
Cuarenta años después de la avalancha que sepultó a Armero, una pregunta persiste en la memoria colectiva: ¿qué pasaría si una emergencia de esa magnitud volviera a ocurrir hoy? En medio de los avances tecnológicos, los cambios institucionales y la evolución de los sistemas de gestión del riesgo, los organismos de socorro coinciden en que el país está mejor preparado, aunque no del todo libre de vulnerabilidades.
La noche del 13 de noviembre de 1985 quedó grabada en la historia como una herida abierta. La erupción del volcán Nevado del Ruiz, seguida por el desbordamiento del río Lagunilla, borró del mapa al municipio tolimense y dejó más de 25.000 muertos. En ese entonces, las alertas tempranas fallaron, la comunicación entre autoridades fue deficiente y el país no contaba con un sistema estructurado de respuesta a desastres. Hoy, las condiciones son distintas.
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El capitán Álvaro Farfán, del Cuerpo Oficial de Bomberos de Cundinamarca, explicó en Infobae Colombia que los organismos de primera respuesta transformaron por completo su manera de actuar frente a las emergencias. “Hoy en día hemos evolucionado todos los organismos operativos y de primera respuesta a nivel nacional, tanto en lo tecnológico como en las estrategias de coordinación. Tenemos un apoyo que antes no existía: mejores sistemas de comunicación, movilidad y articulación entre entidades”, afirmó.
Farfán recordó que, en 1985, los bomberos operaban con recursos limitados y sin una estructura nacional consolidada. “Hay que tener en cuenta que ya no hablamos de bomberos de Bogotá, sino de la combinación de cuerpos voluntarios, oficiales y aeronáuticos en todo el país. Lo que antes era el Sistema Nacional de Bomberos fue reemplazado con la Ley 1575 de 2012, que define a los bomberos de Colombia como una entidad integral, articulada y con funciones claras”, explicó.
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Esa ley se complementa con la Ley 1523 de 2012, que estableció el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres. Según el capitán Farfán, esta norma marcó un antes y un después al definir responsabilidades para todos los niveles del Estado y para la ciudadanía. “La gestión del riesgo no es solo tarea de los organismos de socorro; la Constitución y la ley dejan claro que todos los habitantes tienen responsabilidad en la prevención. Los consejos municipales, departamentales y nacionales de gestión del riesgo tienen funciones específicas en conocimiento, reducción y manejo de desastres”, señaló en Infobae Colombia.

El capitán admitió, sin embargo, que aún hay vacíos: “Tenemos falencias a nivel tecnológico y humano, y necesitamos fortalecer los procesos de formación. Aun así, contamos con grupos más profesionales y preparados, con mayor capacidad operativa y técnica. La coordinación interinstitucional también ha mejorado significativamente”.
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Desde la Cruz Roja Colombiana, la visión es similar. La institución, a través de Nicolás Páez Rojas, coordinador de Gestión del Riesgo de Desastres de la Cruz Roja Bogotá reconoció en Infobae Colombia que, el país avanzó en capacidad técnica y en protocolos de acción, pero insistió en que las emergencias de gran escala siempre representan un reto extremo. “Tendríamos una respuesta considerablemente mejor que la de los años ochenta, pero todavía es susceptible de mejorar. Una situación de esa magnitud podría sobrepasar nuestras capacidades, aunque sería extremadamente raro que no se activaran las coordinaciones necesarias para evacuar y proteger la vida humana”, señaló el vocero.
Páez destacó los progresos en monitoreo del riesgo, gracias a las nuevas legislaciones y al fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana. Sin embargo, señaló que el país sigue concentrando demasiados esfuerzos en la fase de manejo y no tanto en las etapas de conocimiento y reducción del riesgo. “Hemos alcanzado niveles altos de capacidad técnica y humana, pero debemos reforzar la prevención y la educación comunitaria”, advirtió.
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Ambas instituciones coinciden en que la tecnología transformó la forma de enfrentar los desastres, pero el factor humano sigue siendo determinante. Hoy existen redes de comunicación más rápidas, sistemas satelitales de vigilancia volcánica, protocolos de evacuación y entrenamiento constante de brigadas. No obstante, la preparación comunitaria continúa siendo el eslabón más débil.
Si una avalancha como la de Armero ocurriera hoy, las alarmas se activarían con anticipación. Los Consejos Municipales de Gestión del Riesgo coordinarían con las gobernaciones y la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo (Ungrd), y el despliegue de los organismos de socorro sería inmediato. Pero la tragedia del 85 dejó una lección que sigue vigente, ninguna tecnología sustituye la conciencia colectiva ni la memoria histórica.
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