
Durante la última noche del año, hogares de toda Colombia repiten un gesto que ha cruzado océanos y épocas: comer doce uvas justo antes de la medianoche.
De acuerdo con National Geographic, esta tradición tiene su origen en España a comienzos del siglo XX, cuando una cosecha excepcional de uvas llevó a productores a comercializarlas en paquetes de doce como símbolo de buena fortuna.
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Aunque registros citados por el portal sitúan la costumbre en cenas aristocráticas desde 1882, la práctica se expandió al resto de la sociedad tras una campaña que ligó cada uva con un deseo por cada mes del año.
Con el paso del tiempo, el ritual ganó fuerza social y se transformó en un acto de esperanza colectiva y unidad familiar. En Colombia, millones de personas participan de este agüero, que representa anhelos de prosperidad, amor y salud para los doce meses venideros.

Una peculiaridad local reside en la costumbre de pedir un deseo por cada fruta consumida, tradición adoptada por influencia hispánica y hoy enraizada en el ambiente familiar colombiano.
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El gesto comenzó como una crítica a la élite española, pero se consolidó como símbolo nacional tras la llegada de excedentes agrícolas. Cada año, supermercados y mercados preparan bolsas con doce uvas, listas para quienes quieren sumarse al ritual y marcar el cambio de año con sus propias expectativas.
Lentejas en la mesa y en los bolsillos
Las lentejas acompañan las fiestas decembrinas no solo como alimento, sino como amuleto. Su historia, recogida por el medio estadounidense HuffPost, se remonta a la antigua Roma, cuando regalar bolsas llenas de estas legumbres durante el Año Nuevo expresaba un deseo de abundancia para el ciclo entrante.
Estudios arqueológicos ubican el cultivo de las lentejas en la cuenca del río Éufrates, hace más de 10.000 años. Su transición de banquete real a ingrediente popular sucedió tras crisis de hambruna, como la ocurrida en el año 441 a.C., cuando el pueblo romano adoptó su consumo para sobrevivir.
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En la Colombia contemporánea, las lentejas tienen un lugar especial la noche del 31 de diciembre, con personas que las colocan en pequeños recipientes sobre la mesa, llenan sus bolsillos con ellas o las distribuyen entre amigos y seres queridos. El gesto busca atraer bienestar económico y estabilidad financiera durante el nuevo año.
El simbolismo de las lentejas, según HuffPost, radica en su semejanza con monedas y su valor nutritivo. Familias de origen italiano y español también preservan esta costumbre, asociando la abundancia del plato de lentejas con la prosperidad colectiva que se desea para todos los presentes durante la “cenone di Capodanno”.
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Otros agüeros y supersticiones: viajes, salud y nuevas oportunidades
La celebración de Año Nuevo en Colombia rebosa de ritos populares conocidos como agüeros. Algunas costumbres emblemáticas incluyen salir a dar la vuelta a la cuadra con una maleta, con la esperanza de atraer viajes en el año que llega.
Colocar espigas de trigo sobre la mesa busca garantizar que no falte comida, mientras que quemar el tradicional muñeco de Año Viejo pretende dejar atrás todo lo negativo y abrir espacios para experiencias renovadas.
Otra costumbre extendida es vestir ropa interior amarilla, una práctica que, según la creencia popular, ayuda a atraer dinero y prosperidad al hogar. El color rojo se reserva para quienes quieren fortalecer sus lazos afectivos, mientras el blanco se relaciona con la paz. En mercados y tiendas, la venta de estas prendas suele incrementarse en diciembre por su fuerte demanda entre quienes desean iniciar el año con energía renovada.
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Entre creencias y psicología colectiva
Si bien ninguna prueba científica asocia el consumo de uvas o lentejas con resultados financieros o personales, National Geographic y HuffPost coinciden en que la repetición de estos rituales refleja la necesidad humana de marcar los ciclos y fortalecer la esperanza.
“Participar en rituales de Año Nuevo puede ayudar a las personas a manifestar sus deseos y proyectar optimismo,” resume el análisis. Más que superstición, estos gestos permiten construir relatos compartidos y fortalecer los lazos familiares y sociales durante un momento de transición y expectativa.
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