Argentinos nos cuentan sobre la práctica de intercambiar mensajes con contenido erótico.

El sexting es el envío de imágenes (fotografías o vídeos) íntimas, de forma voluntaria por parte de quien las protagoniza a otra persona por medio del smartphone. Así, lo define sextingseguro.com donde ofrecen recomendaciones, consejos, y hasta un "Decálogo" para evitar riesgos y resultados indeseados.

Actualmente todos somos potenciales autores de nuestra imagen personal. Y eso, no se reduce a las fotos y videos que compartimos de nuestras rutinas, en redes sociales, sino que abarca, también, nuestra sexualidad.

¿Por qué practican SEXTING, los que lo practican? ¿Qué beneficios, y qué riesgos encuentran? ¿Puede esta práctica poner en crisis al modelo pornográfico hegemónico, y a su iconografía —irreal y machista— a la que nos han sometido durante tanto tiempo?

Natalia 34 años

Retrato de Natalia
Retrato de Natalia

No sabía que se llamaba "sexting", hasta hace poco tiempo. Lo hago porque me divierte, y con personas que conozco y que me caen bien, no lo haría con desconocidos. Casualmente, son personas que viven en otros países, la distancia ya es como una regla preestablecida que no se puede modificar muy fácilmente. Suelen estar en pareja. Y son como un pendiente que no se pudo concretar.

Se parece al porno amateur. Creo que es una forma de masturbarse con cierta interacción del otro lado. Es como que uno ejercita la fantasía, y a la vez tiene una interacción, en el mismo momento. Obviamente las reglas se marcan en cada caso, pero uno decide qué muestra y qué no, cuánto habla y cuánto no, cuánto miente y cuánto dice la verdad… y el otro lo mismo. Es una histeria explicita, llevado al nivel de cosas que uno desearía hacer. Podes ser sincero, o no. Ambos sexos tienen el mismo derecho a pedir lo que quieren ver o escuchar, y a decidir qué es lo que dan, en eso quizás es como democrático. Y de alguna forma, ya que la mujer se masturbe, disfrute a su manera, de su sexualidad, y construya su propia imagen, se aleja del porno tradicional y patriarcal.

Agustín 24 años

Retrato de Agustín
Retrato de Agustín

La primera vez que lo hice fue como hace tres o cuatro años. Lo hago cuando no se puede concretar un encuentro sexual. Puede ser por falta de disponibilidad horaria, lugar, etc. Por supuesto la otra persona se tiene que prestar, es decir, cumplir el rol de cómplice, al igual que yo para ella. El beneficio es uno solo. Tratar de que ese acto fallido de no haber podido encontrarse no sea tan frustrante. El riesgo es la exposición. Estás jugando, y podes perder. Todo lo que mandás puede llegar a ser grabado y reproducido en las redes.

Una vez, practicando sexting en Snapchat, las fotos/videos que pasé, tuvieron de destinatario no solo a la persona "afortunada", sino también a gente que, por supuesto, no quise ver mas. El machismo está en todos lados. Una mujer puede pasar una foto privada por redes y está en quien la recibe guardarla o difundirla. Yo creo que las personas tienen que darse cuenta de con quién están tratando y a quién le comparten su privacidad.

Soledad 25 años

La primera vez que lo practiqué fue con mi primo. Le veía muy de vez en cuando pero siempre había tensión sexual. Y claro, una vez en 2006 empezamos a intercambiar mensajes, y cuando me quise dar cuenta estaba mojada, en la cama, después de haber estado diciéndonos cosas guarras ¡con mi primo! Recuerdo también, que a un novio que tenía, con 18 años le mandaba fotos desnuda. Pero no se si considerarlo sexting porque él las usaba para masturbarse y las fotos que me mandaba, de su cara o de su pene, no me excitaban mucho, no era algo muy caliente. Es increíble como la línea es tan delgada. La misma foto de tu vagina puede llevarle a alguien al cielo u horrorizarle, y depende mucho de en qué momento preciso decides mandarla, antes o después de qué mensaje, acompañada de qué palabras. Creo que para que un buen sexting funcione, no basta con enviar imágenes, que normalmente son cualquier cosa, hechas rápido y mal, con el celular. Hay que hablar caliente. La imaginación vuela con las palabras, y las palabras son las que dictan el juego en el sexting.

Foto proporcionada por Ruge
Foto proporcionada por Ruge

La última vez que lo hice fue con alguien a distancia. Una chica cubana que, como no tenía celular, se iba al hospital público donde trabajaba un amigo suyo, y desde el correo electrónico de él, que era auxiliar de enfermería, me enviaba mensajes calientes y yo a ella. Era toda una movida porque las fotos tenían que pesar menos de 200kb y como las fotos que saca el móvil suelen pesar más, había que pasarlas al escritorio y hacer una captura de pantalla, y recién ahí mandarlas por Gmail. Era un trajín, una producción meticulosa que había que llevar a cabo sin que se te pasara el calentón. Y te hablo de 2017, no vayas a pensar que de 2004. Recuerdo estar viendo una película con unos amigos y esta chica no me paraba de pedir fotos y cosas. Yo iba al baño, me quitaba la camiseta y/o la ropa interior, me sacaba la foto, le bajaba la resolución, y se la mandaba. Me preocupaba un poco que su amigo tuviera todas mis fotos ahí en la computadora del hospital y que cualquiera pudiera verlas, pero era el único medio que teníamos para hacerlo, era o eso o nada. Aún con todo, esa noche fue súper excitante. Y obvio que la producción tenía sus carencias. Recuerdo que ella me mandó una foto de una teta pero de fondo se veía la consulta del hospital, las plantas de la sala, y hasta un tipo sentado al fondo. Era muy bizarro. Pero en realidad, esta producción tan rudimentaria tenía su punto, el aquí y ahora estaba muy presente.

La auto representación es clave para las mujeres o cualquier colectivo 'oprimido'. El problema es que hoy en día está monopolizada por la selfie, que es una especie de subproducto que persigue la exaltación del yo, más que reflejar el alma o el ser, como ha hecho el autorretrato de toda la vida. Yo, sinceramente, estoy harta de meterme en Instagram para inspirarme con personas o artistas a los que sigo, y encontrarme con un festival de traseros y de vanidad. Pero bueno, Instagram es la vidriera, y la gente se quiere vender a toda cosa. Y si haces arte, pero tienes buen trasero, pon el trasero en la vidriera y seguramente entre gente en la tienda para ver el arte.

Carla 30 años

Supongo que me gusta provocar, porque me lo piden y me agrada hacerlo. No tengo complejos con mi cuerpo. Me parece algo cotidiano y más normal de lo que se piensa. Lo hago con mi pareja actual. El beneficio es la ciber-previa. Las fotos y mensajes eróticos, uno pide y el otro muestra. Casi siempre, uno escribe y el otro manda una foto como respuesta. El riesgo es que te roben el celular, por eso mi regla es nunca mandar fotos donde se me vea la cara o rasgos reconocibles.

Una vez, se me acerca un amigo de mi novio y me dice: "Che, que buena pija tiene tu novio." Le había mandado sin querer, una foto que era para mí, a sus amigos.

La ventaja es que podés mandar fotos tuyas justo como querés que se vean. En determinados ángulos el cuerpo es más lindo. Esto aplica para hombres y mujeres. Otra, es que está bueno escribir deseos, pedir y que te pidan.

Daniela 31 años

Creo que la primera vez fue hace como dos años, con una persona con la que había tenido una historia un tiempo atrás. Nos reencontramos una noche y las circunstancias hicieron que no pudiéramos irnos juntos. Nos quedamos hablando por Whatsapp. Después, tuve tres relaciones con personas de otros países, con lo cual siempre pasamos por períodos de distancia, y así se inauguraba fácilmente tanto el Skype como el chat por Whatsapp. El beneficio es poder ser más "mandada", tal vez. La virtualidad es un poco un escudo. Aunque por otro lado puede generar la paranoia de la difusión. La posibilidad de que todos sepan lo que estás haciendo. Por eso, nunca mandé fotos en las que pudiera verse mi cara.

Retrato de Daniela
Retrato de Daniela

Con mi primer novio de otro país, que era bastante más chico que yo, una vez hicimos Skype, y no sé ni cómo surgió la idea de que yo bailara, o bueno, lo sedujera de alguna manera a través de la cámara. Empecé a moverme y percibí inmediatamente que la imagen era demasiado ridícula: mi cuerpo, tímido, todavía con ropa, moviéndose en mi habitación, un espacio cotidiano, nada preparado para la ocasión. La luz, otro gran problema. Decidí poner algo de música y descubrí rápidamente que la clave era mostrar fragmentos del cuerpo. Dejar que el otro imaginara un poco más. Cuanto menos general el plano, y cuanto más difuso, mejor. Me acerqué a la cámara, prácticamente pegada a la computadora, y de a poco me fui soltando. La situación empezó a fluir. Todo empezaba a ir bien cuando de repente se interrumpió la conexión y la imagen se congeló. No solo eso, sino que enseguida se apagó la computadora, la música… se había cortado la luz. En esa época vivía con mi familia y rápidamente tuve que desarmar toda la escena y, fundamentalmente, cambiar el estado de ánimo para salir a encontrarlos y ver qué había pasado.

Creo que uno traslada su forma de ser en el mundo "real", a la virtualidad. Imagino que si una mujer se piensa a sí misma como es pensada, vista y representada por el patriarcado, probablemente crea que para gustarle a un hombre tiene que hacer y decir determinadas cosas. Tal vez acceder a determinados pedidos o propuestas implícitas en un chat. Para mí, el espacio virtual es libre en el sentido de que podés, o no, mostrar imágenes y mostrar las imágenes que quieras de vos misma. Y si la situación se va de tono, o te incomoda, podés dejar de chatear cuando quieras. Así debería ser también cuerpo a cuerpo. Pero sabemos que lamentablemente esos límites son más difusos. De todas formas, no podemos pensarnos por fuera de la cultura y probablemente las imágenes que generamos no distan de aquellas que vimos en revistas, películas, etc. En lo personal, en mis prácticas de sexting, sentí bastante igualdad por parte de los hombres. Una foto, por otra foto. Como una conversación, como un juego. Y siempre respetando el límite del otro. Pero entiendo que pueden haber situaciones en las que no sea así.

Bianca 29 años

Acostumbraba a hacerlo con mi pareja, pero hoy lo abordamos de otra manera, usamos Skype. Porque hubo una ocasión en la que las consecuencias no fueron las deseadas. Mi novio estaba de viaje, le mandé fotos desnuda, y tenía el Dropbox de mi trabajo sincronizado con mi celular. Al día siguiente, llegué a la oficina y una compañera prendió la computadora y encontró todas esas fotos. Fue bastante incómodo. Desde esa día ya no me saco ni envío fotos de este estilo, en pelotas, ni nada. Y por otro lado, en verdad, no tengo mucha noción sobre el porno. La primera vez que vi una película de ese tipo fue con mi novio, y hace un par de años. Vimos algunos videos, como para la pareja, pero nunca tuve la necesidad de ver, ni la inquietud tampoco. Siempre hay fantasías —hicimos hasta tríos— pero abordamos los deseos en un plano real, y posible.

Publicado originalmente en VICE.com