Murió el húngaro Béla Tarr, director del clásico “Tango satánico”

El cineasta experimental y político, que llevó al cine las obras del Nobel de Literatura László Krasznahorkai, falleció a los 70 años

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Murió el húngaro Béla Tarr,
Murió el húngaro Béla Tarr, director del clásico “Tango satánico”

El director húngaro Bela Tarr falleció este martes a los 70 años, anunció el realizador Bence Fliegauf a la agencia de prensa MTI en nombre de la familia.

El maestro del cine húngaro, fallecido tras una larga enfermedad, es conocido por su obras complejas y oscuras, entre la que destaca Satantango (1994), una película de siete horas sobre el colapso del comunismo en Europa del Este y su declive material y espiritual.

La película es una adaptación de la novela Tango Satánico, del premio Nobel de Literatura László Krasznahorkai, con el que colaboró en varias ocasiones.

La figura de Tarr ha alcanzado una prominencia internacional tardía, ubicándolo solo detrás de Miklós Jancsó entre los cineastas húngaros más reconocidos a lo largo de la historia.

El reconocimiento internacional de su obra se consolidó en años recientes, incluyendo un homenaje en el Festival de Tesalónica en 2002 y la publicación en 2011 del libro Béla Tarr. Le temps d’après por Jacques Rancière.

László Krasznahorkai, ganador del Nobel
László Krasznahorkai, ganador del Nobel de Literatura 2025 (News Agency/Jonas Ekstromer/via REUTERS)

La trayectoria de Béla Tarr se inicia en una familia obrera de Budapest, aunque nació en Pécs. De niño, obtuvo un breve papel como actor en una adaptación televisiva de La muerte de Iván Ilich de León Tolstói y, salvo una pequeña intervención en Szörnyek évadja de Jancsó en 1986, no volvió a actuar.

La pasión por el cine surgió pronto, pero en su juventud tenía la intención de convertirse en filósofo. Tras serle denegado por el gobierno húngaro el ingreso a estudios universitarios de filosofía, optó por volcarse definitivamente en la dirección cinematográfica.

Los primeros trabajos de Tarr, consistentes en documentales sobre la vida de la clase trabajadora y los sectores humildes urbanos, llamaron la atención de los Estudios Béla Balázs. En 1977, estos estudios le propusieron rodar su primer largometraje, Családi tűzfészek (Nido familiar), cuando tenía apenas 22 años.

Esta cinta en blanco y negro fue filmada en seis días, con actores no profesionales y siguiendo la estética de la corriente social-realista del momento. A pesar de las comparaciones con John Cassavetes, Tarr ha declarado no haber visto ninguna de sus películas antes de rodar su ópera prima. La distribución de este film se realizó en 1979.

"Nido familiar", de Bela Tarr
"Nido familiar", de Bela Tarr

Su obra continuó con Szabadgyalog (El intruso) en 1980 y Gente prefabricada en 1981, esta última la primera en incluir actores profesionales como protagonistas. El giro radical en su estilo comenzó con una adaptación de Macbeth en 1982, rodada en vídeo y estructurada en solo dos actos, donde la condensación narrativa y la fidelidad al texto original marcaron su nueva etapa.

En lo visual, Tarr evolucionó hacia la experimentación con planos largos y una mirada metafísica, tono que lo emparenta con cineastas como Andrei Tarkovsky. Sus referencias más explícitas incluyen la pintura de Brueghel, el cine de Jancsó y, en menor medida, la obra de Rainer Werner Fassbinder, aunque siempre ha subrayado que no sigue dogmas estéticos fijos.

La colaboración con el novelista László Krasznahorkai marcó el inicio de su madurez creativa tras el rodaje de Őszi almanach (Almanaque de otoño). Juntos firmaron tres películas, comenzando con Kárhozat (La condena) en 1988, cuya puesta en escena explora los laberintos de la soledad, los celos y la traición a través de movimientos pausados y ambientes cerrados. El tratamiento metafórico y fragmentario del relato se convirtió en una de las señas de identidad de Tarr.

Trailer de "Sátántangó" de Bela Tarr

Sátántangó (Tango satánico), estrenada en 1994 y basada en una novela de Krasznahorkai, requirió una planificación de siete años y una duración inusual de 415 minutos (siete horas). La película relata el fracaso de una granja colectiva en la Hungría poscomunista y es considerada una de las cumbres de su filmografía. La escritora Susan Sontag expresó: “Volvería a ver Sátántangó una vez cada año”, ampliando el reconocimiento de Tarr ante la crítica internacional.

A partir de entonces, solo realizó obras muy breves, dedicando meses a la filmación de una sola toma. En Sátántangó, por ejemplo, la cámara acompaña el avance de una manada de vacas alrededor de un pueblo, o sigue durante largo tiempo la deriva de un personaje impulsado a abandonar su hogar. El trabajo coral y el tratamiento del tiempo en el relato se intensificaron con el paso de los años.

Tras rodar Werckmeister Harmóniák (Las armonías de Werckmeister) en el año 2000, con actores como Hanna Schygulla, Tarr rubricó un nuevo giro hacia la narración fantástica y la reflexión filosófica. La película, centrada en la llegada de una ballena a un pueblo y la búsqueda de nuevas armonías musicales, explora los límites de la violencia y la utopía social. El crítico Peter Hames comentó: “La película nos ofrece además la ilusoria búsqueda de la perfección de tono y escala perseguida por Eszter, la maravilla de la ballena (una cosa bella convertida en una monstruosidad circense) y la hermosura de la película misma”.

Con A Londoni férfi (El hombre de Londres), presentada finalmente en Cannes en 2007 tras el suicidio en 2005 del productor Humbert Balsan, Tarr volvió a articular relatos mediante planos secuencia extensos y una narrativa que experimenta con el flujo del tiempo.

En 2011, el director húngaro estrenó su última obra, A Torinói ló (El caballo de Turín), donde narra la existencia rutinaria de un padre y su hija en una granja azotada por el frío, y anunció que no volvería a dirigir. Desde entonces, su influencia sigue vigente en los estudios fílmicos, y sus películas circulan, finalmente, entre los públicos internacionales.

Durante mucho tiempo, las películas más tempranas del cineasta estuvieron prácticamente inaccesibles en formato doméstico fuera de Japón. Solo desde mediados de la década de 2000, títulos emblemáticos como Nido familiar, Las armonías de Werckmeister, La condena, El hombre de Londres y El caballo de Turín pasaron a estar disponibles en español, mostrando el lento pero efectivo avance de su legado.