Erika de la Vega debió exiliarse en los Estados Unidos por el chavismo. Cuando regresó fue acosada por el régimen y le prohibieron hablar de política (@ErikaDLV)
Erika de la Vega debió exiliarse en los Estados Unidos por el chavismo. Cuando regresó fue acosada por el régimen y le prohibieron hablar de política (@ErikaDLV)

En su última visita a Venezuela recibió una dosis de patria. El sistema de identificación la amenazó con despojarla de su pasaporte para que no pudiera moverse libremente. Esa vez se salvó, pero sabe que no puede volver.

Érika de la Vega ha asumido una posición frontal y crítica con las políticas que llevaron a su país al desastre y que la forzaron a ser emigrante. De todos modos, en Venezuela no hubiese tenido mucho futuro por la irreverencia y humor con el que ejercía su profesión de locutora, animadora y actriz. Por lo menos 65 emisoras de radio han salido del aire desde que Nicolás Maduro asumió la presidencia en 2013, y no son pocos los programas -de noticias o entretenimiento, da igual- que fueron sacados del aire porque molestaron al poder. Cuestionar, aunque sea desde la comedia, es un riesgo.

Su circunstancia la llevó a replantearse las reglas de su propio juego desde el exilio en Miami. Ahora comparte chistes sobre la adultez (o la vejez, depende de las décadas que acumule quien los lea), comenta su maternidad y satiriza la migración a través de Twitter. Tiene sus propios gif en Instagram y explora en Youtube el género de la entrevista en un formato que -si se cierran los ojos- puede servir para rememorar sus momentos detrás del micrófono y dentro de una cabina.

– Se reinventa ahora en YouTube con su podcast "En defensa propia". ¿De quién y de qué se defiende?

– La verdad es que últimamente me tengo que defender de mí misma. Emigrar y pasar por tantos cambios y mantenerse optimista no es nada fácil. En mí se instaló una voz saboteadora y mala que se alimenta de mis inseguridades, miedos y sobretodo de la nostalgia. Esa voz es la que me ha golpeado la autoestima y mi amor propio.

– Las entrevistas de su podcast son exclusivamente con mujeres y tratan muchos temas de empoderamiento, aunque no habla directamente de feminismo. ¿Es una bandera con la que se identifica o tiene una forma propia de abordar el tema?

– Fíjate que yo no siento que hable de empoderamiento. Al contrario, hablo de la vulnerabilidad, de los momentos en que crees que no puedes, de la soledad, la incertidumbre. Mi objetivo es saber más de las sombras que de las luces de la vida de estas mujeres. Quiero hacer un contrapeso entre la perfección del Instagram y la realidad que vivimos fuera del mundo digital. Soy mujer y sé de primera mano que la vida no es fácil. Quiero que la que me está escuchando sepa que no está sola con lo que siente y sufre en soledad.

Erika de la Vega tiene una gran participación en redes sociales. Sobre todo en Twitter, Instagram y YouTube (@ErikaDLV)
Erika de la Vega tiene una gran participación en redes sociales. Sobre todo en Twitter, Instagram y YouTube (@ErikaDLV)

– Cuando empezó en Estados Unidos formó parte de proyectos que quizás no tenían la irreverencia a la que estaba acostumbrada, sobre todo en la radio. ¿Sacrificaría algo de eso que vivió?

– Siempre vi esos proyectos como un peaje o, mejor dicho, como una etapa que tenía que vivir para poder entender el nuevo mundo que me tocaba vivir. Tenía que aprender de alguna manera este nuevo idioma. Si llegaba con mi irreverencia como tarjeta de presentación, nadie me hubiera abierto las puertas. La irreverencia no paga en la televisión hispana. Al contrario, hay que ser políticamente correcto. Lo intenté por un tiempo con responsabilidad y consecuencias.

– Debutó en teatro con la obra Puras cosas maravillosas. El nombre suena optimista, pero aborda la historia de una mujer que desde pequeña ha lidiado con la depresión y los intentos de suicidio de su madre. La identificación puede ser universal. ¿Siente que temas como estos la acercan más a públicos heterogéneos?

– Definitivamente la depresión es un tema universal y esto atrajo a público de todas las nacionalidades. Igual, de manera personal, te puedo decir que por primera vez conecté con el público desde un lugar muy diferente al que estaba acostumbrada que era el de la risa y el de la empatía de la observación de nuestro comportamiento. Al salir de cada función compartía con la gente que se quedaba y se abrían a contarme historias muy personales de depresión y de pérdida de seres queridos y eso me abrió mi corazón y mi mente y me di cuenta de que me podía permitir hablar de otros temas más vulnerables y más serios. Es difícil de explicar, cuando escuchaba estas historias sentía que la persona estaba sanando y yo también.

– En algún momento dijo que se había ido de Venezuela "escupida por el país". ¿Se imaginaba que su hijo crecería en el exterior? ¿Cómo lo conecta con sus raíces?

– Aunque tenía referencias de las vivencias de mi familia cubana, jamás imaginé nada de esto. A Matías lo conectamos a sus raíces venezolanas con la comida, con nuestra manera de hablar o de expresarnos y la manera de ver la vida. De agradecer y valorar a diario lo que tenemos y de lo doloroso que es dejar tu país y empezar de nuevo.

– ¿Cómo convive con los recientes tiroteos masivos en los Estados Unidos una mujer, madre y latina?

– Con miedo y preocupación y con la certeza de que solo la gente, los ciudadanos, son los que pueden crear el cambio de leyes que nos protejan.

– Fue pareja del opositor Henrique Capriles en un momento complicado para el país y para el político (preso por un supuesto asedio a la embajada de Cuba en 2002) y luego lo apoyó cuando fue candidato presidencial contra Hugo Chávez y contra Maduro. Pasado el tiempo y a la distancia, ¿cómo lo ve?

– Lo veo como un gran político y un gran ser humano que decidió servirle a la gente, que tiene un don, una vocación, una fuerza interna que él escuchó y que anula todo tipo de meta personal. Es honesto y coherente con lo que siente y con sus acciones

– Ha sido muy frontal con su posición hacia las políticas de Nicolás Maduro. ¿Le teme a las represalias?

– A mí ya me hicieron todo lo que podían hacerme. La última vez que fui fue en 2016 cuando fui a presentar mi show. Me recibieron anulándome el pasaporte y me amenazaron con que si hablaba y me quejaba no me lo devolvían para salir. La felicidad de reencontrarme con mi público fue opacada por la tristeza. Lloré desde que despegó el avión hasta llegar a mi casa, entendiendo que mientras ellos ocupen el poder no podré volver a mi tierra.

– ¿Qué le diría a Maduro si pudiera enviarle un mensaje?

– Se lo voy a enviar en el único idioma que él entiende, en perfecto cubano: "Pipo, tú vas terminar como la fiesta del guatao".

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