
La red de bodegas de Cuba, durante más de seis décadas asociada a la distribución subsidiada de alimentos, comenzó a perder presencia en distintos barrios de La Habana, donde algunos locales cerraron y otros fueron reemplazados por mercados de proximidad.
El proceso ocurre mientras el régimen impulsa una reforma de la libreta de abastecimiento, uno de los símbolos económicos de la Revolución.
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Un recorrido de la agencia AFP por varios puntos de la capital cubana constató el cierre de establecimientos o su reconversión. La transformación aún no fue presentada de forma oficial como la eliminación definitiva de la cartilla, pero en los últimos días los ciudadanos no pudieron comprar productos mediante ese sistema.
La libreta, también conocida como cartilla de abastecimiento, permitió durante décadas adquirir una cantidad limitada de alimentos y artículos básicos a precios subvencionados. Su posible desaparición deja abierto un interrogante para millones de familias que la utilizaron como una garantía mínima frente a la escasez y los bajos ingresos.
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Las bodegas pierden espacio en los barrios de La Habana
En el barrio habanero de Cerro, la vecina Paula Sonia Santiago, de 64 años, interpretó los cambios en la red comercial como el final gradual de un modelo conocido por varias generaciones.
“Queramos o no entenderlo, la están enterrando”, afirmó Santiago a AFP, en referencia a la bodega. Para la mujer, el cambio altera una práctica arraigada en la vida cotidiana de los cubanos.
“El cubano se siente mal, porque no estamos acostumbrados” a subsistir sin esos subsidios, agregó.
El cierre o la reconversión de bodegas coincide con la puesta en marcha de mercados de barrio, una iniciativa incluida en el plan oficial para modificar el funcionamiento de la economía.
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El Gobierno busca ampliar espacios comerciales fuera del esquema tradicional de distribución estatal, en un país que atraviesa dificultades para asegurar el abastecimiento regular de productos básicos.

La falta de ventas mediante la cartilla durante los últimos días alimentó las dudas entre los consumidores. Hasta ahora, las autoridades no anunciaron de forma expresa que el sistema haya quedado eliminado, aunque el deterioro de su funcionamiento y el cambio de destino de los locales sugieren una reducción progresiva de su papel.
La libreta, creada en 1963 en un contexto de escasez
El sistema de bodegas y de la libreta de abastecimiento fue implantado en 1963, durante el gobierno de Fidel Castro, cuando Cuba enfrentaba escasez de alimentos. La administración comunista atribuyó entonces parte de esas dificultades al embargo impuesto por Estados Unidos.
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Desde entonces, la cartilla se convirtió en un mecanismo central de distribución de productos como arroz, azúcar, aceite, huevos y otros alimentos de consumo básico. Las cantidades asignadas variaron con los años, al igual que la disponibilidad real de las mercaderías.
La existencia de la cartilla no eliminó la necesidad de recurrir a otros circuitos de compra. Los hogares cubanos suelen complementar los productos asignados con adquisiciones en mercados estatales, comercios privados o circuitos informales, donde los precios resultan superiores a los de la distribución subvencionada.
Régimen apunta a concentrar los subsidios en los sectores vulnerables

A mediados de junio, el primer ministro Manuel Marrero anunció la privatización de sectores enteros de la economía y reiteró que el Ejecutivo pretende reformar el sistema de la libreta.
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Marreno planteó que el objetivo es dejar de subsidiar de forma generalizada los productos básicos y dirigir la ayuda hacia quienes se encuentren en situación de vulnerabilidad. Cuba tiene actualmente 9,4 millones de habitantes, según los datos citados por la agencia AFP.
La modificación supone un cambio de criterio en el esquema de protección social. Bajo el modelo vigente durante décadas, el subsidio estaba vinculado al producto y alcanzaba a toda la población registrada. La alternativa que propuso Marrero apunta a focalizar el apoyo estatal según las condiciones económicas de cada persona o familia.
El alcance, los plazos y los mecanismos concretos de esa transición todavía no fueron detallados públicamente. Tampoco se conoce qué productos continuarán bajo control del régimen ni cómo se determinará quiénes accederán a las ayudas previstas.
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La reconversión de la red de bodegas se desarrolla en medio de una crisis económica marcada por la escasez, la caída del poder adquisitivo y las dificultades energéticas.
La eventual desaparición de la libreta de abastecimiento modificaría uno de los mecanismos de consumo más extendidos en Cuba desde 1963. Para una parte de la población, el cambio implica la pérdida de una cobertura limitada pero previsible.
La definición oficial sobre el futuro de la cartilla será determinante para conocer si las bodegas conservarán alguna función en la distribución pública o si terminarán de ser reemplazadas por nuevos mercados y por un esquema de subsidios focalizados.
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