Diomedes Díaz, Carlos Vives, Guayacán Orquesta y Estados Alterados: estos álbumes cumplen 35 años en 2026

Con la salsa y el vallenato como dominadores de los gustos de las mayorías, nuevas tendencias comenzaban a abrirse paso

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Diomedes Díaz, Guayacán Orquesta y Carlos Vives, fueron algunos de los protagonistas de los lanzamientos musicales colombianos de 1991 - crédito Colprensa y cortesía Carlos Vives y Guayacán Orquesta
Diomedes Díaz, Guayacán Orquesta y Carlos Vives fueron algunos de los protagonistas de los lanzamientos musicales colombianos de 1991 - crédito Colprensa y cortesía Carlos Vives y Guayacán Orquesta

1991 fue un momento convulso para Colombia, que mientras estrenaba una nueva Constitución que consagraba al país como Estado Social de Derecho, seguía azotada por la violencia ejercida tanto por las guerrillas y fuerzas paramilitares en el campo, como por los carteles de la droga en las ciudades.

A la par, el gobierno de César Gaviria comenzó a implementar su Apertura Económica, que favoreció el ingreso de productos extranjeros con menores aranceles. Eso facilitó la compraventa de CD de música, que hasta entonces solo podían conseguirse con relativa facilidad esperando el viaje de un familiar al exterior, e impulsó todavía más el consumo de discotiendas de la época como Tower Records.

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Esa apertura llegó a la par con un momento donde la salsa y el vallenato eran los estilos tropicales dominantes en el país, mientras que una escena todavía emergente del rock colombiano que parecía haber perdido la chispa luego del célebre Concierto de Conciertos de 1988, pasaba por un momento de recambio generacional en el que nuevas bandas comenzaban a dictar sus reglas.

Todo esto queda reflejado en este repaso de Infobae Colombia por los discos nacionales que cumplen 30 años de su lanzamiento.

Del heavy metal a la electrónica: el despertar de una nueva generación

En el ámbito del rock y los sonidos extremos de 1991, Masacre editó Reqviem, un pilar del death metal latinoamericano que narró con crudeza la violencia de la época, mientras que Neurosis con Más Allá De La Demencia se consolidó como exponente del thrash metal en el país.

Por su parte, Estados Alterados hizo su aparición en el panorama nacional desde Medellín con su álbum homónimo, introduciendo el synth-pop y la electrónica al circuito comercial gracias a clásicos como El Velo o Muévete, de alta rotación durante ese año.

En Bogotá, Hora Local presentó Orden Público, único LP de su carrera pero uno fundamental para marcar el tono que seguirá el sonido y el abordaje lírico en el futuro del género. En esa producción capturaron la ironía y el caos urbano de Bogotá con una estética post-punk que quedó reflejada en La chica de Chernobyl o Londres.

La salsa y el merengue, en su cuarto de hora

En la música tropical y la salsa el furor se vivía al máximo, aprovechando la disposición de los artistas del momento en adaptarse a la movida más romántica con la misma facilidad que apostaban por poner a bailar multitudes.

1991 fue un año fundamental para Guayacán Orquesta, que alcanzó un éxito masivo con Sentimental de Punta a Punta, producción que incluyó himnos de la Feria de Cali como Oiga, Mire, Vea y Te amo, te extraño. Joe Arroyo, en un momento de altísima creatividad, lanzó La Guerra de los Callados, un álbum donde su “Joeson” seguía explorando raíces africanas y caribeñas en compañía de su orquesta La Verdad.

Una aparición destacada vino por el lado del merengue con la consolidación de Los Alfa 8, que reafirmaron su posición predominante en las fiestas colombianas con su LP Más Internacional Que Nunca, destacando por su versatilidad para darle su propia interpretación al sonido dominicano en temas como Frío En Mí, La Salsa Llegó, Envenéname, y No quiero tu amor.

El vallenato siguió reinando

Para el género colombiano por antonomasia, 1991 marcó un punto de quiebre en su adaptación a la cultura popular. Gracias a la popularidad de la telenovela, Carlos Vives lanzó Escalona: Un Canto a la Vida, donde el samario reinterpretaba los clásicos del recordado compositor tal y como en la producción. Este sería el inicio de una de las carreras más prolíficas y exitosas en la música colombiana.

Entre los consolidados, El Binomio de Oro sumó otro éxito a su catálogo con De América, de donde se desprendieron Ponte chévere, Tú marcas la diferencia, o El llanto de un rey. Sería el último álbum con Rafael Orozco en la voz, pues al año siguiente fue asesinado.

Por otra parte, Diomedes Díaz nuevamente dominaba en la radio con el lanzamiento de Mi Vida Musical, acompañado del acordeonero Juancho Rois y del que se desprendieron clásicos como Mi ahijado y la canción que da título al disco.