
El sueño de Marruecos en la Copa del Mundo llegó a su fin. O casi, porque aún le queda el partido por el tercer puesto ante Croacia. Para una selección que antes de Qatar 2022 lo máximo que había alcanzado eran los octavos de final en México 86, la posibilidad de terminar en el podio no debería ser algo menor. “Ahora tenemos que ganarle a Croacia”, afirma un tunecino a la salida de un bar en Doha tras la derrota con Francia. “Tenemos que ganarle”, dice. Sí, como si hubiera nacido en Marruecos o como si la selección que alcanzó las semifinales del Mundial fuera Túnez. Es que el andar de los “Leones del Atlas” unificó a toda una región y a un continente. La gesta marroquí se sintió como propia en el mundo árabe y en África. Otro ejemplo de lo que el fútbol es capaz de lograr.
El mundo árabe está compuesto por 22 países. La mayoría son de Medio Oriente, el Magreb y el Cuerno de África. Este espacio geográfico unido por el idioma árabe abarca unos 7.840 kilómetros y se extiende desde el Sahara Occidental hasta la punta más oriental de Omán. Según datos del Banco Mundial, la población total del mundo árabe alcanza los 444 millones. El país con más habitantes es Egipto, con 104 millones, y el menor es Comoras, con 888 mil.
El concepto de árabe está fuertemente vinculado al islam por razones históricas y culturales, pero en realidad es exclusivamente lingüístico. Por lo tanto, resulta erróneo asociar el término con el de “musulmán”, que en efecto corresponde a la comunidad de personas que comparte el islam como credo religioso. “Apoyamos a las selecciones árabes por una cuestión cultural, no religiosa”, explica Shaima, una qatarí que se sintió muy representada por Marruecos.

“Nos sentimos muy apoyados por el mundo árabe”, confirma Dina, una marroquí que vive en Casablanca. “Somos africanos y árabes”, enfatiza al ser consultada sobre su identidad.
“La actuación de Marruecos en la Copa del Mundo de este año apunta a un momento especial de vulnerabilidad, autoconciencia y optimismo desprevenido que no he visto en esta región desde los levantamientos de 2011″, escribe Issandr El Amrani, un periodista marroquí-estadounidense experto en el mundo árabe de The New York Times.
En Qatar y distintos países árabes se celebraron las victorias de Marruecos sobre España (por penales) y Portugal en los octavos y cuartos de final. Banderas marroquíes, canciones y bocinazos inundaron las calles de Doha y Dubái. Varios argentinos en el mercado de Souq Waqif se sorprendían de tanta euforia, acostumbrados a la rivalidad de América Latina, donde se suele celebrar la desgracia ajena. “Yo siempre quiero que pierdan Brasil y Chile. Acá se apoyan entre ellos. Es increíble. Pero bueno, es otra idiosincrasia, no se puede comparar”, dice Ezequiel.
Pese a que en los papeles Marruecos parecía un rival más accesible en la final, algunos argentinos que aún buscan entradas se aliviaron tras la derrota en semifinales con Francia. “Prefería a Marruecos, pero ahora al menos vamos a tener más chances de conseguir entradas. Imaginate lo que podría ser el Lusail lleno de habibis apoyándolos. No conseguíamos ni loco”, dice Diego entre risas.

Sin embargo, en las redes sociales se abrió un debate sobre la verdadera identidad de la selección dirigida por Walid Regragui. David Ngong, un profesor camerunés de religión y teología de Stillman College de Estados Unidos, tuiteó: “Sólo quiero aclarar que Marruecos se clasificó para jugar el Mundial como país africano, no árabe. Marruecos puede ser árabe, pero en este Mundial representa a África, no al “mundo árabe”, independientemente de lo que piensen los marroquíes o los ‘árabes’”.
Incluso The Economist se hizo eco de esta discusión tras la victoria sobre Portugal: “Es un debate extraño. Si hubiera sido Egipto, otro país del norte de África, el que hubiera hecho llorar a Ronaldo, nadie habría dudado en calificarla de victoria árabe. Quizá la distancia explique parte del desacuerdo. En Riad, la noche de la victoria de Marruecos en octavos de final, un saudí lo calificó de victoria de todo el mundo árabe, mientras que otro dijo sentir poca afinidad por un país tan lejano como Tailandia”, sostiene un artículo titulado “De leones y manada”.
Salman, un saudí muy futbolero, se toma este debate con humor. “Cuando gana Marruecos, es una victoria del mundo árabe. Cuando pierde, son africanos. Ahora que perdieron, volvieron a ser africanos”, afirma en tono de broma.
Mientras que el medio israelí The Jerusalem Post no dudó en mostrar su apoyo a Marruecos en la previa del partido con Francia. “Somos todos marroquíes”, tituló el diario del Estado judío en su portada. Se estima que un millón de judíos de ascendencia marroquí viven en Israel.

“Agradezco sinceramente esta hermosa portada de The Jerusalem Post. Este apoyo del pueblo israelí a los marroquíes significa el mundo para nosotros. Los lazos bilaterales entre ambos países traerán sin duda la paz y la prosperidad a toda la región del Medio Oriente”, tuiteó un marroquí.
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