
El Brexit, la salida del Reino Unido de la Unión Europea, iniciada el 1 de febrero y en período de “transición” hasta fines de 2020, tendrá ganadores y perdedores a ambos lados del Canal de la Mancha.
Entre los potenciales perdedores están las industrias automovilística, aeronáutica, química y farmaceútica de las islas, sobre lo que ya alertó la Confederación Británica de Industrias y que preocupa a empresarios y trabajadores de esos sectores. El nuevo status significará aduanas, reglas de origen y chequeos fronterizos que sin dudas afectarán la competitividad de las empresas inglesas en la Unión Europea (UE).
La industria automovilística y autopartista británica, precisa un reciente artículo del semanario The Economist, exporta 80% de su producción, y la mitad de esas exportaciones va a la UE, al igual que el 60% de la producción química.
La libertad legislativa y regulatoria que recuperará el Reino Unido, celebran por otra parte los partidarios del Brexit, le permitirá, por ejemplo, eliminar el Impuesto al Valor Agregado (IVA) sobre los tampones, cuestión aparentemente irritante a la sociedad y el Estado británicos, históricamente habituadas a un sistema basado en principios y jurisprudencia y mucho más laxo que las rígidas y detalladas “directivas” de la Unión Europea.
Pero esas potenciales pérdidas, espera el ministro de Finanzas británico, Sajiv Javid, serán compensadas porque la City de Londres se liberará de las reglas europeas. Al respecto, The Economist precisó que con el Brexit la industria británica de administración de fondos se liberará de las “Directivas para el Mercado de Instrumentos Financieros” de la UE, que le significaban un costo anual de unos 2.500 millones de libras esterlinas (aproximadamente 2.750 millones de dólares).
“No habrá alineamiento con las regulaciones de la UE”, declaró Javid, a lo que la presidente de la Comisión Europea, la alemana (nacida en Bélgica) Ursula von der Leyen, respondió con la advertencia de que a más divergencias regulatorias habrá también mayor distancia comercial.

La esperanza británica es, a su vez, el temor del Banco Central Europeo, ahora encabezado por la francesa Christine Lagarde, ex directora-gerente del Fondo Monetario Internacional y, en particular, del Bundesbank, el Banco Central alemán, la plaza más fuerte del continente.
Alerta Bundesbank
No por causalidad, el 29 de enero, en un evento organizado por Clearstream, el sistema de clearing (compensación de operaciones) de la bolsa alemana, con sede en Frankfurt y Luxemburgo, Peter Griep, director de Mercados del Bundesbank, precisó que 85% de los canjes (swaps) de tasas de interés en el mercado de contado, una de las operaciones más habituales en los mercados financieros, tienen lugar en el mercado de Londres.
Además, señaló, los inversores británicos han sido los más activos participantes del programa de venta de activos fuera del área del euro (la libra británica nunca entró al sistema monetario europeo) y los bancos británicos son también los más activos vendedores de bonos a inversores no europeos.

También hay grandes diferencias bursátiles. Por caso, Griep comparó el tamaño del mercado accionario de Estados Unidos, equivalente al 148% del PBI norteamericano, con el europeo, que no llega al 50% en el caso del área del euro y quedará aún más debilitado con la pérdida de la City de Londres, mucho más desarrollada y ágil que las bolsas europeas continentales.
Allí, de vuelta, la pulseada será por el grado de “divergencia regulatoria”. Según Griep, “reglas y regulaciones proporcionales y efectivas mejorarán el ambiente de negocios”. Pero eso dependerá de cuán “convergentes” sean las reglas entre las islas y el continente.
En 2019, las dudas en torno cuán hostil o amigable sería el “Brexit” fue uno de los factores que hizo caer en recesión a la economía alemana, la más grande de Europa, con caídas del PBI en el segundo y tercer trimestres.
Ahora, en cambio, el temor es que Londres se convierta en una suerte de paraíso financiero que chupe capitales y actividades del resto de Europa, a lo que la UE opondrá el principio de “convergencia regulatoria", mientras Alemania busca fortalecer la posición de Frankfurt, la principal plaza financiera y bursátil del continente, proceso que acentuó en la segunda mitad de 2019. La ciudad es sede del Bundesbank y alberga 150 bancos internacionales (lo que le ganó el nombre “Bankfort”), además de contar con 9.000 proveedores de servicios financieros, la bolsa más grande del continente, una fuerte presencia en seguros y un lucrativo sector FinTech.
Así y todo, Frankfurt es “apenas” la octava plaza financiera y de capitales mundial, lejos del lugar que ocupa la City de Londres, segunda sólo a Nueva York. La “transición” irá dando la tónica de la confrontación entre la laxitud regulatoria británica y el celo codificador europeo.
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