En el municipio de Tópaga, en el departamento de Boyacá, se encuentra un templo que despertó la curiosidad de visitantes y feligreses por igual: la iglesia de la Inmaculada Concepción.
Este lugar, construido en 1632 por sacerdotes jesuitas, alberga una particularidad única en Colombia: una imagen del diablo en su interior.
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Esta representación demoníaca no tiene un propósito satánico, sino que fue concebida como parte de la evangelización de los indígenas durante la época colonial, mostrando la supremacía de Dios sobre el mal.
El templo, declarado Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional en 1989, es un ejemplo destacado de la arquitectura colonial y un importante atractivo turístico de la región.

De acuerdo con Antonio Carreño, habitante de Tópaga, la imagen del diablo fue esculpida por el artista español Thomas Rolda y tiene un significado simbólico.
Se encuentra ubicada en el arco toral, un punto central del templo, y representa la división entre lo terrenal y lo divino.
Según explicó Carreño, en la época colonial, los feligreses españoles se ubicaban en la parte trasera del arco, mientras que los indígenas permanecían aún más atrás. Por delante del arco, en el área considerada divina, se encontraba el sacerdote.
“El escultor español Thomas Rolda hizo todos los retablos, las imágenes que están en el momento e inclusive la del diablo que se encuentra en el arco toral...dicen que esta es una forma de representar la división entre lo terrenal y lo divino. Del diablo hacia atrás estaba lo terrenal donde se hacían los feligreses que en esa época eran los españoles y más atrás los indígenas. Y del diablo hacia adelante lo divino, donde se hacía el sacerdote”, dijo Carreño en entrevista a RCN Radio.
El párroco Camilo Cáceres, en declaraciones al medio citado, explicó que la figura del diablo en este templo doctrinero cumple una función catequética.

Su presencia simboliza el contraste entre el bien y el mal, destacando que el poder supremo pertenece a Dios.
Cáceres señaló que la imagen, situada en una posición baja, actúa como testigo de las buenas obras que ocurren en el lugar, mientras que al mirar hacia el altar, los visitantes pueden observar al Niño Jesús por encima del diablo, reforzando la idea de que Cristo es quien tiene el poder.
“Testigo del bien, de la luz, y de cristo, que es quien obra en la iglesia a través de los sacramentos”, explicó Cáceres.
A pesar de la curiosidad que genera esta representación, el sacerdote enfatizó que la iglesia es un lugar de culto católico donde únicamente se rinde honor a Dios.
Muchos visitantes llegan al templo intrigados por la presencia de la figura demoníaca, pero el mensaje que se transmite es que esta imagen es un testigo de la obra divina y no un objeto de veneración.
Además de su singularidad, la iglesia de Tópaga destaca por su riqueza artística. Su interior alberga obras de gran valor histórico, como las realizadas por el pintor colonial colombiano Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos.
La decoración incluye retablos y esculturas que reflejan la influencia artística de la época. La imagen del diablo, en particular, está diseñada para parecer que escupe fuego, lo que la convierte en un elemento impactante y misterioso dentro del templo.
La ingeniera Paula Corredor, funcionaria de la Alcaldía de Tópaga, destacó que este templo no solo es un patrimonio cultural, sino un motor del turismo en la región.
Según explicó, la iglesia atrae a peregrinos que participan en actividades religiosas como la novena en honor a San Judas Tadeo, patrono del municipio, así como a turistas que asisten al Festival de la Cachanga y al tradicional Desfile de Comparsas de Matachines.

“Esto hoy es muy representativo para el municipio... muchos peregrinos vienen a la novena en honor al patrono de nuestro municipio que es San Judas Tadeo, y además vienen a participar al Festival de la Cachanga y del tradicional Desfile de Comparsas de Matachines”, dijo Paula Corredor en declaraciones a RCN Radio.
El municipio de Tópaga, ubicado a unas tres horas en carro desde Bogotá, ofrece además otros atractivos turísticos. Entre ellos se encuentra el Parque Natural Regional Serranía de las Quinchas, ideal para los amantes del senderismo y la naturaleza, y las artesanías locales, especialmente las tallas en carbón, que reflejan la tradición cultural de la región.
La gastronomía típica de Boyacá también es un punto destacado, con platos como la sobrebarriga en salsa criolla, el mute boyacense y las arepas de maíz.
La Iglesia de la Inmaculada Concepción de Tópaga, conocida popularmente como la “Iglesia del Diablo”, continúa siendo un lugar de culto activo y un símbolo del patrimonio histórico y cultural de Colombia.
Su combinación de arte religioso, arquitectura colonial y la intrigante presencia de la figura demoníaca la convierten en un destino único que invita a reflexionar sobre la historia y las tradiciones de la región.
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