomerados urbanos por regiones durante el último año se puede observar que fue en Formosa donde más creció la incidencia de la pobreza: pasó del 29,7% al 67,6%, un salto de casi 40 puntos porcentuales. Le siguió La Rioja, que pasó del 39,6% en el primer semestre de 2023 al 66,4% en el mismo período de este año.
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En tercer lugar quedó Tierra del Fuego (Río Grande y Ushuaia) en donde la pobreza saltó del 25,4% al 48,6% en el último año, un incremento de 23,2 puntos porcentuales, seguido por Santa Cruz (20,3 puntos) y Misiones (20 puntos).
A nivel nacional, la pobreza avanzó hasta 52,9% en el primer semestre del año y así alcanza a 24,9 millones de personas en todo el país. Implica una suba de 11,2 puntos porcentuales respecto al cierre del año pasado, que había sido de 41,7% en el momento del cambio de Gobierno y de 12,8 puntos en comparación con un año atrás, cuando había sido de 40,1 por ciento. Esto representa, además, el dato más alto desde 2003.
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Los números oficiales dan cuenta también de un empeoramiento en la tasa de indigencia. Así, el 18,1% de la población de todo el país no pudo tener cubiertas las necesidades alimentarias básicas, lo que representaría 8,5 millones de personas. También implicaría una suba marcada respecto a los últimos índices: seis meses antes este número era de 12% y de 9,3% un año atrás.
Es la primera medición del gobierno de Javier Milei. Respecto de un año atrás, 6,2 millones de habitantes se sumaron al universo que con su ingreso no pudo comprar la canasta básica total de alimentos y servicios básicos. Y se incrementó en 4,2 millones la población que no llegó a cubrir el valor de la canasta básica alimentaria, es decir que tuvieron problemas para alimentarse, pese a los planes de asistencia social.
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Otro dato relevante es lo que en el informe oficial se suele presentar como la “brecha” de pobreza y de indigencia. Esto es: qué tan cerca o tan lejos están los pobres y los indigentes que viven en la Argentina, en términos de ingresos, de poder salir de esa situación.
Esas cifras también son críticas: en promedio en el primer semestre un hogar pobre tuvo ingresos 42,6% por debajo de lo necesario para dejar de serlo. Una distancia de algo más de $300.000. Para el caso de la brecha de indigencia, fue de 33,4%, lo que equivale a decir que un hogar que no llega a cubrir la canasta alimentaria requirió $116.000 más en promedio para no ser indigente.
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El primer semestre del año fue atravesado por esa escalada inicial de la inflación de los primeros meses del año, hasta un ritmo de suba de precios que se asentó en el orden del 4% mensual desde mayo. Hubo, en paralelo, una caída marcada del poder de compra de los salarios, que también comenzó a recuperar terreno en la medida en que desaceleraba el índice de precios, aunque no llegó a compensar enteramente lo perdido en el último año.
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