
La desaparición de las cenizas de Deonelia Gaviria tras la profanación de su sepultura en el Cementerio Parroquial San Antonio de Rionegro ha dejado a su familia sumida en una profunda sensación de desamparo institucional y dolor.
El hecho, que no tiene precedentes registrados por la Alcaldía de Rionegro y se conoció el lunes 29 de septiembre, cuando los allegados de la mujer recibieron la noticia de que el osario había sido destruido y las cenizas sustraídas sin motivo aparente.
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Frente a este suceso, la familia manifestó que ha enfrentado dificultades significativas para acceder a justicia, sintiéndose además abandonada por las instituciones responsables de velar por la tranquilidad y respeto en el camposanto.
“La Inspección de Policía nos informó que no cuenta con facultades ni procedimientos claros para actuar o investigar en hechos de profanación, aduciendo vacíos legales ante situaciones de esta índole”, denunciaron los familiares en un comunicado conocido por el medio regional Medio Oriente.

A esta limitación se suma la ausencia total de cámaras de seguridad o mecanismos de vigilancia en el cementerio, lo que habría facilitado la comisión del delito y entorpecido la identificación de los responsables.
La relación con la parroquia sumó nuevos motivos de frustración para la familia. Según su versión, el contrato de sepultura contiene una cláusula que exime al templo de responsabilidad frente a cualquier saqueo o profanación, limitando su rol ante hechos delictivos.
En palabras de la familia: “Lo que más nos ha dolido como familia ha sido la actitud fría y distante con la que se ha manejado esta grave situación, sin ningún gesto de reparación simbólica, y con señalamientos infundados hacia la posibilidad de que algún familiar haya cometido este acto, lo cual rechazamos categóricamente”, señalaron en el documento público.
Ante estas acusaciones, el sacerdote Bernardo Arley Aristizábal González, encargado de la Parroquia San Antonio de Pereira, sostuvo en declaraciones al diario regional Medio Oriente que nunca sugirió que la familia estuviera involucrada en la profanación, ni cree que integrantes del templo hayan realizado tales insinuaciones.

Sobre la falta de vigilancia, el párroco alegó que los costos de instalar cámaras y contratar personal superan las posibilidades económicas de la parroquia.
“El título del osario lo expresa claramente: la parroquia no se hace responsable de acontecimientos como terrorismo, terremoto, robos o profanaciones, porque, ¿cómo nos podríamos hacer responsables?, no sé”, señaló Aristizábal González.
Asimismo, aseguró que desde la parroquia se han realizado los procedimientos que estaban a su alcance, como contactar a la familia inmediatamente al conocer el hecho y presentar la denuncia ante la Inspección de Policía.
Frente al vacío de acción por parte de las autoridades civiles y la institución religiosa, la familia de Gaviria anunció que interpondrá una denuncia formal ante la Fiscalía General de la Nación, solicitando también a las autoridades judiciales y eclesiásticas un acompañamiento digno ante la afectación emocional y simbólica que ha significado la profanación de los restos de su madre y abuela.
Indignación en El Santuario, Antioquia: Tras funeral masivo asistentes vandalizaron algunas zonas del cementerio

Botellas de licor vacías y ornamentos funerarios esparcidos por el suelo dieron cuenta de los destrozos en las tumbas y altares del cementerio municipal de El Santuario, denunciados abiertamente tras el sepelio de dos jóvenes que perdieron la vida en un accidente de tránsito.
Un video difundido en redes sociales captó el estado en que quedaron varias lápidas derribadas y flores arrancadas de altares ajenos durante la multitudinaria despedida, provocando una fuerte reacción de rechazo entre los habitantes de la localidad.
La mañana en la que familiares y amigos acudieron al camposanto para dar el último adiós a Juan Pablo y Juan Alberto, conocidos por la comunidad como Juancho y Pablito, rápidamente se transformó en una escena que distó del recogimiento habitual, marcada por el consumo de alcohol y desórdenes generalizados.
De acuerdo con relatos de testigos, varios asistentes subieron a los techos de algunas estructuras, provocando daños estructurales, mientras otros dejaron restos de basura y botellas en el suelo, lo que afectó gravemente el aspecto del lugar donde descansan quienes allí reposan.
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