
En el conflicto armado en Sudán, un contingente de mercenarios colombianos ha cobrado notoriedad internacional tras revelarse su participación directa en el frente de batalla, en la formación de menores de edad como soldados y por su presencia en zonas de masacres y desplazamientos, según una investigación conjunta entre La Silla Vacía y el diario británico The Guardian.
El artículo titulado ‘War is a business’: the Colombian mercenaries at Sudan’s battlefront (‘La guerra es un negocio’: los mercenarios colombianos en el frente de batalla de Sudán), resalta la implicación de estos exmilitares, acostumbrados a años de combate en la selva colombiana, y cómo se han introducido nuevas dinámicas en una de las guerras más devastadoras del continente africano en la última década.
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Según testimonios recogidos, hombres como Carlos —nombre ficticio de uno de los mercenarios entrevistados— viajaron a Sudán atraídos por contratos que superan los 2.600 dólares mensuales (más de 10 millones de pesos colombianos).
“En Sudán, ellos pasan la noche durmiendo. Ni siquiera tienen seguridad, porque todos se van a la cama”, explica el connacional acerca de las diferencias entre su experiencia previa y el contexto africano. “Los colombianos somos diferentes, estamos acostumbrados a otro tipo de guerra”, añade.
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El avance de la guerra civil sudanesa entre el Ejército de Sudán y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés) se evidencia en cifras abrumadoras.
Según cifras de Naciones Unidas (ONU) citadas en el reportaje, cerca de 150.000 personas han muerto, alrededor de 13 millones han sido desplazadas de sus hogares y la ciudad sitiada de El Fasher, último reducto del ejército sudanés en Darfur, mantiene a unas 260.000 personas bajo cerco y con acceso mínimo a ayuda humanitaria.
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Mercenarios colombianos en Sudán entrenan a niños y niñas para la guerra: “Nunca habían sostenido un arma”
La implicación de los colombianos salió a la luz en 2023, tras una investigación de La Silla Vacía que llevó al Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia a emitir una inédita declaración de disculpa.
Según los reportes, más de 300 exmiembros de las fuerzas armadas colombianas han sido contratados a través de empresas de seguridad privadas, supuestamente financiadas por los Emiratos Árabes Unidos (EAU), país que ha negado su implicación en el reclutamiento de extranjeros para el conflicto.
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Más allá de su presencia en combate, la labor de estos mercenarios incluye la capacitación militar de adultos y niños sudaneses reclutados por la RSF.
“En los campamentos había miles de reclutas, algunos adultos, pero sobre todo niños —muchos, muchos niños—. Eran niños que nunca habían sostenido un arma”, relató Carlos.
“Les enseñábamos a manejar fusiles de asalto, ametralladoras, lanzagranadas RPG. Después de eso, eran enviados al frente. Los estábamos formando para que fueran a morir”, sigue con su relato el mercenario colombiano.
La formación de menores en contextos de guerra viola tratados internacionales de derechos humanos. Pero esto poco y nada importa en el campo de batalla.
“Entrenar a los niños fue terrible y absurdo, pero era la realidad de la guerra”, reconoció Carlos en declaraciones al diario británico.

Imágenes y videos analizados por ambos medios muestran colombianos instruyendo a reclutas, así como operaciones en el sitio de desplazados de Zamzam, el mayor campamento en Sudán, escenario en abril de una masacre denunciada por la ONU, donde fallecieron entre 300 y 1.500 personas durante un ataque de la RSF.
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La codiciada experiencia en conflictos armados de los mercenarios colombianos: en la guerra de Sudán
“Fuimos testigos de un doble crimen: el desplazamiento de nuestra gente a manos de la RSF, y ahora la ocupación del campamento por mercenarios extranjeros”, declaró Mohamed Khamis Douda, portavoz local al medio europeo.
El proceso de reclutamiento, detallaron los entrevistados, inicia en Colombia con exámenes médicos y la firma de contratos en Bogotá, para luego ser trasladados a través de Europa hasta bases en Etiopía y Bosaso, en Somalia, desde donde parten a Sudán.
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El epicentro de la operación es la ciudad de Nyala, señalada por los informes como punto central de mercenarios colombianos.
La masiva experiencia bélica de los colombianos resulta de décadas de guerra interna.
Según Elizabeth Dickinson, analista senior del International Crisis Group, “Colombia tiene más de medio siglo de conflicto activo. Sus soldados han estado muy bien entrenados y han operado en situaciones complejas, por eso están listos para el combate”.
La exportación de exmilitares colombianos se incrementó durante la década de 2010 y su papel cambió significativamente durante la guerra en Yemen.
A las dificultades de reintegración social tras el retiro, muchos miembros retirados y profesionales de las FF. MM. ve pocas opciones en Colombia. La mayoría de los militares colombianos se jubila cerca de los 40 años, con pensiones bajas y escasas alternativas laborales.
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“Si uno entra a los 18 y trabaja 20 años, se jubila sin llegar a los 40. Hay 15 o 20 años de vida activa y poca reinserción”, explicó Dickinson, que de paso advirtió que ahora las empresas privadas incluso buscan personal activo en zonas de condiciones precarias.
Talento de exportación deshonroso: mercenarios colombianos que pelean en guerras ajenas alrededor del mundo
La trama de mercenarismo colombiano en conflictos internacionales ha adquirido relevancia también por su impacto en otros países.
Entre julio de 2021, 18 colombianos fueron identificados dentro del grupo que asesinó al presidente haitiano Jovenel Moïse.
También existen registros de exmilitares colombianos que han combatido en Irak, Afganistán, Ucrania y Yemen.
El fenómeno lleva a un dilema para el propio gobierno colombiano. De hecho, el presidente Gustavo Petro ha calificado el mercenarismo como un “comercio de hombres convertidos en mercancía para matar” y ha prometido medidas contra el negocio, aunque la persistencia de incentivos económicos complica la erradicación de la práctica.
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El testimonio de Carlos, que también combatió en Ucrania, ilustra la lógica que predomina entre los participantes. “Esto no es un trabajo honrado ni legal, pero uno va por el dinero”, afirmó.
El vacío legal que aprovechan las naciones que contratan a los mercenarios colombianos
Sobre su salida de Sudán indicó haber dejado el país junto a una treintena de colombianos, desplazados por retrasos salariales, aunque resaltó: “Al tiempo que nos íbamos, otros tantos llegaban en nuevos vuelos”.
Mientras tanto, Sean McFate, experto en mercenarismo citado por ambos medios, sostiene que emplear exsoldados de terceros países permite a los Estados eludir responsabilidades legales y humanitarias en zonas de conflicto.
“Cuando los capturan o matan, se les puede desconocer y negar cualquier vínculo”, puntualizó el analista.
McFate considera que las guerras modernas entran en una etapa de privatización creciente de la violencia: “Regresamos a tiempos medievales, en los que los más ricos pueden convertirse en superpotencias”.
Mientras el conflicto en Sudán genera desplazamientos masivos y cifras crecientes de víctimas civiles, el tráfico de combatientes latinoamericanos añade nuevas capas de complejidad a una emergencia humanitaria que la comunidad internacional todavía no logra prevenir ni controlar, a pesar de los llamados que ha hecho el presidente Petro.
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