“The Kill Room” forma parte de una de las oferta de NW Escape Experience, situado en Vancouver (Washington) (Tamara Bertrand)
“The Kill Room” forma parte de una de las oferta de NW Escape Experience, situado en Vancouver (Washington) (Tamara Bertrand)

Justo antes de las cinco de la mañana de ese domingo, Robert Bertrand recibió una mensaje de voz de la Oficina del Sheriff del Condado de Clark: "Parece que te han entrado a robar. Llama a la policía".

Alguien había entrado a su escape room de Vancouver (Washington), un espacio de juegos interactivos de aventuras donde los clientes están encerrados y van avanzando a medida que van encontrando pistas.

"Subí corriendo", dijo Bertrand, de 40 años, en una entrevista con The Washington Post. Su esposa, Tamara, todavía estaba durmiendo en su habitación. "Dije: 'Tamara, tienes que levantarte. Las cosas no van bien, tenemos que ponernos en marcha'".

En cuestión de minutos, llegaron al NW Escape Experience, el negocio que abrieron hace poco más de un año.

El ex supervisor de ventas de Comcast y coleccionista de películas clásicas dijo que la escape room era su verdadera vocación. Se enteró por primera vez de la existencia de ese negocio en el cumpleaños de su hijo. Dos meses y medio después, en octubre de 2016, abrieron su primera sala, The Kill Room (La sala de la muerte), un lugar lleno de sangre y que intentaba parecerse a la guarida subterránea de un asesino en serie.

NW Escape Experience tiene tres salas temáticas: una de asesinos en serie, donde los jugadores han sido secuestrados, el divertido Hangover Hotel (El hotel de la resaca) y la habitación FBI Investigation, basada en la historia real del ataque aéreo del vuelo 305 de 1971. En todos los escenarios, los jugadores quedan atrapados durante 60 minutos. El objetivo es escapar completando con éxito una serie de acertijos.

"Si no sabes en lo que te estás metiendo, entrar en esa habitación, en realidad, es bastante aterrador", comentó Rob Bertrand, refiriéndose a The Kill Room. La habitación cuenta con una auténtica mesa de acero de autopsia y un cadáver en el centro. También hay un banco de trabajo para las herramientas del asesino y un escritorio para planear el crimen.

"Esperaba lo peor", recordó Tamara Bertrand, de 41 años. Cuatro patrulleros se alineaban afuera, por lo que ella esperaba que, de un momento a otro, las ventanas de cristal del frente se rompieran para que salieran los ladrones cargados con dispositivos electrónicos. "Pensé que nos costaría mucho dinero y dolor", afirmó a The Washington Post.

Riéndose, el Sheriff Adjunto del Condado del Clark, Rob Ternus, se acercó a la pareja y señaló uno de los patrulleros. Rob Bertrand recordó que había un hombre, identificado más tarde como Rye Wardlaw, de 40 años, con el pelo corto y una perilla ligeramente descuidada, sentado en el asiento trasero y diciendo cosas incoherentes. Ternus dijo que el hombre entró al negocio a robar, se asustó y llamó a la policía.

Wardlaw intentó ingresar sin éxito a través de la puerta trasera utilizando una tubería de metal, según relató después Tamara Bertrand. Luego, supuestamente, abrió un agujero a través de la pared de un baño y acabó en un vestidor.

Según un audio que se tomó desde el interior del negocio, las autoridades creen que el hombre agarró un teléfono que no funcionaba, un control remoto de televisión y una lata de cerveza de una nevera y se metió en esa sala sin iluminación. En ese momento, según contó Ternus, el hombre también llevaba un burrito.

Aunque The Kill Room está equipada con una puerta antipánico que siempre permanece desbloqueada, Wardlaw se asustó antes de usarla. Según el reporte oficial, el ladrón llamó a la policía cuatro veces desde el interior de NW Escape Experience.

Ternus confirmó que Wardlaw estaba en las instalaciones cuando llegaron los agentes. Fue detenido y admitió el crimen.

Wardlaw ha sido acusado de robo en segundo grado y se presentará en los próximos días ante el tribunal. La abogada de la defensa, Therese Marie Lavallee, no pudo ser contactada para hacer declaraciones.

El matrimonio Bertrand rápidamente se dio cuenta de que los daños ocasionados, valorados en unos USD 1.500, no fueron excesivos.