
El regreso a clases volvió a poner a prueba el bolsillo de los hogares colombianos, pero el resultado de la temporada escolar de 2025 dejó una lectura menos evidente de lo esperado. Aunque el mercado movió una cifra considerable, el comportamiento del gasto mostró un retroceso marcado frente al año anterior y confirmó que los hábitos de consumo alrededor de la educación están cambiando.
De acuerdo con las mediciones de Gastometría y la Red Temporadas de Raddar, el tamaño del mercado escolar en 2025 se estimó en 10,85 billones de pesos. El dato, sólido en términos absolutos, contrasta con una caída de 20,16% frente a 2024 y rompe la tendencia de crecimiento que se había consolidado en los primeros meses del año durante ciclos anteriores.
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El menor dinamismo no respondió a una sola variable. El análisis apuntó a una combinación de factores económicos, demográficos y educativos que incidieron tanto en el monto total del gasto como en la cantidad y el tipo de productos adquiridos por las familias. En 2025, los hogares gastaron menos dinero, en buena parte porque los precios dejaron de ser un motor de crecimiento.
Uno de los cambios más relevantes fue el comportamiento de la inflación en los artículos escolares. Mientras en 2024 este indicador se ubicó en 6,43%, en 2025 pasó a terreno negativo y cerró en -0,45%, el nivel más bajo de la última década. Esta desaceleración permitió que las familias hicieran compras similares con menos recursos. Según Raddar, esto se tradujo en “un menor esfuerzo monetario para adquirir ciertos útiles como cuadernos”, lo que redujo el valor total del mercado, incluso si el número de unidades no cayó de manera generalizada.
El contraste con el año anterior es clave para entender la magnitud del ajuste. En 2024, el aumento de precios infló el tamaño del mercado, aun cuando el volumen físico de útiles no creció al mismo ritmo. “Ese año, el aumento de precios elevó el tamaño del mercado, incluso si el volumen físico de útiles no creció en la misma proporción. En contraste, 2025 se caracterizó por una inflación de enero y febrero en su nivel más bajo en diez años, tras el ajuste posterior al fuerte repunte de 2023, cuando el encarecimiento de materias primas en especial la celulosa para los cuadernos y los problemas en la cadena de suministro presionaron los precios”, señaló el informe.

Cuando el efecto precio se diluye, entran en juego factores más estructurales. Raddar advirtió que, “sin duda el tamaño de mercado o el gasto en dinero crece por el efecto de precios”, pero en 2025 tomó mayor peso el componente demográfico. La reducción de la población en edades tempranas implica una base más pequeña de estudiantes en educación básica y media, niveles que tradicionalmente concentran la mayor demanda de útiles escolares.
No es la primera vez que el mercado enfrenta un freno. Caídas similares se observaron en 2019 y nuevamente en 2025, aunque por razones distintas. En el primer caso, el contexto económico moderó el gasto; en el segundo, la baja inflación y los cambios en los patrones educativos fueron determinantes.
En 2024, pese a la presión inflacionaria, el gasto se sostuvo en parte por el aumento de estudiantes en educación superior, impulsado por políticas de gratuidad como Puedo estudiar. Ese año, más jóvenes ingresaron a universidades e institutos y realizaron compras asociadas al inicio de clases, aunque “en menor volumen en comparación a los colegios que normalmente exigen más útiles”. De hecho, el análisis resumió ese fenómeno con una frase contundente: “en 2024 a los útiles los ‘salvaron’ los universitarios”.

Ese impulso, sin embargo, no fue suficiente para compensar la contracción de 2025. La combinación de inflación baja y mayor peso de niveles educativos que requieren menos artículos físicos llevó a que el gasto real creciera por debajo de 1%. En la práctica, los hogares compraron de forma más eficiente, gastando menos para cubrir necesidades similares o incluso menores.
A esto se suma una transformación más profunda en la forma de estudiar. Raddar destaca el avance de la educación continuada y los cursos cortos, donde “formarse en base a cursos cortos tanto en jóvenes como en personas adultas” reduce la exigencia de útiles tradicionales. En muchos casos, basta “un cuaderno, esferos y listo”. La preferencia por tabletas y computadores refuerza esa tendencia y disminuye el volumen de artículos físicos demandados.
En la composición del gasto, los textos escolares siguen liderando, de cada 100 pesos destinados a la temporada escolar, 73 se concentran en este rubro, que además registra la inflación más alta por la necesidad de renovar contenidos. Los cuadernos, en contraste, fueron el único producto con inflación negativa en 2025, lo que permitió comprar una unidad adicional sin aumentar el gasto.
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