
El puente se cayó, se desplomó, sus bases no tenían cimientos sólidos y profundos. Las islas siguen estando tan separadas como el día mismo del impacto del meteorito. Las orillas se distancian en medio de un océano tan profundo como las penas de quienes padecen la crisis venezolana.
La temporada "Barbados" se acabó, el capítulo final lo publicó Jorge Rodríguez en su Twitter, un día antes -casi juran- que ni mil Trumps los harían abandonar el diálogo propiciado por el reino de Noruega. El puente que se tendía sobre las diferencias de los actores en conflicto se esfumó. Por ahora.
Presagios
La señora que me encontré en el ascensor del edificio tenía razón: "Ese diálogo de Barbados es pura paj…". Ella hace el aseo, es una mujer de esas que llaman de pueblo. Muy elocuente, eso sí. "Cualquiera se va pa' esa isla y con una sombrilla, a la orilla de la playa, es feliz dialogando". Ironizó mientras la luz del aparato parpadeaba anunciando su llegada al piso siete.
No sé cómo se llama, no le alcancé a preguntar. "Porfa, avisa en la oficina que vayan sacando la basura, ya vengo a recogerla". Oí a lo lejos mientras las puertas del elevador se cerraban a mi espalda. Estoy tratando de recordar por qué salió el tema del diálogo. Quizás fue otro señor que se bajó en el piso tres quién lanzó la granada que terminó explotando en la dignidad de la mujer que sube y baja 14 pisos todos los días cargando con los desperdicios de un montón de gente.
Presentimientos
A las 6:49 de la mañana del día después del anuncio de Rodríguez, mi celular timbró, era el mensaje de un oyente de la radio donde trabajo, que especulaba sobre la razón real de la patada que le metieron al tablero diplomático. "El gobierno con esas negociaciones termina con la Asamblea Nacional… La oposición se está durmiendo", dice Alquimides Márquez. Los politólogos le llaman ganar tiempo. Lo advirtieron, también.
Los diálogos ajenos
La agenda de Barbados nunca se conoció, al menos no fue admitida por nadie, todo el mundo especuló, pero en realidad, nadie sabe qué es lo que se estaba hablando en esa isla paradisíaca. Lo cierto, es que la agenda de la gente sigue de boca en boca: la escasez de gas, los apagones, la hiperinflación, la migración, la violencia, los niños dejados atrás, el alto costo de los medicamentos y los alimentos son los temas del día a día y, lo más probable, es que no fueran de las variables a estudiar en la isla del caribe. Son las otras orillas de Barbados.
Justo en medio del anuncio de abandono del diálogo en Barbados, se conoció que la inflación acumulada del 2019 es de 1.579,2% apenas en los primeros 7 meses. Solo la de julio fue de 33.8%. Eso significa que la gente cada día puede comprar menos y vive realmente peor.
En medio de la diatriba de las cúpulas, el ex ministro de salud Rafael Orihuela, develó que 30 mil médicos se fueron de Venezuela en los últimos 5 años. Especialistas que hoy son el sostén de los servicios sanitarios en países como Chile o Perú. Y, por si fuera poco, según Servando Carbone, coordinador de la Federación Nacional de Trabajadores del Sector Público, 900 mil empleados públicos renunciaron a sus puestos entre julio de 2018 y julio de 2019. La desvalorización del empleo se expresa en migración y abandono de la institucionalidad.
En las orillas de Barbados faltan actores y faltan temas, ahí sigue faltando un cable a tierra que legitime cualquier resultado emanado desde la verticalidad del poder. Un acuerdo que la señora del ascensor y el oyente de la radio asuman como la herramienta para cambiar sus deprimidas realidades.
Los especialistas en resolución de conflictos dicen que hay dos maneras de buscar una solución pacífica: la primera, se inicia desde arriba, desde los que manejan los hilos del poder y ahí saldrá un pacto entre pocos, que después puede o no legitimarse. La segunda es invertida, se inicia desde las bases de la pirámide, se propicia desde el diálogo genuino de las mayorías -desde sus problemas- luego, cuando existe acuerdo social, se presiona a los gobernantes para que cambien el rumbo. En Venezuela, desde 2014, parece haber un consenso sobre el destino del país, la sociedad civil está cohesionada y presiona hasta más no poder, ¿cuántos muertos más?
Las fórmulas clásicas en Venezuela no aplican -o al menos eso parece-.
Nadie pudiera explicar cómo un partido político que goza del 80% de rechazo sigue en el poder. Nadie que sepa explicar el fenómeno científico de la política podría hacerlo. La única respuesta que se me ocurre es que esto no se trate de política, sino de otra cosa, de otro tipo de conflicto, con otro tipo de actores. Usted piense lo que mejor le parezca, mientras tanto, solo advierto que la ruta planteada no ha sido, ni será efectiva porque el diagnóstico es incorrecto.
Barbados no tiene dos orillas, son más, y mientras no se les reconozca, seguiremos encallados en la misma isla, sin puentes.
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