En redes sociales se conoció la experiencia vivida por dos ciudadanas colombianas, Sofia y Mónica, que relataron los pormenores de su detención y retención en el aeropuerto de Albania.
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Un inicio prometedor que se tornó angustiante
Las jóvenes, que viajaban con la intención de conocer el país y disfrutar de las playas albanesas, comenzaron su travesía con optimismo: “Nosotras nos bajamos del avión felices porque acabamos de pasar el control sin que nos revisaran”, incluso describieron la alegría de haber logrado sentarse juntas en el vuelo.
La tranquilidad las acompañó hasta el momento de llegar al control de migración en Albania, donde pensaron que el trámite sería “pan comido”.
Sin embargo, la situación dio un giro inesperado y angustiante, dado que Mónica había alcanzado a enviar un mensaje a la persona que las recogería, avisando que estaban en migración y que llegarían en “cinco minutos”, pero esos minutos se convirtieron en horas de incertidumbre.
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La pesadilla comenzó cuando el agente de migración, al ver sus pasaportes colombianos, solo hizo un gesto y dijo “Colombia, follow”.
Fueron guiadas detrás de los mostradores, un área que de inmediato generó inquietud en las jóvenes: “Nosotras nos miramos como esto es una broma”, acto seguido, el agente de migración les pidió quedarse en esa habitación, lo que generó en las colombianas una sensación de que algo andaba mal.

No era solo un agente; eran “como cuatro” policías presentes en la sala, por lo que al entrar, encontraron a otra chica con una maleta gigante siendo “esculcada” de manera exhaustiva, lo que les recordó escenas del programa Alerta aeropuerto.
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Rápidamente, se dieron cuenta de que no estaban solas en esa situación: “Miramos la mesa mexicana, o sea, esto era reunión de latinas”.
Interrogatorios intrusivos y sospecha injustificada
El escrutinio por parte de las autoridades fue inmediato, por lo que los policías les solicitaron abrir las maletas y mostrar todo.
Las jóvenes, que habían declarado que venían de vacaciones por 15 días, fueron sometidas a un interrogatorio detallado: “El man nos preguntó hasta cuánta plata traíamos”.
En ese momento, el agente cuestionó: “¿Y con eso qué van a hacer?”, pero las jóvenes, con la esperanza de resolver la situación, respondieron que, en caso de emergencia, sus padres les enviarían dinero, aunque admitieron que no era cierto en ese momento.
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La situación escaló cuando, después de aproximadamente una hora, llegó otra policía, aunque inicialmente fue amable, la conversación tomó un giro hostil al hacer comentarios despectivos y estereotipados.
La revisión de sus pertenencias fue exhaustiva y las jóvenes se comunicaban en español con la mexicana presente, lo que generaba más sospechas en los agentes.
“Entre ellos era como que nos preguntaban como qué están hablando?, ¿qué están diciendo?, ¿qué significa?”, incluso un simple “take care” (cuídate) dicho a la mexicana al despedirse, fue malinterpretado por la policía, que lo consideró “grosero”.

La sospecha de la trata y el alivio de la libertad
Tras horas de interrogatorios y espera, la policía finalmente les entregó los pasaportes, sellados sin que ellas se dieran cuenta.
La frase “Welcome to Albania” se sintió como un alivio inmenso; sin embargo, la experiencia no terminó allí, pues al encontrarse con el hombre que las iba a recoger, quien tampoco hablaba inglés, este les reveló con señas que el policía les había pedido “200 euros por ustedes”.
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Fue en ese momento que sintieron un escalofrío: “Y entonces yo ahí dije: ‘Marica, esto es una trata de blancas y ahora nosotras quedaremos debiéndole plata a los jefes de por vida y no podremos salir de este país, ¿cómo vamos a conseguir esa plata?’”.
La paranoia se apoderó de ellas: “Yo empecé a decir, no recibas nada, esto es una trampa”.
Su jefe les confirmó más tarde que el policía había justificado su exigencia argumentando que “Colombia es un país como de riesgos”.
Al final, afortunadamente, no tuvieron que pagar los 200 euros y las jóvenes llegaron a su hostal agotadas, sin internet y se acostaron a dormir.
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Recomendaciones para viajeros
A pesar de la angustiante bienvenida, las jóvenes quisieron aclarar que, una vez superado el incidente migratorio, su experiencia en Albania ha sido positiva.

“Estamos superbién, nos han tratado superbién, la gente es muy amable” y explicaron que están en el país como voluntarias en un hostal y que incluso les ofrecieron una remuneración, lo que les permite conocer el país y disfrutar de sus playas.
Finalizaron su historia con una recomendación crucial para otros viajeros, especialmente si son latinos: “Si vienen a Albania estén preparados”.
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