La Tigresa del Oriente, nombre artístico de Juana Judith Bustos, compartió detalles inéditos sobre su vida, revelando una infancia marcada por la pobreza extrema en el corazón de la Amazonía peruana.
Nacida en “pleno monte” como ella le dice, que en realidad es la localidad de Constancia, ubicada en la provincia de Maynas, en el departamento de Loreto (Perú), es una región donde la extracción de caucho era la principal actividad comercial de la familia y de la mayoría de sus habitantes.
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En entrevista con el programa La Red de Caracol Televisión, Bustos relató que creció en una familia numerosa y enfrentó desde pequeña la escasez y el dolor de una pérdida familiar. Su testimonio ofreció una mirada íntima a los orígenes de una de las figuras más singulares de la música latinoamericana, cuyo recorrido ha estado guiado por la resiliencia y el deseo de superación, nada lejano a las historias de vida de otros artistas.

Bustos relató que sus padres tuvieron 17 hijos y que la falta de recursos era una constante en su hogar. “Yo vengo de una familia muy humilde. Yo me di cuenta de la extrema pobreza. Mis padres tuvieron 17 hijos en ese tiempo. Nací en pleno monte, donde se exploraba el caucho. Entonces, ahí yo me fui dando cuenta, porque mis hermanitos lloraban de hambre, yo también tenía hambre, no había nada para comer. Fue muy triste”, recordó en la entrevista. La artista también mencionó la muerte de uno de sus hermanos, un episodio que la marcó profundamente y que prefiere no detallar por el dolor que le causa.
Estas experiencias de carencia y sufrimiento impulsaron a Bustos a buscar un destino diferente. Desde temprana edad se propuso cambiar el rumbo de su vida y dejar atrás la pobreza que la rodeaba. “Eso fue que me impulsó a... Yo dije: ‘Cuando sea grande, yo voy a tener otro tipo de vida’. Esta pobreza, no”, expresó la peruana con fuertes lazos con Colombia por el apoyo del público y su participación en diferentes proyectos televisivos nacionales.
A los 18 años, Bustos encontró su primer vínculo con el mundo artístico al ganar un concurso que le permitió trabajar como maquilladora en la televisión peruana. Este empleo tras bambalinas representó su entrada al ambiente creativo y le abrió nuevas perspectivas. “Cuando fui por primera vez a un estudio, me encantó. Y dije: ‘¡Guau!’. Parece que estoy en otro planeta. Cámaras, luces, acción”, relató sobre su asombro inicial al descubrir el entorno televisivo.

Su inquietud artística la llevó a solicitar una oportunidad como actriz. Tras conversar con la productora del programa, recibió un pequeño papel como enfermera en una telenovela, lo que constituyó su debut actoral.
“Hablé con la productora y le digo: ‘Señorita, yo quisiera actuar en la telenovela’. ‘Pero tú qué... Tú eres peinadora’. ‘Pero me gusta el arte’. ‘Ah, ya, ve, te voy a probar’. Y me dio un personaje de una enfermera. Llega un paciente, yo me voy corriendo con la camilla... Y ese fue mi personaje, mi primer pinito como actriz”, afirmó al medio citado. Fue en ese contexto que adoptó el nombre artístico de La Tigresa del Oriente, identidad que más tarde la acompañaría en su proyección internacional, incluyendo su primer contacto con México.
Detrás del personaje de vestuario llamativo y energía inconfundible, Bustos lleva una vida cotidiana alejada de los reflectores. Ella misma describe cómo, al dejar de lado a La Tigresa, retoma su identidad como Judith Bustos y se dedica a las tareas domésticas. “Cuando trato de dejar a un lado a la Tigresa y entro en la persona Judith Bustos, me dedico a limpiar mi casa, ir al mercado, lavar la ropa. Me encanta hacer las cosas en mi casa, porque me gusta tener todo impecable. Yo misma diseño mis vestuarios y yo creo los modelos. Y esa es Judith”, explicó, mostrando una faceta personal centrada en la sencillez y la creatividad.
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