
Cristiano Ronaldo cumple cuarenta años y la cifra no es un número cualquiera. Hasta el momento, a su espalda carga 923 goles en 1.260 partidos, más de los que cualquier otro futbolista ha conseguido en la historia. Con su selección gritó 135 veces en 217 encuentros, alzó una Eurocopa y una Nations League. Además, durante su carrera, conquistó 35 títulos, entre ellos 5 Champions League y 4 Mundiales de Clubes. Obtuvo cinco balones de oro, fue máximo goleador de la Champions con 140 tantos. Cada cifra es un monumento a la longevidad y al hambre. Pero la historia podría haber sido totalmente diferente, porque a los 15 años le detectaron un problema en el corazón que casi provoca el fin de su carrera.
Cristiano nació el 5 de febrero de 1985, en Madeira, la isla portuguesa, que es un jardín perdido en el Atlántico. En el barrio de Santo António, en una casa modesta y de paredes descascaradas, pasó la infancia. Creció con tres hermanos mayores y una madre que trabajaba como cocinera en un colegio. Su padre, José Dinis Aveiro, era utilero en un club de fútbol y jardinero. El niño aprendió a correr antes que a escribir. No tenía juguetes, tenía una pelota. Su madre, Dolores Aveiro contó en una entrevista a Daily Mail, que los vecinos se quejaban porque siempre se escuchaban golpes en las paredes. Cuando no podía jugar en la calle, rebotaba la pelota contra la casa hasta que alguien le gritaba que se detuviera. Pero no se detenía. Siempre quería jugar, siempre quería ganar, siempre quería más.

Era flaco, desgarbado, con dientes torcidos y piernas como ramas. La madre contó a Daily Mail, que en la escuela lo apodaban “llorón”, porque si un compañero no le pasaba la pelota o si su equipo perdía, lloraba. Si el árbitro cobraba algo en su contra, lloraba. No aceptaba la derrota en ninguna forma. A los once años dejó su casa y se fue a Lisboa, a la cantera del Sporting de Portugal. La distancia lo convertía en un niño triste, que solo sonreía cuando jugaba. Llamaba a su madre todas las noches y le pedía volver. Ella le decía que aguantara, que tenía que resistir, que algún día valdría la pena.

A los quince años empezaron los problemas. Un día, su madre lo notaba cansado, extraño, como si algo en su cuerpo estuviera funcionando mal. Se lo dijo a los médicos del club y lo revisaron. Los estudios mostraron un problema en su corazón: latía demasiado rápido, incluso en reposo. Era taquicardia. Si jugaba, si entrenaba fuerte, si empujaba su cuerpo más allá del límite, el corazón podía fallar. El diagnóstico era una condena en pausa.

Dolores Aveiro no estaba dispuesta a aceptar eso. Se tomó un avión desde Madeira hasta Lisboa y firmó los papeles para autorizar la operación. Era menor de edad y no podía decidir. Su madre tenía miedo, un pánico terrible, un dolor que solo entienden las madres que han visto a un hijo en peligro. “Pasé mucho miedo y temí que Cristiano no pudiera volver a jugar”, contó años después en una entrevista con The Sun. El niño no entendía la gravedad del asunto, pero ella sí.
Los médicos decidieron operarlo con una técnica láser. Tenían que entrar en su corazón, encontrar el punto exacto que generaba las arritmias y cauterizarlo.

“Lo llevaron por la mañana y en la tarde ya estaba afuera”, recordó su madre. Fue un éxito. Salió con una pequeña cicatriz y una pregunta en la cabeza: “¿Cuándo puedo volver a entrenar?”.
A los pocos días estaba corriendo otra vez. Algunos decían que algo en su cuerpo había cambiado, que después de la operación corría más rápido que antes. Dolores lo cree. “Después de la operación, Cristiano corría más rápido”, dijo en la misma entrevista con The Sun.

Ese corazón que una vez latió demasiado rápido no volvió a traicionarlo. Se volvió su mayor aliado. Lo empujó a correr más que nadie, a entrenar como si cada sesión fuera una final, a superar sus propios límites. Nada lo detuvo. Ni la presión, ni las críticas, ni el cansancio.

Cada gol, cada título, cada récord que consiguió fue posible porque aquel niño flaco de Madeira, que lloraba si perdía, nunca aceptó otra opción que ganar. Finalmente, Cristiano Ronaldo superó cualquier reto y registra una de las carreras más importantes de la historia del fútbol y todavía tiene mucha tela para cortar.
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