
Las alarmas no solo suenan en las embajadas. Desde el sector empresarial, ya se percibe con inquietud el enfriamiento de las relaciones entre Colombia y Estados Unidos. La Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi) fue una de las primeras en pronunciarse tras el episodio de tensión diplomática entre ambos gobiernos.
“La relación de Estados Unidos y Colombia es absolutamente fundamental para nuestra sociedad. Por esta razón, hacemos un llamado enfático para que se traten las relaciones comerciales con gran responsabilidad, entendiendo que si se debilitan o se deterioran, los más afectados van a ser los colombianos”, advirtió la Andi en un comunicado, luego de conocerse las decisiones cruzadas entre ambos gobiernos.
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El detonante fue la orden del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, que llamó a consultas a John T. McNamara, encargado de negocios en la Embajada de EE. UU. en Colombia. Según explicó el Departamento de Estado, la medida fue tomada tras “declaraciones infundadas y reprochables provenientes de los más altos niveles del Gobierno de Colombia”, lo que encendió una alerta inmediata sobre el estado de la relación bilateral.
La respuesta del presidente Gustavo Petro no tardó, también llamó a consultas al embajador colombiano en Washington, devolviendo el gesto diplomático y profundizando el clima de fricción entre ambas administraciones.
Para el gremio, el mensaje fue claro, las diferencias políticas no deben afectar una relación estratégica construida a lo largo de más de dos siglos. “Desde la Andi hemos sido reiterativos en la importancia de asumir con gran responsabilidad y en forma integral la relación diplomática entre los dos países, evitando mezclar asuntos de política interna y de carácter ideológico, con el profundo relacionamiento que se ha construido entre estas naciones a lo largo de los años”, sostuvo Bruce Mac Master, presidente del gremio.

El llamado de atención no es menor. Estados Unidos es históricamente el principal socio comercial de Colombia. Además, desempeña un rol clave en la lucha contra el narcotráfico y en la defensa de las instituciones democráticas, dos pilares fundamentales en la agenda bilateral. Para Mac Master, el momento exige prudencia y visión de largo plazo. No solo se trata de preservar el intercambio comercial, también de mantener canales de cooperación abiertos en asuntos estratégicos que impactan directamente en la estabilidad del país.
La situación actual pone a prueba no solo la diplomacia, también la madurez política con la que ambos gobiernos aborden el desacuerdo. Más allá de las declaraciones, los sectores económicos observan con preocupación un escenario que podría afectar inversiones, comercio exterior y confianza institucional.
Por ahora, no hay señales de distensión. Y aunque los embajadores aún no han sido reemplazados, la simbología del gesto es elocuente, las relaciones entre Bogotá y Washington atraviesan uno de sus momentos más frágiles en años recientes.
El costo empresarial
El deterioro diplomático entre Colombia y Estados Unidos no es solo una disputa política. Para el sector empresarial colombiano, representa una amenaza directa al corazón del comercio exterior, la inversión y la cooperación internacional. EE. UU. no solo es el principal socio comercial del país; también es un inversionista clave en sectores como energía, tecnología, agroindustria y manufactura.
Un enfriamiento prolongado en la relación bilateral podría generar fricciones en el acceso a mercados, obstáculos logísticos y una caída en la confianza de los inversionistas extranjeros. Empresas que dependen de acuerdos binacionales —como los establecidos bajo el TLC— podrían enfrentar trabas burocráticas, demoras aduaneras o incluso represalias no arancelarias difíciles de rastrear.

Además, Colombia ha tejido con EE. UU. una cooperación estratégica en seguridad, lucha contra el narcotráfico y programas de desarrollo económico en regiones vulnerables. El debilitamiento de estos canales podría provocar no solo efectos económicos, también sociales, en territorios donde los proyectos financiados con apoyo estadounidense son claves para contener economías ilegales.
La reacción de la Andi refleja esta preocupación. No se trata de diplomacia abstracta, sino de impactos tangibles en producción, empleo y competitividad. Si la relación continúa deteriorándose, las empresas colombianas podrían quedar atrapadas en un conflicto geopolítico que no iniciaron, pero cuyos costos sí asumirán.
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