
En los muchos mensajes que intercambiaron Michelle Carter y su novio suicida, mientras se esforzaban por entender "el peor dolor" y discutían las mejores maneras de morir, destaca una observación en la que reparan en todo aquello que no eran capaces de comprender.
"Algunas veces las cosas suceden y nunca sabremos el motivo" escribió Carter, entonces de 17 años, a Conrad Roy III, de 18, en un día de verano del 2014.
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Cinco años después, Carter, que ahora tiene 22, está buscando respuestas del Tribunal Supremo de EEUU.
En una petición de revisión a la Corte Suprema presentada el lunes, los abogados de la joven pidieron a la justicia anular la condena de Carter por homicidio involuntario en la muerte de Roy en julio de 2014. Él se envenenó a sí mismo con monóxido de carbono en el estacionamiento de un Kmart en la ciudad de Fairhaven, Massachusetts, después de intercambiar mensajes de texto y hablar dos veces por teléfono con Carter aquel día de verano. Ella vivía a 80 kilómetros de allí, en Plainville, Massachusetts.
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Tras calificar su condena como un fallo "sin precedentes", la petición recuerda decisiones en otros estados que no encontraron culpabilidad o responsabilidad en casos de suicidio asistido o acoso cibernético. Defienden que el derecho de Carter a la libertad de expresión se recoge en la Primera Enmienda y que la protege de responsabilidad penal porque su participación se limitó a "sólo palabras".
El nuevo capítulo de este caso exclusivo, que captó la atención internacional, se abrió la misma semana del estreno del documental sobre el caso, "Te quiero, ahora muere: The Commonwealth versus Michelle Carter", en HBO.
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La película de dos partes, que se estrenó en el Festival South by Southwest de este año, examina la relación entre Carter y Roy, basándose en los cientos de mensajes de texto que se enviaron durante un período de dos años, incluyendo cartas que pueden haber tenido sentido sólo para ellos. Se adentra en la sala del tribunal donde Carter fue juzgada según las leyes.
Los dos jóvenes apenas se veían en persona. Llevaban vidas separadas, ambas acosadas por la dificultad, en distintas ciudades de Massachussets. Pero desarrollaron un intenso vínculo online después de verse en Naples, Florida, en 2012, cuando cada uno visitaba a sus familiares.
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Intercambiaron historias de su angustia, y Carter le recomendó a Roy que buscara tratamiento para su depresión. Pronto, sin embargo, ella le comenzó a sugerir formas de suicidarse, algo que él había intentado anteriormente. (The National Suicide Prevention Lifeline ofrece asistencia gratuita y confidencial a las personas en situaciones difíciles).
"Bebe lejía. ¿Por qué simplemente no bebes lejía?", le preguntó en mensajes que recuperaron los investigadores del celular de Roy. "Cuélgate, salta de un edificio, apuñálate. Hay muchas maneras".
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El día antes de que le encontraran muerto en su camioneta, ella le había presionado para que llevara a cabo su plan.
"Si quieres hacerlo tanto como dices, hoy es el día", le dijo ella en un mensaje de texto un día antes de su muerte. "Te amo", le escribió repetidamente, y él le devolvió las palabras.
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Cuando su camioneta se llenó de humo y él salió, aparentemente sin pensarlo dos veces, ella le indicó que regresara al vehículo, según el juez del tribunal de menores que la declaró culpable de homicidio involuntario en un juicio sin jurado en 2017. El juez, Lawrence Moniz, del condado de Bristol, razonó que su "presencia virtual" la hizo responsable de la muerte de su novio. Más tarde la condenó a un período de 15 meses de cárcel.
Su condena fue confirmada en febrero por el Tribunal Supremo Judicial de Massachusetts, que "rechazó la afirmación de la acusada quien defendió que sus mensajes a la víctima, sin ningún acto físico de su parte e incluso sin su presencia física en la escena, no podían constituir una conducta deliberada e imprudente que justificaran un cargo de homicidio involuntario ".
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Carter comenzó a cumplir su sentencia tras el veredicto de la corte superior del estado.
Las cuestiones morales y constitucionales profundas permanecen sin respuesta, según sostienen sus abogados ante la Corte Suprema.
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¿Cuál es la relación entre expresarse y una conducta ilegal?
¿Puede una persona hacer que otra muera por suicidio sin participación física?
¿Por qué la actuación de Carter es diferente a un suicidio asistido?
¿Es la presencia virtual un oxímoron?
"Este caso, que obtuvo una amplia atención pública y cobertura mediática alrededor del mundo, es un vehículo apropiado para abordar estas importantes cuestiones constitucionales federales", afirma la petición.
Por muy convincentes que sean las preguntas, Eugene Volokh, profesor de derecho en UCLA y una autoridad por su conocimiento de la Primera Enmienda, dijo que no esperaba que los jueces tomaran el caso.
"Los jueces tienden a buscar preguntas sobre las cuales existe un desacuerdo entre los tribunales inferiores, o preguntas de importancia nacional real", dijo a The Washington Post. "Esta pregunta en particular, afortunadamente, surge con poca frecuencia, por lo que no ha habido una oportunidad de que se dé un verdadero desacuerdo".

Volokh dijo que valdría la pena revisar una de las cuestiones principales en juego en el caso: una excepción a las protecciones de la Primera Enmienda, establecidas por la Corte Suprema en 1949, por un discurso o escritura utilizado como parte integral de una conducta que viole legislación penal. "
Volokh había abordado la excepción y el caso subyacente, Giboney v. Empire Storage & Ice Co., en muchos artículos de revistas. Más recientemente, en 2016, argumentó que la reducción de los derechos de expresión debería ser posible cuando quien habla "tiende a causar, intenta causar, o amenaza con causar alguna conducta ilegal".
El alcance de tales restricciones, agregó, debe ser limitado. Pero dijo que el caso del suicidio por mensajes de texto probablemente era una disputa demasiado inusual para resolver la incertidumbre sobre cómo el discurso se involucra en la conducta criminal.
Si la Corte Suprema decide no revisar el caso, los "enigmas morales y legales imposibles de resolver" aún serán litigados en el tribunal de la opinión pública, dijo el periodista Jesse Barron, quien aparece en el documental de HBO y quien Cubrió la historia para Esquire. El documental, dijo en una entrevista con The Post, "le da a Michelle Carter el jurado que ella no tuvo", ya que renunció a su derecho a un juicio por jurado. Los espectadores formarán sus propios juicios y llegarán al tipo de respuestas que Carter le dijo a Roy que resultaron ser elusivas, y que la Corte Suprema podría decidir no proporcionar.
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