
El pico en la demanda de dinero que se repite cada fin de año y comienzo del siguiente hizo posible que el Banco Central comprara USD 1.000 millones en poco más de un mes, una racha compradora de recomposición de reservas que no se veía desde enero de 2020. Ese fenómeno estacional, la caída de la brecha cambiaria, un clima financiero externo benigno y la disparada del precio de la soja se combinaron para calmar el frente cambiario. El titular de la entidad, Miguel Pesce, respira: las expectativas de una devaluación abrupta en el corto plazo se diluyen.
La tensión cambiaria está lejos de desaparecer y, para analistas, la llegada de febrero con su habitual reversión en la demanda de dinero todavía aparece como un desafío. Pero, al menos, la situación en el presente es algo menos alarmante de lo que supo ser por ejemplo tan sólo un mes atrás.
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Hay varios factores jugando a favor de la tranquilidad de Pesce. Uno, la lenta recomposición de la que gozaron las reservas internacionales el último mes y fracción. Hace 24 ruedas que la autoridad monetaria no tiene que salir a cubrir con reservas propias la falta de oferta de divisas para importaciones y pagos de deuda. Más aún, en 22 de esas jornadas la demanda no alcanzó a hacerse con los dólares que ofrecían exportadores: es así que el Central pasó de vendedor a comprador.
Compró unos USD 295 millones sólo esta semana y más de USD 1.000 millones desde principios de diciembre.
También el contexto de hiperliquidez global y el repunte de las materias primas está dando una mano.
“De la mano del yuyito”, sentenció el informe semanal de la consultora Econviews, que conduce Miguel Kiguel.
“Con la soja a USD 520 la tonelada luego del reporte de ayer del USDA el panorama financiero cambia. Casi bajo cualquier supuesto de liquidación y sequía, el MULC va a recibir más dólares de los que se pensaban hace sólo algunas semanas. Esto tiene varias implicancias, pero la más urgente es que el salto cambiario que se veía como probable durante el verano ahora luce poco probable. Obviamente hay otros factores para tener en cuenta entre los que están la política y la pandemia”, analizó el reporte privado.
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A las compras las ayudan medidas heterodoxas, como por ejemplo las trabas endurecidas para la compra de divisas para importaciones y pagos de deuda, que se volvieron más celosas en las últimas semanas. Pero, al menos en el corto plazo, eso hizo caer la demanda por cobertura (que ya de por sí había quedado cubierta con la colocación de dos bonos dollar linked por parte del ministro de Economía, Martín Guzmán, en octubre pasado).
“Las expectativas de una devaluación brusca han bajado por varios motivos. Por un lado la férrea administración del tipo de cambio, tanto la normativa como del comercio exterior sumado a la intervención del dólar bolsa y el aumento de la tasa de devaluación efectiva de los últimos meses. A éste cúmulo de factores se sumaron la demanda de dinero de fin de año y los excepcionales precios de los granos que afortunadamente exportamos”, señaló Javier Marcus de Southern Trust.
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En el mercado de futuros de dólar, una plaza bastante limitada por el sinfín de regulaciones cambiarias, también se sintió la mayor calma relativa. Según datos de LBO, la tasa implícita en un contrato a futuro de un mes -el costo que pagan los privados por cubrirse contra un salto del dólar oficial- pasó del 79% que mostraba el 9 de diciembre pasado al 67% el 12 de enero. La baja en las tasas implícitas, si se quiere una medida de cuanto se teme que el dólar suba, se dio en todos los plazos.
“No sólo bajaron las tasas de los futuros de dólar, esto es el sobreprecio que los coberturistas están dispuestos a pagar sino que también bajo la posición comprada total en mas de un 20%. El desafío está en los próximos días, donde baja la demanda de dinero y aumenta la presión por el tipo de cambio a la espera del ingreso de dólares por las exportaciones de granos que llegan en marzo y abril”, advirtió Marcus.
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En la mesa cambiaria de un banco líder también admitieron que las expectativas de devaluación, si bien no desaparecieron, se relajaron considerablemente.
“Por las emisiones de deuda dollar-linked y la traba a las importaciones cae mucho la demanda de futuros de dólar”, explicaron, en referencia a que con menos importadores en la cancha es menor la necesidad de comprar seguros de cambio. “Y si encima el Banco Central compra dólares en el mercado mayorista, la gente dice ‘no devalúa’. Eso te impacta en las expectativas de que no van a necesitar devaluar ya y las empresas no pagan el seguro de cambio”, agregaron.
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