
El presidente de Brasil, Luiz Inácio “Lula” da Silva, quien acaba de reunirse en la Casa Blanca con el presidente de EEUU, Joseph Biden, logrando en solo 40 días la foto con el presidente norteamericano que Alberto Fernández no pudo tener en más de 3 años de gestión, profundizó a la vez su cruzada contra la independencia del Banco Central de su país, lo que compromete la credibilidad de la institución para continuar abatiendo la tasa de inflación del país, tras el casi 11% anual que había alcanzado a mediados del año pasado.
Lula mezcla así una dosis de pragmatismo político con otra de impaciencia y probable populismo económico al minar la confianza en la estabilidad del presidente del Banco Central brasileño, Roberto Campos Neto, un profesional respetado que en los últimos meses logró reducir sustancialmente la inflación, pero cuya continuidad en el cargo parece ahora cuestionada por Lula y sus principales aliados en el Congreso.
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Básicamente, Lula dice que la actual tasa Selic “de referencia” de la política monetaria, en 13,75% anual, impide el crecimiento de la economía. “No es posible que el país vuelva a crecer con esta tasa”, dijo el presidente brasileño en una entrevista con medios “alternativos”, y agregó que “este ciudadano” –en hostil referencia a Campo Neto- “debe explicaciones al Congreso”.
“Una vergüenza”
Lula recordó que Campos Neto había sido elegido por el Senado y “tiene la oportunidad de madurar, pensar y saber cómo cuidar de este país”. No es una referencia alentadora. Días antes, en la toma de posesión de Aloizio Mercadante, un economista ligado al PT, el partido de izquierda de Lula, como presidente del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes), había calificado la tasa Selic del 13,75% como “una vergüenza”. Poco después, el diputado Guilherme Boulos, del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), un aliado del presidente, preguntó, retóricamente. “Lula fue elegido presidente por más de 60 millones de brasileños, ¿quién eligió a Campos Neto?”. Además, calificó al respetado funcionario como un “infiltrado” del expresidente Jair Bolsonaro.
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A sus 77 años Lula quiere que la economía crezca fuertemente –este año apenas si lo haría- y es impaciente con la reticencia del Banco Central a reducir la tasa Selic, pues mantiene una “meta de inflación” del 3,25% anual. “No hay razón para mantener la tasa al 13,75%. Campos Neto quiere una inflación de estándar europeo. Tenemos que aspirar al estándar brasileño: una inflación del 4 o 4,5% es buena si la economía crece”, insistió Lula.

Tanta presión y cuestionamientos a Campos Neto y a la independencia del Banco Central (establecida en 2021) preocupan a los inversores y analistas internacionales, de lo que ya se hizo eco Financial Times, el influyente medio financiero, de negocios y política internacional, quien este sábado señaló que la conducta de Lula reencendió alarmas entre los inversores.
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“Para combatir la inflación se necesita credibilidad en las instituciones; esta amenaza de Lula juega en contra: ahora las tasas de interés y las expectativas de inflación están aumentando”, dijo Rafaela Victoria, economista de Interbank. Y Alessandra Ribeiro, de la consultora Tendências, también citada por el FT, agregó: “como es el presidente el que habla, genera un montón de incertidumbre y hay efectos inmediatos: las tasas de interés suben, el real se deprecia y la bolsa cae”. De hecho, agrega el periódico británico, muchos temen que el tercer gobierno de Lula se asemeje al de Dilma Rousseff, quien también presionó al Banco Central a adaptar la política monetaria a su agenda política y cuyo desmanejo de la economía fue una de las causas de la recesión entre 2014 y 2016, la más profunda de la historia de Brasil.
Remoción improbable, intervención posible
Si bien Lula dijo que esperará a que Campos Neto complete su mandato, que expira a fines de 2024, también cuestionó la utilidad de que el Banco Central sea independiente y tenga protección de las presiones políticas. Una remoción es considerada improbable, pero los cuestionamientos presidenciales son una luz verde a los ataques de sus aliados. Además, dijo Sergio Vale, economista jefe de MB Asociados, otra consultora, el gobierno podría tomar una medida intermedia, como cambiarle la “meta de inflación” al Banco Central a través del Comité de Política Monetaria, pese a que figuras como Luiz Fernando Figueiredo, un exdiretor de la institución, dice que se trata de “decisiones técnicas que no deberían dejarse llevar por una ola de populismo”.
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Si el Banco Central no fuera independiente, alertó, el dólar en Brasil ya valdría más de 6 reales (la cotización actual es de 5,22) y la actividad económica caería abruptamente. “Si las críticas de Lula no amenguan –dijo- impactarán en la economía”.
Pragmatismo político
La impaciencia y amago de populismo económico de Lula contrastan con su pragmatismo político, reflejado en su reciente visita a EEUU, para establecer una relación directa con Biden.
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Históricamente, la política exterior brasileña ha sido neutral y de hecho Brasil es uno de los miembros fundadores del BRICS, que inicialmente nucleó a Brasil, Rusia, India y China y más tarde a Sudáfrica. Aún así, en 2009, al conocerlo, Obama, tras conocer a Lula, dijo “amo a este tipo, es el político más popular de la tierra”.
Ese pragmatismo tercerista será más difícil de sostener en una geopolítica global de confrontación entre EEUU y China. Como recientemente indicó un editorial de The Economist, en noviembre pasado, cuando todavía Bolsonaro era el presidente de Brasil, Biden anunció que la Corporación de Desarrollo Financiero de EEUU invertiría USD 30.000 millones en la minera TechMet para producir en Brasil níquel y cobalto, dos de los “minerales críticos” de la llamada “transición energética”.
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En mayo del año pasado, todavía como candidato, Lula había dicho que el presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, era “tan responsable” de la guerra con Rusia como el invasor, Vladimir Putin. Pero hace pocos días, tras recibir la visita del canciller alemán, Olaf Scholz (que horas antes había visitado la Argentina), dijo que Putin había “cometido un error” al invadir Ucrania.
Lula ingresó recientemente a la Casa Blanca porque es confiable para Biden: que sea socio de Xi Jinping y Putin en el BRICS, no implica que acepte la historia trágica del Partido comunista de China y menos aún que ofrezca a Brasil como la puerta de entrada de Rusia en América Latina, como hizo el presidente argentino Alberto Fernández.
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