
El Silicon Valley Bank (SVB) de California fue clausurado el viernes por los reguladores y puesto bajo la supervisión de la Corporación Federal de Seguros de Depósitos (FDIC), tras unos días tumultuosos que incluyeron un llamado fallido de capital y una ola de retiros de fondos por parte de los depositantes.
Tal revuelo generó la crisis del SVB que el propio presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, se comprometió a hacer “rendir cuentas” a los responsables de la quiebra, al mismo tiempo que intentó tranquilizar a la población sobre la seguridad de sus depósitos.

¿Qué pasó con el SVB?
La rapidez con la que SVB desapareció fue especialmente impactante. El martes pasado, el CEO de la entidad, Greg Becker, se encontraba en una conferencia de inversores respondiendo preguntas sobre cómo se relajaba en su vida personal y, tan solo unos días después, el banco que dirigía se había derrumbado.
Gracias a su posición como el banco líder en tecnología, SVB se ha beneficiado enormemente del auge de Silicon Valley en los últimos años. A medida que los capitalistas de riesgo recaudaban enormes fondos y los invertían en nuevas empresas que hacían negocios con la entidad bancaria, miles de millones de dólares en depósitos fluían hacia el banco.
“Impulsados por el auge de la financiación de capital de riesgo, muchos de los clientes de Silicon Valley Bank se llenaron de efectivo durante 2020 y 2021. Entre finales de 2019 y el primer trimestre de 2022, los saldos de depósitos del banco se triplicaron con creces a USD 198.000 millones (incluido un pequeña adquisición de Boston Private Financial Holdings). Esto se compara con el crecimiento de depósitos de la industria de “solo” 37% durante el período”, dijo Marc Rubinstein, experto en servicios financieros, en su blog personal donde trata temas de la industria Net Interest.

En circunstancias normales, un banco puede convertir los depósitos en préstamos para sus clientes. Sin embargo, debido en parte al auge tecnológico, hubo poca demanda de préstamos por parte de los clientes de tecnología del SVB.
Por lo tanto, el SVB decidió invertir ese efectivo en títulos de deuda: más que nada bonos del Tesoro e hipotecas. Cuando los bancos hacen esto, deben decidir si los mantendrán a largo plazo, en cuyo caso se considerarán activos “mantenidos hasta el vencimiento” (HTM), o si estarán disponibles para la venta en cualquier momento, en cuyo caso se consideran activos “disponibles para la venta” (AFS).
En términos generales, los activos HTM no tienen que ser valorados al precio de mercado, lo que significa que su valor no aumenta ni disminuye con las tasas de interés o el mercado en general. Los activos AFS, en cambio, son mucho más volátiles, ya que su valor en el balance sube y baja con el mercado. Como resultado, las carteras de AFS tienden a ser administradas activamente por el banco.
“El banco invirtió la mayor parte de estos depósitos en valores. Adoptó una estrategia de dos vertientes: proteger parte de su liquidez en valores disponibles para la venta de duración más corta, mientras buscaba rendimiento con una cartera de valores mantenidos hasta el vencimiento de mayor duración”, explicó Rubinstein.
“Sobre la base de los costos, la cartera AFS de menor duración creció de 13.900 millones de dólares a fines de 2019 a USD 27.300 millones en su punto máximo en el primer trimestre de 2022. La cartera HTM de mayor duración creció mucho más: pasó de USD 13.800 millones a USD 98.700 millones”, agregó el especialista.
La mayoría de los activos HTM de SVB se encontraban en bonos del Tesoro y bonos hipotecarios. A medida que las tasas de interés aumentaban, el valor de estos activos disminuía. Sin embargo, como estos activos se mantuvieron hasta su vencimiento, las pérdidas en papel no se registraron en el balance del banco. Con el tiempo, estos activos madurarían y desaparecerían por completo del balance.

Pero cuando el auge tecnológico de Silicon Valley comenzó a menguar, los clientes del SVB empezaron a pedir que se les devolvieran algunos de sus depósitos, y tal como detalla Rubinstein, uno de los inconvenientes del banco fue su concentración clientelar, “en su nicho, todos sus clientes se conocen entre sí”.
Esto se sumó a que el SVB no contaba con muchos clientes, “a finales de 2022, tenía 37.466 clientes de depósito, cada uno con más de USD 250.000 por cuenta”, dijo Rubinstein, por lo que los pedidos de devolución representaron una suma de dinero que el banco no tenía.
Entonces el SVB se encontró en un punto crítico donde comenzó a vender algunos de los valores en los que había invertido para conseguir liquidez y así devolverles los depósitos a sus clientes, no podía vender los activos HTM, debido a que las pérdidas habrían aniquilado por completo el capital del banco.
Entonces vendió 21.000 millones de dólares en bonos de su cartera AFS, asumiendo una pérdida de USD 1.800 millones en el proceso y buscando recaudar fondos de los inversores para compensar la pérdida.
Desafortunadamente para el banco, la llamada de capital no tuvo éxito dejando un vacío en el balance de SVB que derivó en la posterior quiebra de la entidad californiana.
Para entender mejor lo que sucedió hay que comprender lo que se conoce como “transformación de plazos”, en términos generales, obtienen préstamos a corto plazo, por ejemplo, a través de los depósitos de sus clientes, y conceden préstamos a largo plazo, como por ejemplo un préstamo hipotecario a pagar en 20 años.
En esta operatoria es fundamental que las entidades gestionen adecuadamente su liquidez para poder cumplir con los compromisos a corto plazo en caso de que muchos depositantes quieran retirar sus fondos repentinamente, que es lo que le sucedió al SVB.
Tal como explica Insider, lo que sucedió fue una corrida bancaria “tradicional”, el principal desacierto del SVB fue cuando decidió invertir una gran cantidad de dinero en valores mantenidos hasta el vencimiento en un momento donde las tasas son históricamente bajas.
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