La aparición de "Another One Bites the Dust" en 1980 representó un giro inesperado en la trayectoria de Queen, marcando un antes y un después en la historia del grupo. La visión de John Deacon y el respaldo decidido de Freddie Mercury impulsaron a la banda a explorar territorios musicales alejados de sus raíces, lo que resultó en uno de los mayores éxitos globales de su carrera.
Un sencillo que rompió moldes
El lanzamiento de la canción el 30 de junio de 1980 no solo catapultó a Queen al primer lugar de las listas en Estados Unidos, sino que también multiplicó las ventas de sus discos. El tema se convirtió en un fenómeno transversal, sonando tanto en radios como en pistas de baile de distintas partes del mundo y atrayendo a un público que hasta ese momento no se había identificado con la propuesta original del grupo.
La composición, atribuida a John Deacon, desafió las convenciones internas de la banda. Queen, que hasta entonces se había caracterizado por un sonido ligado al rock clásico, se aventuró en una fusión con el funk y la música disco. Esta apuesta permitió que el grupo ampliara su audiencia y se consolidara como una de las bandas más versátiles de la escena internacional.
Innovación y tensiones internas
El proceso creativo detrás de Another One Bites the Dust coincidió con una etapa de transformación artística para Queen. Según indiehoy, la banda mantenía una filosofía de constante renovación, evitando repetirse en cada proyecto. Brian May, guitarrista, explicó: “Teníamos la idea de que nunca debíamos repetirnos... Nos pusimos deliberadamente en diferentes situaciones de composición y grabación para seguir avanzando y derribando cualquier barrera que pudiera aparecer”.

Sin embargo, la innovación trajo consigo tensiones internas. Durante la grabación del álbum The Game, las diferencias de criterio se hicieron evidentes. No todos los miembros compartían el entusiasmo por la nueva dirección musical. En especial, el sonido de la batería generó debate y desacuerdos dentro del grupo.
El debate tras la batería
Roger Taylor, baterista de Queen, mostró reservas ante el enfoque minimalista y sobrio que proponían John Deacon y Freddie Mercury para la percusión. Taylor defendía una batería potente y cercana al rock, fiel al estilo que había caracterizado a la banda desde sus comienzos.
Frente a esa postura, Deacon y Mercury apostaron por una base rítmica contenida, que rompía con los esquemas tradicionales del grupo.

El contraste de opiniones se intensificó a medida que avanzaba la grabación. La discusión sobre la batería reflejaba un choque de visiones artísticas dentro de Queen, pero también evidenciaba la disposición del grupo a experimentar y asumir riesgos en busca de un sonido novedoso.
Un hito en la evolución de Queen
Finalmente, la apuesta innovadora liderada por Deacon y respaldada por Mercury se impuso. El resultado fue una canción con una batería precisa y minimalista, que se alejó por completo de los patrones habituales en Queen y estableció un nuevo estándar para la banda. Esta decisión redefinió el papel de la banda en la escena internacional, contribuyendo a crear un sello distintivo que sería reconocido en los años siguientes.
La trascendencia de Another One Bites the Dust fue más allá del éxito comercial. La canción simbolizó la capacidad del grupo para reinventarse y adaptarse a los cambios del panorama musical, sin perder su esencia.
El tema no solo consolidó a Queen como referentes del rock, sino que también los posicionó como pioneros en la integración de géneros y estilos.
Legado y vigencia
Cuatro décadas después de su lanzamiento, Another One Bites the Dust mantiene su vigencia como uno de los mayores himnos de Queen. El sencillo sigue siendo parte esencial del repertorio del grupo y un punto de referencia en la historia de la música popular.
La apuesta arriesgada de Deacon y el apoyo incondicional de Mercury probaron ser determinantes para abrir una nueva etapa en la evolución de la banda.
La experiencia de Queen con este tema evidencia cómo la innovación y la apertura a nuevas ideas pueden transformar el rumbo de una agrupación consolidada. Another One Bites the Dust permanece como un recordatorio de la importancia de asumir riesgos y desafiar los propios límites en la búsqueda de la excelencia artística.
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